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Marley, a 30 años de su muerte, como se le recuerda y cual es su legado

12 May

The King of ReggaeEn 1980, los principales lideres del movimiento pro independentista de Zimbabwe, invitaban a Roberto Nesta Marley Brooke (Bob Marley), a que realizara un concierto por la celebración de la independencia de la otrora y antigua Rhodesia Colonial (Hoy Zimbabwe). Tal ves la opinión pública mundial pueda ser manipulada en la actualidad al decírsele y/o hacérsele pensar que tan afamada y universal leyenda de la “Música Reggae”, apoyaba ciegamente la causa de un hombre, Robert Gabriel Mugabe, quien hoy cumple 31 años de férreo y absoluto control del poder en uno de los países africanos con los peores índices de desarrollo y estabilidad democrática de ese continente (paradójicamente con un año más en el poder que los 30 que hoy cumple Bob Marley de haberse ido físicamente de este mundo).

Nada más alejado y diametralmente opuesto a la verdadera intencionalidad del cantante, un eterno soñador, luchador y ferviente impulsor del Panafricanismo, ese que comenzaba a gestarse por esos días en el continente madre, quien de seguro estoy que si hubiese sabido el destino que le depararía a esa nación la llegada al poder de Mugabe, no le hubiese dado su apoyo. Para agregar en su descarga debo decir que cuando el chico jamaiquino de la calle Trenchtown compuso en Kingston su tema “Zimbabwe”, el otrora Reverendo solo fungía como el líder de un movimiento nacionalista, ese que además (dato importante) contaba con el apoyo del Reino etíope del Emperador Haile Selassie I, el Ras Tafari Takonen.

Para quienes no saben, la figura del Emperador Selassie era considerada como la de un mesías para muchos afrodescendientes caribeños, principalmente los jamaiquinos, quienes luego de su muerte lo seguían viendo como una deidad sobre la cual erigían y basaban los principios de la cultura y/o religión Rastafari, movimiento que dicho sea de paso continuaba ganando adeptos en esos momentos e incluso lo sigue haciendo hasta el día de hoy.

En tal sentido, para Marley iba en perfecta alineación con sus creencias y preceptos, apoyar la causa zimbabwense, con ello era y se sentía un mejor RASTAMAN, más aún siendo la imagen internacional de una corriente que depositaba en la libertad y la unión del pueblo africano, una de las razones principales de su propósito y existencia. Corriente, “movimiento y credo jamaiquino” característico de las tendencias y diversos sincretismos religiosos del Caribe, esos que mezclan y amalgaman conceptos filosóficos naturistas, con el nacionalismo africano y afrodescendiente, así como con ciertas profecías bíblicas.

Para el cantante, lo que estaba sucediendo en Zimbabwe era digno de ser inmortalizado en una canción que además podía ser usada para diseminar la semilla de la libertad y la independencia por el resto de las naciones africanas que todavía se mantenían bajo el dominio total o parcial de potencias extranjeras como Gran Bretaña, Francia, Italia, Portugal, España, Bélgica y hasta EEUU (en el caso de Liberia).

A sabiendas de su creciente popularidad, Bob Marley buscó influir con su verbo y su lírica a las masas africanas y afrocaribeñas, en principio para impulsar su carrera y legado artístico, pero sobre todo para difundir la cultura RASTAFARI, promoviendo con ello las causas independentistas del continente negro. No está demás recordar que esas estrategias le dieron significativos resultados, ya que al poco tiempo de haber escrito la canción, una parte de su estribillo fue adoptado como himno de batalla por los soldados y revolucionarios que luchaban por la independencia de Zimbabwe.

Para que se den una idea de la importancia que su presencia y su accionar llego a tener, se dice que el 18 de abril de 1980, en el marco de un concierto que conjuntamente con los Wailers ofrecía en el “Estadio Rufaro” de la capital zimbabwense (Harare), la euforia y algarabía de la gente fue tal que hasta los detenidos de la cárcel cercana rompieron sus cadenas, abrieron sus celdas y escaparon, sólo con la intención de asistir al concierto del artista. Dicho sea de paso, cuenta la historia, que una vez que estos reos terminaron de presenciar el concierto, regresaron por sus propios medios a la cárcel para así seguir cumpliendo con sus respectivas sentencias.

Para ese entonces ya Marley se erigiría como todo un icono, ese que paradójicamente construía su legado (y su fortuna) en los predios de la por él odiada “Babilonia” (Europa – EEUU), de la que uso inteligentemente su plataforma comercial, de lucro e información, así como sus medios y capacidades tecnológicas, con la finalidad de transmitir y hacer llegar sus mensajes libertarios, muchos de los cuales iban en contra de las propias metrópolis en las que presentaba sus espectáculos.

En esa misma Babilonia nunca pudieron imaginarse los máximos jerarcas del hasta ese entonces Imperio Británico, que por los años cuarenta del siglo pasado, en sus dominios, en una zona montañosa del humilde poblado llamado St. Ann, ubicado en una de sus islas coloniales más importantes, Jamaica, iba a nacer este chico de verbo encendido y caminar lacónico.

Sí, específicamente un 6 de febrero de 1945 nacía Robert Nesta Marley Booker, el que paradójicamente fuese hijo de padre militar británico, de quien poco tuvo noticia hasta su muerte. Comenzaba la historia de alguien que se convertiría en uno de los principales activistas en contra del colonialismo y el sistema monárquico que el país de su padre aún profesaba. Como podía prever tal imperio que un humilde soldador residenciado en el barrio de Trenchtown se convertiría, de la mano de Mortimo Planno, en el “Mensajero Consciente de la Voz del Ghetto”.

Tampoco el mundo occidental podía prever que más allá de sus dotes de compositor y cantante, su personalidad avasalladora lo convertiría en un “Predicador Rastafari”, ese que magistralmente sabría usar los medios de difusión masiva para el beneficio de su causa, algo que mezcló con el hallazgo de una sonoridad vibrante y ancestral que lo haría romper toda barrera regional e internacional que se le interpusiera para hacer llegar su mensaje igualitario a través del Reggae, así como la impronta de su cultura-religión rastafari, esa que supo llevar en su mochila a todos los rincones del planeta.

Gracias a las líricas de su banda, The Wailers (los lamentadores, nombre que le colocó conjuntamente con Bunny Livingstone y Peter Tosh, sus otros fundadores, en honor a quienes sufren ante el muro de los lamentos de Jerusalén), se fue erigiendo en uno de los líderes de opinión más escuchados en la naciente República jamaiquina.

Para evidenciarlo solo hay que recordar que en 1973, Bob Marley & The Wailers editaban el primer trabajo en la historia de una banda de “Reggae Roots” (con contenido social y/o de protesta) para una disquera no jamaiquina. Su álbum Catch a Fire traspasaba las fronteras caribeñas y exponía al planeta entero ese sonido penetrante, intenso y maravilloso, el género musical surgido de los Ghettos de Kingston.

Se lograba uno de los principales sueños de la cultura jamaiquina del momento, el Reggae Roots comenzaba a filtrar y llegar a las grandes audiencias del mundo, y con él, otro deseo añadido, se materializaba a través de su música la difusión internacional de la cultura Rastafari, y con ella, ciertos otros preceptos de tipo religioso que llevaban un mensaje de armonía, tolerancia y paz. Aquí otro gran aporte de “Tuff Gong”, otro apodo dado a Marley por sus allegados, quien con su música supo interrelacionar una larga escuela lírica (el Reggae), con un estilo contestatario y de contenido social dentro del mismo (Reggae Roots), a los que adaptó una orientación sonora dominada por el concepto religioso, los que al engranarse trascendieron fronteras.

Al respecto, es bueno dejar en claro que si bien la propuesta de Bob no era la primera que incluía todos esos géneros y características, si fue él quien la amalgamó e hizo que se consolidara nacional e internacionalmente, algo que no solo le generó grandes beneficios económicos, sino que le ganó una popularidad que rebasó con creces cualquiera otra anterior en su género. Es así como la figura del hijo de Cedella Marley fue alcanzando niveles legendarios, algo que aunado a su personalidad desafiante, su carisma en el plano social y su creciente poder económico, hicieron inevitable que se viese involucrado en el cada vez más violento ámbito político jamaiquino.

Ya siendo un artista de connotada fama internacional, Bob Marley se vio involucrado, en 1976, en medio de las intensas disputas que en todo orden mantenían el derechista Partido Laborista de Jamaica (el Jamaican Labour Party -JLP-), el cual estaba bajo la égida de la alianza atlántica y el Partido Nacional del Pueblo (People’s National Party -PNP-), agrupación izquierdista que estaba financiada bajo la influencia soviética. Es importante recordar que el mundo se encontraba en plena Guerra Fría, y todo, absolutamente todos los ámbitos y esferas de la vida estaban mediadas por si apoyabas a una u otra corriente ideológica global.

Dada su gran ascendencia en el pueblo jamaiquino, pero sobre todo a causa de la inseguridad y desconfianza que le tenían los políticos a Marley, temerosos ambos bandos de que un pronunciamiento de él apoyando al partido adversario causará inclinaciones desfavorables en las elecciones, el cantante de “One Love” soportaría constantes presiones y amenazas hasta el punto de sufrir un atentado en el que recibió varios impactos de bala. El hecho sucedió a sólo dos días de un concierto que el líder de The Wailers tenía programado realizar en Kingston.

Pese a sufrir tal ataque, de estar convaleciente y en precario estado de salud, se presentó al concierto para no defraudar a sus seguidores, a quienes les dijo que su presencia se debía al hecho de que quería la paz de la isla, por la cual oró pidiendo el apoyo de todos los jamaiquinos para erradicar la violencia en las calles.

En todo caso, las secuelas del atentado aparecieron poco después, ya que Marley, afectado por lo sucedido, mudó su casa de residencia fuera de Jamaica, específicamente a Londrés, Inglaterra. Algunos autores indican que ello fue el resultado de sus temores a nuevos ataques y represalias en su contra por parte de fanáticos políticos en su país. Incluso estos expertos indican que evidencias de esa afectación se muestran en su siguiente disco, KAYA, ese que dejó de lado su característico estilo ROOTS (de protesta) e incluyó casi exclusivamente piezas consideradas ligeras y de poco contenido social (por lo menos así lo indican muchos de los entendidos y sus más radicales seguidores).

Luego de que en 1977 realizara la que fuese la más extensa y exitosa gira mundial de artista de Reggae alguno en el planeta, su EXODUS TOUR, y ya totalmente recuperado física y psicológicamente de las secuelas del atentado recibido dos años antes, Bob Marley efectuó en Jamaica un nuevo concierto denominado “ONE LOVE PEACE CONCERT”, en el cual logró reunir a millones de personas, incluyendo a los dos lideres políticos de los partidos antagónicos que estuvieron involucrados en su atentado, quienes a pesar de algunos acercamientos a Marley, seguían manteniendo al país en una situación de permanente hostilidad y violencia.

Al final de su presentación, en una jugada valiente y no menos arriesgada, hizo estrechar las manos de los principales dirigentes de la isla, acto que le significó ganarse LA MEDALLA DE PAZ DE LA ONU, reconocimiento a sus campañas para disminuir la violencia en su país, pero sobre todo por su activismo y participación el pro de los derechos y libertades de los pueblos africanos. De hecho, cuando le entregaron el premio, indicaron que el mismo era un reconocimiento otorgado de parte de 500 millones de almas africanas.

Más allá de las controversias y de lo accidentado de su vida íntima, en donde las mujeres, las drogas y una conducta supuestamente violenta en su ámbito privado, a 30 años de su muerte, hay que ver en Marley a un activista que no solo componía y cantaba en desacuerdo al sistema social imperante en su país para la época. Hay que valorar su pensamiento y el activismo en pro de un mundo más igualitario en defensa de los derechos sociales y fundamentales del hombre, su lucha para la consolidación del panafricanismo, así como su campaña en contra de la violencia, de lograr un mundo más tolerante y pacífico.

También hay que ver en Marley a un ser que compuso y cantó arengando siempre al ser humano para que mirase hacia adentro y encontrase su verdadera esencia, espiritualidad y desapego con respecto al mundo material (aspecto este último que le costó incluso a él mismo llevar a cabo). Habría que recordarle como esa persona que siempre intentó acercar la humanidad a la filosofía de lo no tangible, a su visión “rastafari” de la vida.

Pero tal vez el mayor legado que el compositor de “Redemption Song” puede haber dejado, según mi criterio, más allá de todo lo anteriormente mencionado, e incluso por encima de su activo rol en defensa del Panafricanismo, sin duda alguna lo representó su mensaje libertario, ese con el contenido que invita al afrodescendiente y al ser humano en general a romper aquellas cadenas que no son físicas sino mentales, aquel que en Buffalo Soldier reivindicó la participación heroica del hombre africano en los procesos independentistas de otras naciones, incluyendo la estadounidense. Es valioso aquel mensaje con el que contempló la canción “África Unite”, donde recomendó la unión con un propósito loable común, hablándoles del poder infinito de la integración, o el que contenía la canción “So much trouble in the world” que invita a salir adelante y buscar siempre una solución a cada conflicto.

El mensaje de Zimbabwe, con el que comencé este pequeño homenaje por la conmemoración de su muerte, o el de la canción Survival del disco del mismo nombre, todos ellos impregnados en esas ideas llenas de buena vibración energética, ideas de amor, porque al amor y a la espiritualidad también le cantó este jamaiquino como en One Love o The Three Little Birds, que también dejan un legado incalculable y perpetuable de un Marley más elevado y religioso en el tiempo.

Con Uprising (1980), sacado al mercado un mes después del famoso concierto de Zimbabwe, Bob Marley enfilaba sus baterías de una forma muy mordaz hacia los EEUU, como lo evidenciara en uno de sus clásicos mundiales, “Could you be loved”, trabajo luego del cual ya no editaría ningún LP, ello como consecuencia del penoso Cáncer que terminaría por llevárselo un 11 de mayo de 1981, hace exactamente 30 años.

Hay quienes dicen que la muerte de Marley le convenía a mucha gente, a muchos dirigentes políticos dentro y fuera de Jamaica, a los líderes del “Status Quo Internacional”, ya que visto todo lo que el artista logró en menos de 8 años, era muy probable que pudiese haberse convertido en un líder de un movimiento socio político y cultural más grande y globalizado, con sólidas, diversas y fuertes repercusiones planetarias que afectarían sensibles intereses, múltiples egos y muchos “callos”. Lamentablemente no vivió para comprobarlo.

Esta nota fue publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Playbook.

http://www.youtube.com/watch?v=-2VZcFyRdVs&feature=related

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