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La Filosofía en el Fútbol

19 May

Recuerdo aquel verano de julio de 1982 tan vivamente como si fuese ayer, era un fin de semana en plena fiebre del Mundial de Fútbol España 1982. Estaba con mi padre “torciendo” por la selección brasileña, especie de “Dream Team” del fútbol en aquella época. Jorge, a quien siempre le han gustado los equipos eminentemente ofensivos en el llamado “deporte rey”, me inculcó el amor por monstruos inmortales de esa selección canarinha como Zico, Socrates, Falcao, Junior, Eder, Serginho y Tonino Cerezo. Ellos representaban según los expertos del momento, al más formidable conjunto jamás visto en ese país de grandiosa historia balompédica.

Sí, como lo leen, hasta ese instante la versión verdeamarelha de esos días estaba mejor conceptuada que incluso aquella maquinaria que ganó el tricampeonato del mundo en México 1970, de la mano (más bien gracias a los pies) de Pelé, Jairzinho, Carlos Alberto y compañía. Tan así era la fama de este equipo, que su máxima estrella, Arthur Antunes Coimbra (ZICO), estaba conceptuado por ese entonces como un jugador de mayor renombre y potencial que el mismisimo “Diego Armando Maradona”, sí, como lo leen.

Ese domingo me disponía a disfrutar, a mis 8 años y sin saber todavía mucho de los códigos del ¨Planeta Fútbol”, de lo que la mayoría presagiaba como una fácil victoria brasileña en los Octavos de Final ante una modesta Italia que no ganaba una Copa del Mundo desde 1938. Si, una selección que tenía 44 años sin experimentar lo que era levantar el trofeo del máximo torneo del fútbol mundial. Una Italia que traía un equipo que venía de una discretísima primera fase y con un grupo de “obreros” en los que no destacaba ningún jugador como estrella internacional de gran cartel.

De aquel día aciago en el que lloré de rabia e impotencia por muchas horas, sólo les recordaré que ese GRAN EQUIPAZO VERDEAMARELHO perdió de una manera que a mi corta edad yo consideraba como muy injusta y poco merecida. Ese día un tal Paolo Rossi, un casi desconocido incluso en la misma bota itálica, marcaba 3 de los 6 goles que posteriormente lo convertirían en el máximo goleador de esa Copa del Mundo, goles con los que ayudaría a su equipo a convertirse en Campeones del Orbe luego de 44 años de sequía. En esa fecha el fútbol me daba una de las lecciones más grandes de mi vida, con la cual aprendí que no siempre gana el más fuerte o el que tiene más armas, sino que vence quien es más inteligente y astuto.

Poco importó que según lo que recuerdo, 2 de los goles de Rossi pudieron haber sido anotados en clara posición dudosa, así como el hecho de que a excepción de los 3 tantos, los azzurros nunca fueron más que el “Scratch” con los mágicos goles de Socrates y Falcao. Tampoco importaron las reiteradas faltas y agresiones del los torpes defensas italianos a los jugadores brasileños (es famosa la imagen de Zico mostrándole al arbitro su camisa totalmente rota y desgarrada por Claudio Gentile), o los penales no concedidos injustamente por el arbitro. Lo que en definitiva recordaría la historia, era aquel increíble resultado final: Italia 3 Brasil 2.

Con esa lección, con el devenir del tiempo, así como con otras historias parecidas a esa primera gran debacle, aprendí que el fútbol es como la vida, que se puede mirar desde distintos ángulos, pero que sobre todo se puede concebir, planificar e implementar de diversas formas, con múltiples estrategias, incluso muchas de ellas antagónicas. Ergo, que en su práctica no siempre lo ofensivo es lo fundamental aunque su razón final sea la de marcar más goles que el oponente.

Además de aquellos Octavos de Final de España 1982, también fueron aleccionantes para mí otros Octavos de Final, ahora en el marco del Mundial de Alemania 1990. En esa instancia estaba de nuevo el sempiterno favorito, el Brasil de otras estrellas como Romario, Bebeto, Dunga, Branco y Taffarel, quienes se enfrentaban a una muy mediocre y austera selección argentina, esa que en aquella oportunidad incluso tenía un equipo más limitado que el que ganó la Copa del Mundo de México 1986. Para ellos bastaría recordar solamente que el Maradona de ese momento jugaba con 4 años más de edad, muy lesionado y en malas condiciones físicas, quien a su vez no contaba a su alrededor con figuras relevantes que pudiesen ayudarle a llevar el peso del equipo.

En esa oportunidad la historia se empeñaba en volverme a demostrar como de nuevo el equipo más limitado, ese combinado argentino que metió (sin vergüenza alguna) a casi todos sus jugadores dentro del arco por 90 minutos, esto con la finalidad de intentar llevar el partido a los penales (o por lo menos para evitar ser goleados y humillados como en efecto se pensaba que pasaría ante un equipo amazónico muy superior y dominante, que le dio un gran baile futbolístico, con 4 postes incluidos), saldría finalmente vencedor sin merecerlo de forma alguna. De nuevo el equipo aparentemente superior debía salir de la cancha cabizbajo y derrotado, ante la única oportunidad en la que un EXTRATERRESTRE del balompié, llamado Diego Armando Maradona, infiltrado de una pierna y casi cayéndose, hiciera un pase que degeneraría en el 1 – 0 final. Otra vez veía como el aparente equipo más débil había hecho gala de un gran apego a su libreto y a sus posibilidades exiguas para salir airoso. A pesar de ello, aunque ya adolescente y con más conocimiento sobre los intringulis de ese hermoso, seguía pensando que ese tipo de resultados eran injustos solo porque no se amoldaban a mi filosofía de ver el fútbol.

Pronto me daría cuenta de lo errado de mi pensamiento. Ese juego me sirvió para que Salvador Bilardo y su Cuerpo Técnico me hicieran comprender que como en la vida, cada equipo enfrenta el juego con base a sus armas y sus habilidades, pero sobre todo conociendo sus limitaciones y debilidades. Me enseñó que aquel estratega y equipo que conozca más claramente esos 4 puntos básicos del balompié, tiene mayores probabilidades de ganar, incluso ante un equipo infinitamente superior que le supere en todos los fundamentos del juego como en el caso del Brasil de ese día.

Ahora Ustedes me dirán, ¿A que viene todo esto?, ¿Por qué toda esa cantidad de recuerdos y anécdotas futbolísticas?. A quienes se lo preguntan solo les digo que me sirvieron como un buen preludio (aunque largo) para enfocar y explicar mi opinión, sin apasionamientos, sobre la gran polémica y mayor controversia que generaron los 4 clásicos del fútbol español entre el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid. Sobre todo luego de aquel juego de ida por la Semifinal de la UEFA Champions League, ese que se realizó en el Estadio Santiago Bernabeu y que terminaría ganando el equipo culé por 2 – 0.

Luego de ese compromiso, más aún después de las duras y contundentes declaraciones que contra el arbitraje dio el entrenador merengue, José Mourinho, así como de la supuesta parcialidad hacía el club azulgrana por parte del máximo ente del fútbol europeo (UEFA), leí y escuché a muchas personas satanizar el juego del equipo madridista, al cual catalogaron de “cobarde”, “defensivo”, “conservador” y hasta “anti-fútbolístico”. También vi como ensalzaban la vistosidad del juego del Barcelona agregando según sus respectivas ópticas, que el resultado era por demás justo y merecido, ya que el FCB había “dominado y controlado el balón y las ocasiones de gol durante todo el partido”.

Según estos eruditos, sabios, entendidos y fanáticos, estaba justificado todo lo que pasó en ese cotejo sólo por el simple hecho de que “se merecía ganar el partido quien lo había buscado”, agregando que siempre debe vencer el equipo “que proponga jugar al fútbol”, siendo (siempre según ellos), que el único que hizo eso fue el FCB, el único “que buscó atacar y ganar el partido”. Para ellos, quien no juega con base a su filosofía específica de juego debe salir siempre derrotado.

Cada vez que leía esos clichés y las innumerables frases automáticas y pre-fabricadas sobre “justos ganadores” y reconocimientos “al equipo que si juega fútbol”, me retrotraje a los recuerdos y las anécdotas que les mencioné al principio de la nota, así como también aquellos otros comentarios del entrenador luso arguyendo su defensa. Como les dije hace unos párrafos atrás, cada quien concibe al fútbol según su óptica (y hasta según su cultura, idiosincrasia y valores como ser humano), cada quien lo juega en base a sus habilidades propias (tanto físicas como mentales) e incluso en el caso de los estrategas, cada quien lo concibe, lo vislumbra y lo desarrolla según “SU FILOSOFÍA DE VIDA”, o más bien, según “SU FILOSOFÍA DEL FÚTBOL.”

Al respecto, luego de tanta alharaca, me pregunté si es ¿Que acaso la única manera válida de jugar ese deporte es tocar y tocar un balón, manteniendo la posesión por amplios espacios de tiempo durante su transcurso?, si ¿Solo sirve jugar al ataque, recibir más faltas, cobrar más tiros libres o ejecutar más tiros de esquinas con las consabidas mayores oportunidades de gol?, ¿Es que acaso quien juega al contragolpe, a la espera de una oportunidad clara no debería practicar este deporte o por lo menos hacerlo con opción a ganar?, ¿Acaso los esquemas eminentemente defensivos como el de la selección italiana y su famoso “Catenaccio” no han demostrado ser altamente exitosos otorgándole importantes triunfos (no en balde ese país ostenta la bicoca de 4 Copas del Mundo)?, ¿No tiene derecho un equipo a jugar en base a un planteamiento, que aunque no sea vistoso, le de resultados y le pueda llevar a ganar el partido o campeonato de turno?. Recuerden otra vez las dos historias que les comenté al principio, de esas miles que alberga en su historia el fútbol mundial.

Según todos esos sabios y eruditos, el Real Madrid debía jugar y plantearse los 4 clásicos de la misma manera como enfrentaron el juego del año pasado, ese en el cual el FCB les endoso el escandaloso 5-0. Para ellos el RM debía salir con todas sus armas ofensivas, o sea, a plantear el careo con un esquema de igual a igual como aquel que intentaron en ese mencionado juego en el que las condiciones eran otras, en el cual el equipo blanco era puntero de liga y que por ende debía mostrar fuerza y ataque contra un equipo que hasta la fecha había tenido varios traspiés y que no estaba tan sólido, lejos todavía de ser la maquinaria en que justo se convirtió luego de esa increíble “manita” con la que abofetearon a su máximo rival.

Me van a disculpar, pero hay que ser bien limitado, por no decir algún epíteto más ofensivo y denigrante, para pensar y requerir del equipo blanco una actuación similar en los derbys posteriores. Mourinho y sus jugadores ya habían aprendido e internalizado la lección, y en consecuencia plantearían de la mejor manera y con base a sus posibilidades, los juegos restantes. Y vaya que aprendieron la lección. En todo caso diseñaron una estrategia con los correctivos necesarios.

Voy a usar ese mismo esquema de juego utilizado por Mourinho hasta el escándalo del Santiago Bernabeu, para refutar los análisis superfluos sobre la supuesta “absoluta supremacía barcelonista” en la serie de 4 encuentros entre abril y mayo de este año. Para ello les voy a dar las estadísticas de los 2 primeros clásicos de este año, esas que se sucedieron antes del ya conocido 2-0 (y de los horrores arbitrales al más puro estilo de otro escándalo como el de Stamford Bridge en 2009). Hasta ese momento, ya con un RM jugando con un trío de mediocampistas de contención (o trivote, como le han denominado en el argot futbolístico), ese en el cual Pepe funcionaba como eje central del triunvirato de la media cancha en labores de destrucción de juego, los merengues solo habían recibido un gol, o sea, unas (1) diana en, LÉASE BIEN, 276 minutos de juego. Tiempo en el cual también habían anotado dos (2) goles, los cuales arrojaban un balance de resultados de un juego ganado y uno empatado, SIN DERROTAS ante su eterno rival en todo el 2011.

Es así, en esas circunstancias, ante la “eficacia” del nuevo pero exitoso esquema defensivo implementado por Jose Mourinho contra el FCB, es que se dio la polémica expulsión del líder del triunvitaro de la contención, esa tarjeta roja de Pepe a la que el diario italiano “La Gazzetta dello Sport” catalogó como determinante y excesiva, más aún al darse en el minuto 66 de un ya avanzado juego de la semifinal de un torneo tan importante como la UEFA Champions League. Sin duda alguna tal acontecimiento cambió no sólo la tendencia estadística que se venía dando, sino que alteró decididamente la eliminatoria, contumás cuando la intención de cometer falta del jugador, además fallida, ha podido haberse sancionado con menos rigurosidad por el hecho de ser la primera de riesgo en que incurrió en todo el partido hasta ese momento.

Lo cierto es que con esa decisión se acabó, de un solo manchón rojo, con la estrategia de uno de los equipos al cual además se dejaba en inferioridad numérica. Eso representó un golpe terminal para un esquema táctico que basado en la defensa requería de mayor desgaste físico. En ese sentido, la decisión arbitral si desbalanceó el partido y trajo como consecuencia la anotación de dos goles por parte de un equipo catalán, ahora si todo volcado al ataque, que con un hombre más en la cancha y ya sin miedo a caer en un contragolpe ya no tuvo los mismos temores que en el juego por la Copa del Rey.

¿Cómo no se va a pensar en la incidencia de este hecho puntual en el resultado final?, más aún a sabiendas de que el equipo culé nunca llegó con peligro real a la portería defendida por Casillas hasta 10 minutos después de la mencionada expulsión?, al barcelonismo le resultan ofensivos los análisis que se basan en lo que pudiese haber sucedido de no darse el hecho de la expulsión, pero lo cierto es que hay mucho asidero de donde agarrarse para planteárselos. De igual forma, ¿Cómo no puede haber suspicacia con respecto a la posible incidencia de lo que yo catalogo como “la política dentro del fútbol profesional mundial”, si en el partido de vuelta se anuló un gol legítimo que colocaba la eliminatoria global 2-1 a falta de más de 45 minutos por jugar, precisamente por un arbitro que previamente al encuentro había sido objetado por el equipo afectado, motivado entre otros al hecho de ser, al igual que el Juez Principal que pitó el juego de ida, quien abierta y públicamente había profesado admiración por el juego del equipo catalán?.

¿Cómo no sorprenderse cuando la UEFA, específicamente su presidente, Michel Platini, se empecinó en nombrar al arbitro belga a pesar de que este señor no sólo hizo alarde de su fanatismo por el FCB, sino que ensalzó la figura de Lionell Messi?. ¿Cómo no sospechar cuando a ese mismo Señor se le da tamaña responsabilidad a pesar de haber pitado ya un anterior juego de vuelta de ese mismo club barcelonés en la Semifinal de la Champions League de 2010, también en el Camp Nou y contra un equipo también dirigido por Mourinho?.

En este caso, creen que es normal que los máximos dirigentes del balompié europeo rechacen las quejas, no solo de uno sino de dos equipos de ligas y países distintos, quienes indican que esa persona con sus yerros arbitrales siempre “benefició” a un mismo actor (el FCB), ¿Por qué siempre en favor de este último club?, No les parece demasiado desatino?, ¿Qué les costaba designar a alguno de los cientos de colegiados que tienen colegiados en el ente?, ¿No creen que la misma UEFA propicia tanta polémica?

¿Sabían Ustedes que ese Juez belga por cierto, esto según mi “opinión particularísima”, hizo hasta lo indecible para que los catalanes revirtieran el 3-1 que el Inter de Milán les había endosado en el juego de ida en San Siro?. ¿Recuerdan el tiempo añadido exagerado que dio en dicho partido?, ¿Recuerdan lo ocurrido durante las incidencias de ese partido?. Si Ustedes no, José Mourinho lo tenía bien grabado en su memoria, ya que con suerte diversa fue a él a quien le tocó padecer los arbitrajes de estos dos colegiados, tanto cuando dirigía al Chelsea de Inglaterra como cuando dirigía al Inter de Milán italiano, ¡y que cosas!, siempre con el añadido de que el equipo favorecido en ambos casos fue el FUTBOL CLUB BARCELONA. ¿Qué cosas no?, ¡que de coincidencias!.

Aunado a todo ese desaguisado, las lamentables palabras del máximo jerarca francés de la UEFA sobre los jueces escogidos, no hizo sino terminar de enturbiar y afectar el espectáculo. Para quienes no recuerdan, la otrora gran estrella del fútbol galo justificó sus polémicas escogencias aduciendo que no veía ningún problema con la designación del arbitraje para esos partidos, destacando que hasta incluso él era un admirador más del juego virtuoso y de gran calidad de los azulgranas. Solo le faltó colocarse su antiguo y legendario Jersey número 10, solo que esta vez, al tenor de lo que refieren sus palabras, sus colores estaban muy distantes de los “bianconeros” que lo llevaron a la fama, y más bien se encontraban muy cerca de aquellos otros “granates” en los cuales nunca estuvo ni cerca de jugar cuando era activo.

No voy a profundizar más sobre algo que ya si sería entrar en terrenos que solo a lo interno de los pináculos de ese ente, sus Federaciones Nacionales y los clubes se sabe. Solo les voy a recomendar una nota que recoge un Blog llamado “El Diario de Borja”, el cual establece algunas ideas sobre la intervención de la política en el fútbol, concentrándose principalmente en los casos del RM y el FCB. Acá su URL http://eldiariodeborja.com/2011/05/04/la-verdad-sobre-el-clasico-real-madrid-y-barcelona-por-borja-ramirez/

Lo que si quiero expresarles antes de terminar, es que no se si los supuestos “favorecimientos” le alcancen o le sirvan al club catalán contra otra gran institución del fútbol europeo y mundial como lo es el Manchester United, esto en la disputa que ambos conjuntos tendrán en la Final de Wembley. El “Man U” no es sólo el equipo más exitoso de la Poderosa Premier League de Inglaterra, sino que es además, por lejos, el club más poderoso del mundo a nivel económico después del Real Madrid.

El Manchester United  posee la mayor cantidad de socios para un equipo de balompié en el planeta, los cuales de seguro teñirán de rojo los graderíos del mítico pero renovado estadio, más aún por la facilidad de estar en casa. Este es un Handicap que la prepotente prensa y los acólitos del equipo barcelonés han tomado a la ligera, así como el hecho de que este es el año en que se retira una leyenda mítica de este deporte como lo es su entrenador, Sir Alexander Chapman (Alex Ferguson), quien con 25 años en el banquillo de los “Red Devils” quiere despedirse coronándose en Wembley.

La mesa está servida, dos equipos de renombre, peso y fama mundial se enfrentan en la batalla final por la Orejona (así le llaman coloquialmente a la Copa que entregan al Campeón) en su versión del 2011, solo espero que prevalezca lo eminentemente deportivo y futbolístico, independientemente del estilo de juego de cada uno, si es bonito o feo, elegante o tosco, pero que se superponga eso a los intereses económicos y políticos.

Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Torch.

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Publicado por en 19/05/2011 en Deportes, Historia, Opinion

 

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