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El Amor en Tiempos de Escapismos

26 May

Mucho he leído ultimamente sobre lo que algunos psicólogos han denominado como el “efecto escapismo”, una especie de actitud o conducta cada vez más difundida y generalizada en la sociedad actual, según la cual el ser humano de estos días enfoca y afronta el amor de una manera muy relajada, excesivamente práctica y yoista, privilegiando mayormente las vivencias del presente, bien sea basado en la atracción física del momento, o por los intereses que represente la persona de turno. Digamos que hasta por la circunstancialidad del instante en el que se convive con la “pareja amada”. Según esta premisa, las personas en la actualidad se saltan olímpicamente, cada vez con mayor progresión, muchas de las fases previas que supuestamente deberían ser vividas, paso a paso, antes de establecer una relación amorosa.

Poco se piensa hoy en día, como en otrora, en el amor duradero, ese de grandes sueños pero también de grandes responsabilidades. Muy pocas personas en el mundo actual han sido educadas para tolerar la divergencia del otro. Por el contrario, cada vez con mayor determinación, el ser humano se resiste a ceder parte de su libertad personal en aras de acoplarse con la otra (o el otro), no busca definir intereses mutuos, no intenta hacer converger principios, no habla de la necesaria unificación de criterios ante la vida, así como tampoco busca establecer metas y resultados conjuntos, todos ellos elementos fundamentales para la consolidación de una sociedad (de noviazgo, marital, conyugal, concubinal o de pareja). Se nos ha orientado a vivir para y por nosotros, privilegiando el egoísmo y el hedonismo. Se nos ha inducido, incluso dentro del mismo seno familiar, a ver el mundo en primera persona y a ser marcadamente rentistas y resultadistas.

Vivimos en una sociedad cada vez más individualista, con escasa cultura del compromiso ciudadano, colectivo y social, lo que se ha manifestado decididamente en la actitud de los jóvenes hacia el amor y las relaciones de pareja. Existen factores culturales, sociales, demográficos y hasta políticos que pueden explicar esta aparente conducta de “irresponsabilidad afectiva”. El enfoque de la educación actual, con el sello único e individual de nuestros tiempos, influye decididamente en el comportamiento y las conductas socio-afectivas de la persona, algo que se evidencia en la reducción significativa del asociacionismo, incluyendo el familiar y de pareja.

Recordemos que hasta siendo efímera, toda relación afectiva entre personas debería plantear por sí misma una especie de asociación entre ellos, pero esa no parece ser una característica del amor escapista actual, en el cual casi desde el primer contacto las personas sobredimensionan la libertad individual y sus propias conductas, dejando por lo general de lado los compromisos y las responsabilidades hacia la pareja, a quien se le exige todo a cambio de nada. Practicamente son relaciones donde solo se busca sentir y experimentar, y en donde al primer atisbo de inconformidad o sensación de perdida de libertad, se rompe el endeble vínculo.

Otro aspecto muy marcado que incide en el escapismo amoroso de estos días es el “excesivo proteccionismo”. Existen factores educativos determinantes según los cuales somos educados en demasia para conocer y defender los derechos ciudadanos, pero no para cumplir deberes ni para tener una correcta responsabilidad social. En el sistema educativo de hoy en día se ha reformado de mala manera el proceso de enseñanza, inculcándole a las personas el germen de la inconformidad ante todo, del revisionismo exagerado, con una alta visión crítica para lo que ocurre en el entorno, pero no para reflexionar y corregir lo que esté mal a nivel interno”. Aunado a ello existe un “excesivo proteccionismo familiar” que hace que los jóvenes no quieran salir del hogar de sus padres, donde tienen garantizado los bienes básicos así como los ingresos para sus gastos personales, a quienes además sus progenitores le dicen con inusual frecuencia que “para ir a pasar trabajo con otro ser humano, mejor se quedan en casa y plantean una relación a distancia”.

En ese sentido, gran parte el escapismo es responsabilidad de los padres modernos, quienes educaron a sus hijos “para que no crecieran con muchas carencias como ellos”, motivación que los hizo crear entornos altamente acomodaticios para sus hijos. ¿A que joven actual no le han dicho o no le es familiar aquello de que “a usted yo no lo tuve para que fuese cachif@ de nadie”?, o el más trillado aún, “usted vale mucho como para estar sirviéndole a otr@”. Una de las tantas cosas que se le inculca a l@s hij@s hoy en día es que estudie, sí, pero no sólo por la idea del progreso o por la superación integral, sino para que lo hagan con la intención de que la persona se “gradue y no tenga que estar lavándole, planchándole y atendiéndole a un(a) espos@”. Para que no dependa de una pareja, aunque bien sepan los padres que esa dependencia, bien canalizada y con sus definiciones, es realmente necesaria para el éxito de una relación de pareja, por lo menos en el plano afectivo.

A esas consignas, sugerencias y arengas que constantemente se nos condena desde el hogar familiar, siempre se relaciona el factor estudio con el del trabajo, pero muy pocas veces se le relaciona a su necesidad por el bienestar integral de la persona. Por el contrario, se le liga más al desarrollo material, casi siempre de carácter individual, para que l@s hij@s “ganen mucho dinero y contraten a alguien que les limpie y les cocine”, “porque para ello le dieron estudios”, y siendo unos chicos educados “se merecen siempre lo mejor” y no aquellas labores que si bien son del acontecer diario, esas que deben ser compartidas en una pareja, para los padres actuales no son actividades dignas para su hijit@, sobre todo luego “de los inmensos sacrificios que siempre han tenido que hacer para criarl@s“.

En esa gama y compendió de cosas que según los padres, la familia, los amigos y hasta en el seno de las instituciones se nos aconseja todos los días, están esas otras “máximas” (rentistas y resultadistas por demás) según las cuales uno debe buscarse a “una persona estable, exitosa, profesional, de dinero”, a “alguien que esté igual o mejor que tú”, “alguien de tu misma condición”, para luego terminar recomendandonos cosas y actitudes por demás excluyentes, discriminatorias y hasta racistas cuando nos indican “no te vayas a buscar a un(a) pobretón(a), para pela mandarinas tú”. Según esas “sugerencias”, el amor a primera vista, la química, la compatibilidad, la complementariedad y otros factores fundamentales no son necesarios si el otro llena los ya descritos “requisitos”.

Por lo general, casi nunca en esa batería de frases y recomendaciones que van calando y fijándose en la psiquis, y por ende en la conducta diaria de las personas, el apostar por el amor, por el sentimiento, por el afecto y hasta por lo espiritual, se le da la necesaria cabida y casi siempre queda relegado a un segundo plano, con poca valoración y menos importancia. Estas otras visiones de la vida y del amor (que en mi concepto son sólo el recrear de progresivos antivalores) son las que realmente (conjuntamente con otros factores que no quiero tocar acá porque hace interminable la nota), inciden en las altísimas y dramáticas tasas de separaciones, divorcios y rupturas amorosas, pero por sobre todo, en los altos indices de INFIDELIDAD en el mundo actual.

¿Por qué?, pues porque simple y llanamente nos han inculcado que siempre debemos tener lo que queramos, lo mejor. En un mundo excesivamente globalizado, con infinidad de opciones, que por concepto y antonomasia se basa y se consolida en el consumo permanente, el amor y por ende la sexualidad no pueden ser ajenos. Al propio sistema no le interesa la monogamia, mientras más experiencias tengas, más consumes, proliferan infinidad de negocios y sectores comerciales (el hotelero, gastronómico, turístico, de la confección, etc), ya que para aquellos que siempre se mantienen en constante ESCAPISMO, siempre hay un nuevo comienzo, una nueva conquista, un nuevo look, nuevos procedimientos y distintos gustos en la pareja de turmo.

Para hacerlo más gráfico, la sociedad actual casi te recrimina el hecho de que acostumbres a consumir siempre un mismo tipo de platillo o que suelas vestir siempre de una misma forma. Para ello te ofrece  una inmensa feria de comida internacional, infinitos sabores y presentaciones, así como te da innumerables posibilidades en el ámbito de la moda con multiplicidad de estilos de vestir. Entonces ¿Por qué no variar en absolutamente todas las facetas de tu vida?. Ergo, en estos tiempos en donde todo es usable y desechable, ¿Por qué no puede ser desechable el amor y en consecuencia la pareja con la que estás?, ¿Por qué no escapar de él a la mínima sensación de inconformidad o aburrimiento como haces en otras áreas o con otras cosas?. Por qué no escapar y recomenzar en otra parte si como en el resto de los sectores de la vida actual hay tanto material y tanta oferta?.

Según empresas de medición científica, si bien el nivel de la infidelidad masculina se ha mantenido en sus niveles tradicionales (entre un 60% y un 66% en la primera década del Siglo XXI), el incremento de la infidelidad femenina, que ya se había situado en un 45% a principios de la década del 2000, está exponenciándose significativamente e incluso se situó en casi un 54% entre los años 2008 y 2009, respectivamente. Según el libro de Elizabeth Fuentes, “Mi Marido es un Cornudo”, obra cruel y realista que tomó como base científica muchos estudios en materia de infidelidad, se nos indica que la mujer actual ha tomado este otro aspecto de la vida, el de “Montar Cachos” (algo por demás negativo e injusto, venga del género que venga), como una bandera de igualdad según la cual está bien justificado el ser infiel, incluso si lo haces en igual o mayor cantidad de veces que los hombres.

En el libro, que les recomiendo ya que logra trascender el humorismo simple y descarnado del venezolano, logrando darle a la obra esa necesaria proyección de reportaje a través de entrevistas e investigaciones estadísticas, la autora, basándose en las teorías del psicólogo evolucionista David Buss, trata de focalizar los razonamientos cada veaz mas utilizados por las feminas para justificar sus conductas infieles. Para ello, Fuentes narra sus supuestas aventuras con su amante a través de las sesiones que mantuvo con su psiquiatra “Rómulo”, en el cual despliega una suerte de relato vertiginoso sustentado en las tres Hipótesis que según Buss las mujeres arguyen para tener amantes (La Hipótesis de los Recursos, cuando  el amante  proporciona mejor alimento o protección; La Hipótesis de la Diversidad Genética, en la cual se participa en una especie de “bolsa en la que se busca diversificar inversiones” y la Hipótesis del Compañero Sustituto, en el que las mujeres buscan un amante si la pareja no da recursos o lastima a los hijos).

Ese tipo de fenómenos no inherentes exclusivamente a la mujer, es producto no sólo de los antivalores a los que nos induce el sistema y de aquellos otros que nos inculcan en el hogar familiar, sino que son consecuencia de nuestra propia degeneración o involución. Como dije antes, no hemos sido educados para compartir, tolerar y unificar, mucho menos para aceptar responsabilidades. Esto sin darnos cuenta que más que víctimas, todos somos victimarios al trasluz de nuestros actos, al permitir, desarrollar y profundizar todo tipo de conductas ESCAPISTAS e irresponsables, no sólo en el amor sino en diversos planos, acciones que en definitiva nos afectan a todos en mayor o menor grado.

Pareciese que con todo lo mencionado, “el Amor en Tiempos de Escapismos” está lejos de acabar, porque para ello se necesita no solo tomar conciencia individual de lo mal que está “usar el amor” en vez de “dar amor”, de que se necesita más compromiso y ser más responsable no sólo con la otra persona, sino con el amor que profesas. Para que ello suceda primero debemos darnos cuenta que como victimarios también somos víctimas de un agravio, ya que el concepto está inculcado en muchos seres humanos (por no decir en casi todos), motivo por el cual en algún momento, tarde o temprano, sufrirás de los embates de ese mismo escapismo que incluso tu puedes estar profesando en estos momentos.

Al respecto, para que este periodo escapista acabe o por lo menos tienda a reducirse (según mi concepto), necesitamos reflexionar profundamente intentando modificar conductas a lo interno, esto para luego ser parte de una toma de conciencia compartida y colectiva que espiritualice y le de fortaleza al verdadero amor, al de los sentimientos, al de las responsabilidades compartidas, ese de los compromisos que coadyuven significativamente a evitar el incremento de las actitudes de escape.

Si todavía no tienes claro lo que es ser un escapista, tanto en el amor como en otras facetas de la vida, si no te reconoces como tal (a lo mejor tu no lo seas) o no sabes como definir a un escapista en tu entorno, te reproduzco integramente este extracto que sobre el escapismo escribió Camila Vanni en el “Manual para el Amor y un Cerebro Nuevo”. “Todos conocen a los escapistas. Sus ojos están camuflados entre la gente que ven todos los días, gente como el almacenero, tu maestra de la infancia, e incluso tu mejor amigo. Cualquiera puede ser uno de ellos. Son de los que corren cuando un problema se avecina, los que buscan el lugar mas feliz que pueden encontrar para creer que realmente son felices, sin caer en la realidad. Conocí a uno de ellos un par de años atras, siempre me decía que viviría por el arte, que ahí encontraba su felicidad, y ahí vivía, entre arte, supuestamente feliz. Igual, se notaba a legua que quería ser feliz, así como veía a los demás. Sonreir sin problemas, pero en esos enormes ojos color tierra, si buscabas bien podías vislumbrar la tristeza de un abandono y unas lágrimas sublimadas por el tiempo de estadía.

Supe que soñaba siempre con el circo, el lugar donde todo parece mágico y la sonrisa de los demás provocaba la propia. Cada noche soñaba con el circo encerrado en su individualidad, queriendo irse, como buen escapista que era y sigue siendo. Al cumplir las 500 noches de soledad decidió partir, con un billete en el bolsillo, un cigarrillo prendido y un deseo de seguir en pie. Fueron largas las horas de caminata por las vias de aquel abandonado ferrocarril cuando el sol estaba emperrado con arderle la espalda. Pasaron casi siete horas antes de que empezara a oir la música en la lejania. Comenzo a correr, no le importaba nada, solo quería ver esa felicidad de cerca, sentirla suya. Estaba agotado, sus pulmones casi que no se daban abasto, respiraba con una agitación enorme mientras el sudor empapaba su ropa. Quería llegar, solo eso.

Esperaba, como cualquiera, ver payasos, animales, bailarinas, domadores y demás, pero lo que vió al llegar, creo que era el mejor cuadro de su tristeza, lejos de lo que él imaginaba, solo vió una carpa echa pedazos, payasos vestidos de luto, elefantes mirando con cara de hambre, bailarinas sin piernas y domadores domados por la vida inútil que quedaba. La realidad verdaderamente le pegaba en la cara dispuesta a romperle la nariz si era necesario para que el cayera en el realismo, NO SE PUEDE ESCAPAR. siendo infeliz en un lugar, vas a ser infeliz en dondequiera que vayas. No importa el lugar, los sentimientos son los mismos. Si no estas vivo en un lugar, tampoco lo vas a estar cuando te muevas.

Lo veo hoy en día y me da pena por él, tan triste, derrotado, con la cabeza gacha y un abandono peculiar. Quería ser como Houdini, escapar dependiendo la situación, quería 5 minutos de felicidad, aunque sea cinco ínfimos minutos, solo 5. Conozco muy bien a ese escapista, lo veo todos los días y puedo decir que la nuestra es una relacion de amor – odio. Tal vez lo conozcas, porque es mi reflejo de quien te estoy hablando, y soy yo quien esta deseando escapar tratando de convencerse de que no vale la pena vivir en el sueño circense distorsionado”.

Que grande Camila Vanni, ¿no les parece?. En fin, antes de terminar, a la espera de que la cita anterior les haya hecho tomarse unos minutos para reflexionar sobre el escapismo en el amor, quiero dejarles las sabías conclusiones que nos dejó en una entrevista el doctor Rajendra Persaud en relación al amor que viven los seres humanos en estos tiempos. Para Persaud, tenemos una resistencia natural a la ciencia del amor, y por ende no nos gusta ver que obedece a ciertas reglas determinadas por el cerebro como nos dice la neurociencia.

Preferimos verlo como algo misterioso, poético y espontáneo, sobre lo cual no podemos tener ningún control. Entramos en un bar y vemos a alguien que inmediatamente nos atrae. Nos gusta sentirlo como un ejercicio de elección personal, aunque haya evidencia científica que hoy demuestre lo contrario, porque parecería que nacemos con una especie de instinto para la belleza. Con la posibilidad, en los últimos años, de hacer escaneos cerebrales, pudimos ver cómo, cuando estamos enamorados, algunas partes del cerebro se encienden pero otras partes se apagan, en particular las que tienen que ver con la planificación y el juicio.

Al principio de las relaciones, en particular, es cuando uno deja de pensar con claridad. De ello debería deducirse que si uno tiene que tomar decisiones para el futuro, lo mejor es esperar a que este primer enamoramiento haya pasado un poco. Sin embargo, hay estudios que muestran que mucho después de que el primer golpe de amor apasionado se ha diluido, una visión distorsionada e irreal del compañero o de la compañera es un ingrediente fundamental para un matrimonio exitoso.

Un estudio de 400 parejas casadas (durante 40 años en promedio), mostró que los que parecían más felices con la vida en general tendían a ser aquellos con una visión idealizada de sus matrimonios (un 52 % de la muestra). El resto, los que veían la historia de su relación de manera más realista, tendían a tener resultados mucho más bajos en cuanto a satisfacción matrimonial. Luego del análisis científico se le preguntó al Dr. Persaud que ¿Qué pasa con el amor en la actualidad?, a lo que nos respondió diciendo que “No quiero caer en la generalización de que todo tiempo pasado fue mejor, pero existe una banalización de todo, incluso del Amor. Antes decir “te amo” estaba prohibido hasta sentirlo realmente (o al menos haberlo creído), ahora escucho a los adolescentes desparramar palabras de amor como quien reparte caramelos, y ni hablar de mandar la palabra amor a cierto número de amistades y recibir cualquier cosa menos amor”.

Sucede que muchos confunden amor con sexo, y si bien en la pareja la relación es innegable, en la actualidad la balanza se ha equilibrado a favor del sexo. Todo gira en torno al hedonismo y la búsqueda del placer por el placer. En este sentido, las relaciones interpersonales profundas pierden importancia. El amor es vivido entonces de una manera equivocada, digitalizado a veces, reducido al goce carnal y exento de espiritualidad.

El romanticismo está en vías de extinción y tal vez las generaciones futuras sólo lo conozcan a través de archivos web. Lamentablemente los niños y adolescentes de hoy en día están absorbiendo estos conceptos erróneos sobre el amor. Para ellos el modelo de éxito con el género opuesto es una herramienta para obtener sexo, esto en el caso de los hombres, y la búsqueda prioritaria de dinero y los bienes materiales, en el caso de las mujeres.

Tenemos demasiados líderes divorciados, no una sola sino infinidad de veces, infieles, pervertidos, algunos tan mediáticos como manipuladores. La creencia actual es que para ser feliz hay que poseer cosas, tener dinero, dominar a los otros, cuando por el contrario el amor es la principal fuente de felicidad y no demanda más que respeto y entrega absoluta. Cabe señalar que el amor de la pareja es la base para construir una familia y las consecuencias de la estilización de este sentimiento en las “Sociedades Ligths”, es la renovación constante de parejas y la inestabilidad de la familia se convierte en una característica permanente.

Solo nos queda como consuelo el pensar que si la pareja expresa su amor mediante demostraciones afectivas y cuidados cotidianos, o si los niños encuentran en la realidad cercana modelos positivos y estables a imitar, podrán diferenciar al amor verdadero de los pseudo-amores de la actualidad.

Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz, dedicado a sus ex alumnas Libertad Raluy Yanez y Lisette Blanco, con quienes ha debatido en varias oportunidades estos conceptos del “Amor en Tiempos de Escapismos”. Fue publicada para “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Torch.

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Publicado por en 26/05/2011 en Culturales, Curiosidad, Opinion, PNL

 

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