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¿Se puede llegar a conocer el verdadero amor?

21 Jun

He querido abordar este tema a solicitud de varios amigos y familiares, a los que al igual que a mi, el amor les funciona como combustible principal y fundamental con el cual enfrentar y sobrellevar esas otras múltiples facetas de la vida, ese sin el cual pareciera que la propia subsistencia no tuviese acaso ningún sentido.

Antes de empezar les digo que tal empresa de escribirles sobre tema tan trascendental y quimérico no hubiese surgido de mi propia orientación, en mayor grado porque en mis vivencias y experiencias hacia las artes amatorias mucho fue lo que tardé en mi vida para comprender cual es “mi verdadero amor”. Debo aclararles que en el largo proceso tuve que errar infinitas veces, tropezarme con varias piedras, no una sino varias, y muchas veces, y ello solo para tener un atisbo muy individual y particularísimo sobre tema tan grande, complejo, especial y abstracto, como lo es el amor.

También les recuerdo que tal vez mi entendimiento sobre su concepto no sea siquiera parecido al de Ustedes, y que por el contrario, pueda ser que haya entre mis lectores personas con experiencias mucho más gratificantes y enriquecedoras comparadas a las mías. Esos que por lo tanto tengan una visión, interpretación y modo de entender al verdadero amor de forma más acertada que la mía, por lo que de antemano les digo que el ensayo de nota aquí desarrollada es solo un intento individual por satisfacer a mis allegados, ello sin pretender convertir esto en un sesudo artículo académico, ni mucho menos una investigación que les ayude a encontrar su propio y verdadero amor.

Esperando que lo anteriormente expresado les quede perfectamente claro, ¡pues ahí les voy!

Hay quienes pasan mucho tiempo de su vida localizando al verdadero amor, lo buscan de incontables maneras, hablan de él y lo definen de acuerdo a sus experiencias, habiendo quienes incluso se sienten tan especializados que hasta desarrollan (o intentar plasmar) voluminosos tratados sobre sus conceptos y sus influjos, sobre lo que debe hacerse en ese estado e incluso acerca de las correctas maneras de como conseguirlo. Otras personas, por el contrario, más bien esperan a que el amor las encuentre y la mayoría sufre por amores que han perdido o por seres que ya no están y pasan su vida deseando volver a tener ese amor perdido que en muchas oportunidades no regresa.

Desde esa óptica se puede decir que esa sensación, ese abstracto, el tal sentimiento llamado “AMOR”, es algo tan difícil de descifrar como lo es el intentar descifrar la palabra “ALMA”, esa que también está íntimamente relacionada al amor y que seguramente me servirá más adelante para explicarles como de su adecuación pude yo esbozar mi particular forma de ver al “Amor Verdadero”. Es así que de acuerdo a lo antes mencionado, y ante la dificultad de establecer cualquier significación exacta de su esencia, en mi caso particular el amor puede ser definido como un acto INTERNO del ser humano que por sus características intangibles e “inteligibles” es buscado, enfocado, analizado, conceptuado y argumentado desde cada una de las infinitas creencias y saberes de nuestra propia idiosincrasia, e incluso de acuerdo a los patrones de cada cultura que coexiste en nuestra humanidad, algo a lo que si le agregamos el “estatus de cosa sagrada y altamente espiritual” que le hemos impreso desde tiempos ancestrales, hace de su definición algo muy poco factible de precisar, hasta de definir o medir a ciencia cierta.

A pesar de todo ello, les pido que piensen por un momento sobre las relaciones que han tenido y que se pregunten a sí mismos ¿Cómo han sido esos amores que he sentido?, ¿Recuerdan la primera vez que consideraron que sintieron amor?, ¿Cómo fue ese sentimiento y si lo pueden definir con la mayor exactitud posible?, ¿De dónde creen que emanó ese amor?. Les doy unos minutos para que reflexionen sobre ello antes de pedirles que sigan leyendo más abajo.

Una de las conductas más recurrentes cuando se está enamorado, es que se proyecten una serie de expectativas en otras personas, por lo que por lo general, cuando uno se llega a quedar sin ese “amor” del que supuestamente surge el sentimiento, comienza una etapa de sufrimiento y dolor que en muchas oportunidades te hace sentir como que si la vida no tuviese razón de ser. De seguro algunos de Ustedes han experimentado la reacción anterior y les ha costado su buen tiempo superar el estado de ánimo que un pensamiento así les generó, ¿Cierto?. Pues, asimismo como pasaron por esa faceta, no se preguntaron luego (ya una vez superado el dolor y ya curtidos por la experiencia): ¿Qué es el amor?, de seguro te preguntaste de nuevo ¿De dónde surge el amor?, para seguir con otra batería de preguntas parecidas a estas: ¿Qué persona necesito para estar enamorado realmente?, ¿Cómo sé que eso que sentí o siento, fue o es amor?, ¿Verdad que lo pensaron y se lo preguntaron?.

Con tantas interrogantes e incertidumbres, en épocas en donde se expone, se comercializa y se banaliza tanto el amor, aspecto que ya abordé en mi artículo intitulado “El Amor en Tiempos de Escapismos”, es fácil confundirse y perderse con tanto cliché, tanto análisis, tanta moda y tanta facilidad para conseguir parejas. Es debido a tanto facilismo y a tanta confusión, que pensamos, o en mi caso solía pensar, que si se siente que alguien te ama, entonces eres muy feliz, y que por el contrario, si alguien no te ama como quieres o esperas, entonces sufres, padeces, te enfermas, y por ende, eres infeliz.

Fue cuando entonces, encontrándome en una de esas facetas que a lo largo de mi vida han sido una constante, me topé con un niño que en su forma de afrontar una situación de vida, me hizo descifrar la respuesta de lo que con ansías siempre estuve buscando por casi 20 años, el lugar en donde conseguir al “Amor Verdadero”. Sí, un simple niño, uno que ese día me topé triste y apesadumbrado, algo que desde mi óptica percibía como el resultado de que lo hicieran estar en una sala de espera de un consultorio médico, en donde además se encontraba aburrido y molesto, en un ambiente que de seguro percibía gris, sin más razón aparente que la de ser un acompañante en contra de su voluntad, muy a pesar de no ser él quien estuviese enfermo ni a quien le iban a hacer una revisión.

Por un tiempo lo estuve observando debido a su molestia e inquietud, la cual mezclaba perfectamente con el estado de ánimo de todos los que estábamos a la espera de ser atendidos en consulta. Todo parecía dentro de un cuadro normal hasta que luego de perderle la atención por unos minutos, absorto en mis propios pensamientos y asuntos, me percaté que de su bolsillo había sacado una hoja de papel algo doblada y arrugada en la que comenzaba a dibujar e imitar con un bolígrafo, las figuras que veía en la revista que leía el Señor sentado en la fila frente a él. De inmediato su semblante y actitud comenzaron a cambiar progresivamente, de lo taciturno y de la tristeza pasó a tener un rostro de dedicación y concentración que se traducían con tanta pasión en el dibujo, gesto que enterneció a la recepcionista, quien de su escritorio sacó y le regaló una revista para niños que de seguro había comprado para su hijo, hecho que al infante le generó una inmensa cara de alegría, como la que alguna vez todos pusimos al recibir un regalo sorpresa o al abrir los presentes navideños.

Ante la gran alegría que contagiaba el muchacho, no pude hacer otra cosa que prestarle mi herramienta multi-uso, ya que noté que quería recortar varios de los personajes que halló en la revista con el fin de que perduraran en su dibujo. Demás está decir que con esta nueva herramienta su actitud terminó por convertirse en una experiencia para él placentera, de goce, pero sobre todo, de mucha felicidad y de amor. En poco más de una media hora el niño logró salir de su tristeza y aburrimiento a un estado de dicha sostenida.

Me puse a reflexionar sobre el hecho y me di cuenta que el niño logró sortear su aflicción trabajando desde adentro, desde lo interno de su existencia. En ese preciso instante me percaté de que él cambió sus sensaciones y su condición modificando su equilibrio interno, modificó su propio ambiente desde el interior de su ser, algo que de inmediato me hizo preguntarme como hoy les hago la pregunta a quienes de Ustedes se las quieran hacer para sí mismos, ¿Qué te parece si ese amor que dices sentir o buscar en alguien lo diriges hacia tu interior?, ¿Por qué no orientas la búsqueda de la felicidad en tu auténtico ser y comienzas a vivir a partir de él?.

Allí, como en un chasquido de dedos, encontré las respuestas que por décadas no encontré buscando por todos lados. Me di cuenta que en mi caso el amor sólo es verdadero cuando lo experimento en mí mismo, entendiendo que en los momentos en que me he amado o he estado feliz conmigo mismo, han sido los exactos para transitar el camino a conocer mi verdadero amor (incluyendo el familiar y el de pareja).

Ese día internalicé que para mí el amor no puede venir de afuera, lugar en donde lo busqué sin éxito por muchos años. El amor verdadero nace y nos viene desde adentro, zona interior que debemos cultivar, fortalecer y cuidar antes de que podamos dar o recibir amor de los demás. Ese día entendí que yo no me amaba lo suficiente como para poder ofrecer algo positivo que “enamorara verdaderamente” a otro ser humano. Muchos de Ustedes dirán que es algo obvio y se preguntarán como no lo pude vislumbrar antes, pero créanme cuando les digo que es una filosofía de vida que no muchas personas aplican a sus vidas, y que de quienes la aplican no son pocos los que confunden el verdadero significado de que “para amar a alguien primero debes amarte a ti mismo”, desviándose hacia el narcisismo, el personalismo, la arrogancia y otras tentaciones en las que es muy fácil caer.

Comenzar a amarte es comenzar a reconocer todo lo bueno que habita en ti. En el momento en que te decidas a aceptar que tanto el amor como la felicidad están dentro de ti, comenzarás a amarte. El amor no lo encontramos en el otro, es un estado en el que nos encontramos cada uno de nosotros. A veces creemos que cuando alguien se va, perdemos el amor, cuando en realidad el otro no nos otorga ese sentimiento, sólo despierta el que siempre ha estado dentro de nuestro ser.

Yo todavía estoy en mi propio proceso de amarme a mi mismo, creo que tal estado nunca se acaba, sufre modificaciones así como la vida misma. Estoy en la etapa en la que decanto el verdadero amor por encima de lo superfluo, de lo narcisista, de lo arrogante, o simplemente de aquello que me impulse a darle loas a mi propia personalidad. Es un proceso interesante que me imagino es distinto para cada quien, pero del cual estoy seguro que todo lo que me aportará será altamente positivo.

Hoy, a la espera de una nueva consulta médica, en el mismo lugar donde me topé a aquel niño, no puedo hacer otra cosa que conectar mi alma con la que él dejo en parte atrapada en el dibujo que todavía está pegado en una cartelera detrás del escritorio de la secretaria que le regaló la revista. Esa simple conexión alma – dibujo – dibujo – alma, pudo recordarme cual es y debe ser mi enfoque, hacia donde debo enderezar mi norte cuando esté perdido, esos garabatos y esos recortes me indicaron de nuevo el camino a seguir, el cual no es otro que el que me conlleva a mi mismo, hacia lo interno de mi ser, donde de seguro mi propia alma me guiará hacia el “Puerto de mi Verdadero Amor”.

Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz en dedicación a mis primas Verónica Carpio (Vero) y Mariafernanda Gilbert (Mafer), así como a mis amigas Daniela Scattaglia (Dani) y Ana María Jurisic (Anita). Su publicación oficial queda inserta en “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Torch.

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2 comentarios

Publicado por en 21/06/2011 en Curiosidad, Opinion, PNL

 

2 Respuestas a “¿Se puede llegar a conocer el verdadero amor?

  1. julissa

    24/07/2012 at 4:37 PM

    k el verdadero amor existe en kada uno

     
    • guftahot

      14/08/2012 at 4:12 PM

      Estoy completamente de acuerdo contigo, creo que en principio uno debe estar en armonía con uno mismo, ser un entero (estable emocional, financiera, intelectual y socialmente), para luego pensar en unir tu todo a otro ser completo que posea las mismas características.

      No creo en las medias naranjas ni en los amores a la mitad, creo en parejas evolucionadas y complementarias en armonía.

      Gracias por haberme enviado tu comentario.

       

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