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27 Jul

El Título de esta nota está en inglés a propósito, ya que fue en un país de habla inglesa, EEUU, en el cual se inició y se desarrolló con mayor auge, por más de una década (1960 – 1974), aquel fenómeno juvenil popularmente llamado como la “Revolución de las Ideas.”

Es precisamente en esa época el momento histórico en el cual se forjaron las ideas y se comenzaron a abrir paso a sus futuros destinos dos jóvenes venezolanos, morochos para más señas, quienes para el momento residían en una de las más afamadas y populosas urbanizaciones de Caracas, “El Paraiso”.

Incluso sus nombres, Richard y Henry Gilbert, hacen eco y reflejan las tendencias de una Venezuela que desde finales del Siglo XIX tenía una gran influencia estadounidense, esto principalmente gracias a la penetración y el cada vez más creciente poder de las empresas petroleras de ese país, así como a las diversas importaciones de productos “Made in USA” que llegaban a nuestra nación.

Ojo, hago un alto aquí para aclararles una cosa, no confundan sus nombres anglosajones y el influjo de la época en sus padres y demás familiares, con el hecho cierto de la más auténtica venezolanidad de estos dos muchachones caraqueños, quienes siempre y de acuerdo a sus valores, su educación y sus costumbres, puedo decir que son más criollos que el Topocho, la “Maizina”, el “Chiguire Espicillao” y el Pabellón.

Aclarado esto último, me imagino a estos mozalbetes, quienes en el período descrito habrían de vivir entre sus 10 a sus 24 años, respectivamente, siendo muy influenciados por esa vorágine social, cultural y política que representaron esos convulsos años 60´s, claro está  que con sus variantes tropicales en Venezuela.

Henry, amante de las corrientes musicales juveniles del momento, rockero por naturaleza, admirador de The Beatles, John Lennon, Paul McCartney, George Harrinson, Rolling Stone, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Bob Dylan y The Who. Hoy, en sus 60 primaveras, me lo imagino circulando con su grupo de amigos motorizados por la ciudad de Caracas (esos patoteros que iban en grupos de 15 a 20 con sus vistosas motos Triumph Boneville). Cuantas chicas del Paraiso no habrán volteado a ver a los otrora “pavos de la cuadra” ensordeciendo y llenado de ruidos a las por entonces tranquilas calles de la Urbanización.

De esa época hay un retrato de Henry en moto, creo que en casa de mi tía Norma Gilbert, cuadro que debería ser preservado para la posteridad.

A Richard me lo imagino menos melómano con respecto al Rock, bastante más circunspecto pero de igual forma con gran pasión y amor por el baile y las fiestas de salón. Lo pienso danzando en una boda o unos quinceaños con su novia y actual esposa, Martha Pedreañez, siempre al son de un merengue o una guaracha, de esas que interpretaba en vivo la Billo´s Caracas Boy´s o por cualquiera de las afamadas orquestas de salón de los años sesenta. Es de suponer que este morocho cantaba y se sabía “de cabo a rabo” canciones de Memo Morales, Cheo García y José Luis Rodríguez.

Claro está que también que los veo compartiendo gustos por otros artistas como Simón & Garfunkel, Elvis Presley y Frank Sinatra, así como escapándose de casa de mis tíos abuelos para ir a conciertos de grupos venezolanos como Los Dart, Los Impala, Los 007, así como de otras buenas agrupaciones venezolanas que versionaban las canciones de las más afamadas bandas musicales británicas y estadounidenses de la época.

Me imagino que el movimiento “Hippie” debe haberlos influenciado de distintas maneras y que incluso la Guerra de Vietnam, la Revolución Cultural China, así como los asesinatos de Patrice Lumumba, John F. Kennedy, Malcolm X, Marting Luther King, Ernesto Ché Guevara y Robert Kennedy, despertaron su respectivas curiosidades políticas y les hizo profundizar en la ideología de vida que asumieron cada uno individualmente, de las cuales nunca hemos conversado ni me parece pertinente ventilar en este espacio, sobre todo en un país donde el sólo tocar el tema daña cualquier conversación y/o celebración.

Es al salirme por un instante de ese sueño narrativo por el que mi mente juguetona se paseo en solo instantes, que me doy cuenta que realmente estaba asistiendo a una celebración estilo años 60, si, un cumpleaños de dos tíos muy queridos a los que poco puedo ver dados los compromisos y lejanías que esta vida moderna e inmediatista nos impone a los seres humanos.

Eran ya más de las 09 de la noche y para variar yo llegaba tarde al festejo de la sexta década de vida de ambos. Entre el ruido, la música y el titilar fulgurante de las luces, apenas si los pude saludar y felicitar. Estaba buscando a un hombre de melena rebelde y a otro barbudo al estilo Ché, intentaba pedirles “la bendición”, pero en contrapartida me topé con 2 seres de aspecto cortés y por demás educados que en su grisácea y blancuzca cabellera, respectivamente, me indicaban que ya habían pasado 30 años desde aquel 1981, en el que como los recordaba a mis 7 años, les veía, siempre en el marco de una recepción familiar, en el esplendor e ímpetu de otros tiempos.

Algunos se preguntarán, ¿y es que acaso nunca compartieron otos momentos antes?, pues les digo que si hemos compartido en el transcurrir de mis 37 años muchísimos otros momentos, pero justo ese 23 de julio de 2011, a mi mente le había dado por preservarlos en una burbuja del tiempo, retrotrayéndome por 30 años atrás en la historia.

Ya de vuelta en la fiesta, contagiado con el ambiente, el cariño familiar, el buen licor y los excelentes pasabocas que mitigaron el hambre de un trayecto carretero de 1 hora y pico desde El Tocuyo, percibo que en buena parte de esos treinta años en que se quedó esa burbuja de los recuerdos, habían procreado y criado a varias personitas que hoy ya son una realidad dentro del relevo generacional y el legado de nuestra familia.

Por un lado, volteaba y miraba a dos bellísimas y jovencísimas mujercitas, excelentes profesionales y mejores amigas, ambas con una actitud voluntariosa, servicial y de amor al padre que poco se ve en estos días. Por otro lado observaba a 2 “pichurritas”, a las que recordaba corretear y jugar en el balcón de un apartamento de las Residencias 2000, en el Paraiso”. Al instante me preguntaba ¿En que momento se transformaron en mariposas estas crisálidas?. Con la respuesta me emocioné y me sentí orgulloso de que esas “primis”, a sus tan cortas edades, hayan organizado (con la inestimable ayuda de mi tía Martha), una celebración tan única y especial.

A Mariely y Maholy Gilbert, quienes todavía siguen siendo para mi esas 2 “niñitas muñequitas” de la 2000, mis más sinceras felicitaciones, reiterándoles siempre mi más absoluta admiración y respeto por como son y por lo que van logrando. A Henry hijo (Henry John), pensaba verlo para tomarnos unas chelas, pero entiendo que esos mismos compromisos, responsabilidades y lejanías que la vida de hoy nos impone, no le permitió estar presente para celebrar la ocasión. De igual manera recibe un abrazo, el cual ya te hice llegar a través de tu padre.

Debo decir ahora, que el motivo de la fiesta en si poco ayudó a que mi mente se tranquilizara y dejara de volar. Con tantos disfraces me fui de 1981 a 1961, y juro haber visto en esa fiesta a Jackeline Kennedy, siempre buscando a su querido John Fitzgerald, el que se le había perdido tratando de cazar unos tequeños por ahí. Demás está decir que le fue difícil encontrarlo, ya que en el el interim del “sarao”, el martirizado expresidente estadounidense se echó un estirón de casi 2 metros. Solo pudo reconocerlo al ver que le estaba dando un severo regaño a John Lennon, quien gritaba y correteaba con cada concurso realizado, encargándose siempre de hacerle la noche imposible a la moderadora de la fiesta (Fuerte abrazo a mis compadres Hugo y Sonia, así como un “Big Five” a huguito, siempre tan alegres y tan almas de toda recepción).

Mención especial tiene la Miriam Makeba, Donna Summer o Diana Ross de la noche, tenía un parecido a las tres divas. Como siempre lucía imponente entre plumas y lentejuelas (en este caso en piel de tigresa). Esa muchachita no tiene compón, es pura intensidad, pasión y hormonas, las mismas con las que no dio respiro a este pobre cuerpecito en toda la noche, tanto así que del ajetreo danzante al que me sometió, rebajé kilo y medio solo en un ratico.

Del férreo control que me impuso a quien la familia le ha adjudicado el gran “vainon” de compararla con el que escribe esta nota (pobrecita mafer, tu eres mucho mejor persona), recibí varios jalones de orejas y regaños ya que debido a ello no pude bailar con otras primas, tías y demás familiares. Como se dice en el argot del twitter #Fail por eso, pero Mariafernanda Cruz Gilbert sabe que es culpa de ella y no mía.

Gracias aparte debo dar a la Niñita de la “Casa de la Pradera”, quien fue mi cómplice en el concurso de corredera y baile en el cual quedamos subcampeones. Esta próxima Ingeniero se las trae y de seguro estoy que se va a perder de vista. Claro, como buena hija de Jackeline Kennedy, nunca perdió el glamour, la elegancia y sobriedad que le caracteriza. Esta prominente empresaria me hacía guiños indicándome que en su dirección era que debía correr para cumplir con las reglas del juego que casi ganamos.

“Nani”, se nos interpusieron Liselotte y Chuo, pero en otra oportunidad de seguro ganaremos. Por cierto, ya casi se me olvidaba, ese disfraz tuyo también estaba perfecto (Mariadaniela “pequeña niña” Medina Gilbert “de la Pradera”), lo que pasa es que es que a pesar de haber interactuado en el concurso, ni hablar o bailar pudimos, ya que “mafer” de broma y me dejó comer la ensalada de gallina.

En todo caso, me alegro de haber podido asistir a esta celebración, esa que con disfraces, buen humor, calidad familiar y muchos otros detalles, se celebró para homenajear los 60 años de los hermanos Henry y Richard Gilbert. A sus organizadoras les reitero de nuevo las felicitaciones, y a mis padres, tíos, primos, sobrinos y demás allegados, las gracias por permitirme compartir con Ustedes otro mágico momento, de esos que se atesoran para el resto de la vida.

Ahhh, claro, antes de finalizar no puedo dejar de dar mil gracias a Leonardo Mieres Valladares (Mi Compadre) quien me acompañó en ese largo viaje hasta Guarilandia por ese corto fin de semana.

Esta nota fue publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo” gracias a la Herramienta WordPress para Blackberry Playbook.

The Party of the Sixties for Twins Boomers Gilbert

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Publicado por en 27/07/2011 en Curiosidad

 

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