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30 Jul

Soy de los que piensa que los tabúes hay que desmitificarlos con la finalidad de ir avanzando y evolucionando, tanto a nivel de sociedad como a nivel individual. De acuerdo a esta premisa o visión propia y particularísima, quiero tratar hoy un tema que les confieso siempre me resultó una especie de plomo en el ala, dada la manera en la que fui criado con respecto al trato, manejo y comportamiento de aquellas situaciones inherentes a los casos de infidelidad.

Las pocas veces en las que escuché referencias sobre este tema, bien fuese en el colegio, en la calle o en casa, la mayoría de las personas se referían al acto de ser infiel “como la peor traición de la pareja”. Muchos de quienes así pensaban, agregaban que “un infiel es culpable de un grave daño a la relación de pareja, ya que se supone que en una relación afectiva se tiene todo lo que (se) necesita para vivir bien.”

Hoy, a mis casi 38 años, hago un análisis retrospectivo de esas acepciones y llego a la conclusión de que los seres humanos, en la búsqueda de definir absolutamente todo, inclusive aquellas conductas más primigenias e instintivas de nuestro inocultable y arraigado origen animal, relacionamos aquello que definimos como infidelidad, fundamentalmente con los encuentros sexuales fuera del matrimonio o de una relación de pareja.

En ese sentido, así como nos hemos dado a la tarea de definir y darle conceptos al término, condenando social y jurídicamente esta acción eminentemente natural (por animal y humana), también hemos clasificado todo tipo de excusas para su justificación, esa que según los conocedores del tema no deberían darse por no ser éticas, dado el caso de que es cada vez más alto el número de personas que “incurren en este proceder supuestamente inmoral e ilegal”.

Es así como otra corriente de expertos aducen que la infidelidad responde no solo al instinto animal (sexual) sino que también puede deberse a crisis o a diversos problemas de pareja. Para ellos, el justificativo de este tipo de infidelidad se debe a que la persona infiel busca lo que no encuentra a nivel intelectual, emocional, económico o físico, en su pareja.

Si me preguntan a mí, tengo un punto de vista bastante poco ortodoxo sobre el tema, sobre el cual debo empezar indicando, como he referido en notas anteriores, que no habría infidelidad (en el estricto sentido espiritual) si se cultivase “El Amor Verdadero”, ese que no es otra cosa que una experiencia o un sentimiento interno e individual según el cual, primero debes quererte y respetarte a ti mismo, para luego poder dar amor a los demás.

Si no inculcas en ti mismo esa máxima de oro, no puedes dar amor ni estás preparado para dar amor.

En ese sentido, el crecimiento exponencial de eso que llaman infidelidad (de acuerdo a la estructura y la parafernalia académico – moral que se ha creado para ello), es directamente proporcional al hecho de que cada vez más, las personas, no habiendo cultivado su amor interno, pretenden hallarlo fuera, en otros seres humanos, algo que por lo general les crea grandes expectativas no dependiente de ellos (cuestión que obviamente al no lograr, intentan seguir buscando en terceras y múltiples parejas).

De igual forma, como también lo he mencionado en anteriores notas de este Blog, es una practica moderna que los seres humanos concibamos al amor y la relación de pareja de forma cada vez más acomodaticia e individualista (diría yo, hasta relajada), principalmente influidos bajo parámetros familiares y estándares basados en el “yoismo”, así como en la concepción de que la relación ideal es aquella en donde la proporción sea mayoritariamente para recibir y en donde las responsabilidades para con el otro pasan a un segundo plano (yo me merezco todo, tu misión fundamental es darme).

Yo he denominado este tipo de relaciones como “Los amores escapistas de nuestros tiempos”, esos que son pasajeros, poco responsables, bastante interesados y por ende inconstantes. Son amores que tienden a la infidelidad al menor síntoma de insatisfacción o al menor atisbo de incumplimiento al que hacen referencia los expertos cuando hablan de las supuestas causas que nos inducen a ser infiel.

Ante estas características, no es casualidad que los niveles mundiales de infidelidad general (la de ambos sexos), hoy en día hayan ascendido a un altísimo 66%, así como tampoco es casual que el nivel de divorcios sea de casi el 100%, en parejas con más de 9 años juntas (esto quiere decir que en los actuales momentos, casi ningún matrimonio llega a los 10 años sin terminar disolviéndose).

Las respuestas a esos indicadores alarmantes, aunque ya dichas en reiterados temas, son importante reiterarlas para que sean fijadas, ayudando así a crear conciencia en el colectivo. La poca responsabilidad, la renuencia al sacrificio, el confundir el amor con el deseo sexual y el satanizar y hacer legalmente prohibitivo nuestras conductas instintivas más básicas y ancestrales (por demás animales), en aras de dos invenciones humanas que van en contra de su esencia natural, como son el amor por contrato (el matrimonio) y la infidelidad (esa etiqueta penalizadora que juzga tu libre albedrío sexual), han incidido perniciosamente en tan lamentables números e indicadores.

Ante toda esta mezcla de factores y variables negativas, ha tomado fuerza una nueva tendencia que hace solo 10-15 años, ni las personas más liberales se imaginaban que pudiese irse consolidando y adecuando tan rápidamente a una sociedad tan restrictiva y poco tolerante con respecto a la infidelidad, como la venezolana. Esta nueva forma de enfocar las relaciones interpersonales, me refiero a las de pareja, la han dado en denominar como el síndrome de las “Relaciones Abiertas”.

Para quienes todavía no conocen el término, este tipo de relaciones se basan en la unión libre (dentro de matrimonios inclusive), donde ambas partes acuerdan tener permiso para sostener relaciones sexuales fuera del ámbito de la pareja, sin considerar esto como una infidelidad sexual e incluso afectiva.

Según diversos buscadores en internet, la relación abierta puede ser vista como “el estado intermedio entre la relación tradicional (monogamia) y el amor libre. Sin embargo, el tipo de alcances de cada una de estas relaciones esta dada y es definida por los individuos involucrados”.

Al respecto tengo mi propio concepto y valoración de esta si se quiere no tan nueva tendencia. No obstante decidí acompañar mis criterios al de otras personas con bastante conocimiento sobre el tema, como las del afamado y polémico psicólogo carabobeño, Alberto Barradas, de quien he querido tomar y parafrasear ciertas ideas, ya que ellas reflejan, de manera bastante ilustrativa por cierto, una contundente posición sobre este comportamiento de las parejas actuales.

Según el Doctor Barradas, vivimos en un mundo plagado de mensajes que permanentemente nos invitan a la libre sexualidad, motivo por el cual se hizo las siguientes interrogantes: ¿Cómo ser inmune ante el excesivo despliegue e inducción a la sexualidad?, pregunta con la que posteriormente se abrió paso a otra no menos importante: ¿Cómo seguir siendo fiel ante tal despliegue publicitario?.

Ambos coincidimos en que dado el poder de penetración de los medios de comunicación, así como el hecho de la interconexión tecnológica e informática global de estos tiempos, la figura de la relación abierta va dejando de ser una simple opción para convertirse en la moda que a las cadenas mediáticas les es importante imponer por cuestiones de intereses y mercadotecnia, algo de lo que ya he escrito en temas anteriores, algo que de igual forma explicaré en futuras notas, para no desvirtuar el sentido de esta.

Ante tal despliegue y aparataje propagandístico, así como a los cada vez mayores problemas de comunicación directa, de interrelación, de compenetración afectiva y de durabilidad en las parejas, los conceptos de lealtad, fidelidad, compromiso y unión, están cediendo aceleradamente sus terrenos ante otras formas de intercambio, si se quiere más flexibles (o menos ortodoxos), como lo son las practicas de la sexualidad abierta y las llamadas relaciones libres.

Estos conceptos, hasta hace muy poco impensables de ser asimilados y desarrollados en nuestros países latinoamericanos, comienzan a ser utilizados como una forma de entendimiento más claro y directo, e incluso menos doloroso al momento de que pueda darse una ruptura, la cual es por lo general más consensuada.

Para aquellos que hoy se resisten a tales actitudes o comportamientos (creyendo que nuestras sociedades marcadamente machistas las rechazaran por catalogarlas de inmorales, de faltas de ética o sin atisbos de educación), les informo que su oposición no indica que este tipo de conductas no vayan a ser socialmente aceptadas en el mediano plazo (cuidado si no antes).

Para sustentar la factibilidad de la pronta aceptación y reconocimiento de las relaciones abiertas, me puedo basar en el caso de la evolución de los derechos de los homosexuales, a quienes hasta hace muy poco se les discriminaba, sufriendo todo tipo de intolerancia de esos mismos sectores “notables y conservadores” que hoy también satanizan estas nuevas conductas entre las parejas.

Interrelacionando el símil y haciendo un paralelismo, así como hoy en día los homosexuales son plenamente aceptados y con sus derechos reinvindicados (nos guste o no), en un futuro muy cercano las relaciones abiertas pueden correr con la misma suerte. Si como les indiqué al principio de esta nota, el 66% de la población ha sido, es o será infiel pronto, entonces ¿Por qué no sincerar posturas y acciones evitando con ello hacer un mayor daño al traicionar o ser desleal con la pareja?. ¿No les parece que ante tanta falta de fidelidad, declarar una relación como abierta plantea una decisión más evolucionada y representa una acción mas honesta?

En este punto debo citar de nuevo al Dr. Barradas, quien indica que “las relaciones abiertas al ser consensuadas no se pueden ver como un acto infiel”…..quien además agrega que: “lo que sí es debatible es si estas son comprometidas o no”. El parte de la base de que quienes practican las relaciones abiertas asumen que aman a su pareja y que el asunto siempre gira en torno a como es ese amor.

Según este polémico pero no menos pre-claro psicólogo, debido al alto grado de infidelidad en las parejas, las relaciones abiertas solo buscan sincerar y hacer público lo que comúnmente hacen las personas en privado. Siendo así, puede concebirse este tipo de relaciones como una manifestación de una sociedad que si bien regula y sanciona hasta las cosas más naturales, comienza a dar pasos importantes en la búsqueda de deslastrarse de tantos arcaísmos y anacrónismos, intentando con ello ser menos hipócrita, reduciéndole los espacios a la doble moralidad histórica de sus pináculos, abriéndose a una mayor honestidad a pesar de que pueda cuestionarse el exceso de libertad que estás relaciones abiertas puedan plantearse y que se puedan confundir con libertinaje.

Si lo intentamos ver desde esa óptica, el tener una relación abierta en definitiva debe incidir en la reducción de los índices de divorcios por infidelidad, claro está, ello no quiere decir que ese hecho vaya de la mano o esté ligado al aumento de la felicidad en la pareja. Puedo incluso afirmar que esto último tiene que ver más bien con el tipo de formación y enfoque que le de cada sociedad a algo tan interno y tan personal como lo es la interrelación entre el amor y la felicidad.

En base a esto, y a lo observado en diversos viajes, así como en la interacción con grupos de parejas de diversos países, soy de la opinión de que las Relaciones Abiertas son mayormente aceptadas, o menos resistidas, por aquellas parejas y matrimonios anglosajones y de la Europa Occidental (couples and Marriages in a free Relationships), las que incluso ya tienen tiempo viendo en estas prácticas ciertos elementos dinamizadores y revitalizadores de sus relaciones, no así en nuestros países latinoamericanos y en otros del tercer mundo, donde el aspecto religioso, las culturas patercentristas y el influjo del machismo acentuado hacen menos permeable tales conductas.

Es en nuestras culturas donde la relación abierta compone un grado altísimo de desaprobación a los valores tradicionales. El necesario rompimiento con esos valores y la creación de otros nuevos, aunque será algo complejo y dificultoso, como bien dije antes, terminará por ser internalizado y aceptado, como ya de hecho lo han hecho esas otras sociedades más pragmáticas que prefieren la honestidad a la hipocresía social.

Las relaciones tradicionales han demostrado su fracaso, en gran medida gracias a la presión cada vez más fuerte de los “nuevos tiempos”, así como por incidencia de los llamados anti-valores, los que, a propósito o de manera involuntaria, masifican los medios de comunicación. El alarmante número de divorcios así lo sostiene, es inocultable y por ende lo deja reflejado como un hecho innegable.

En cambio, en las relaciones abiertas el amor pareciera estar supeditado al deseo sexual y a la satisfacción libre, para lo que debe haber un comportamiento consensuado entre ambos miembros del acuerdo. En este tipo de relaciones, las parejas se reconocen mutuamente su lado e instinto animal, permitiendo así el hecho natural de la sexualidad “no monógama”, dejando intacto el amor y la afinidad mutua en otras muchas áreas que también son importantes en un matrimonio o relación amorosa.

En ese sentido, el que en este tipo de relaciones una de las parejas o cónyuges acepte que el otro sea abierto sin serlo el mismo, implica una desaprobación interna que en algún momento acaba con la relación. Claro está, la ruptura es menos dolorosa porque no se basa en una MENTIRA o TRAICIÓN, como si lo es en el caso de la acción con un tercero oculto al matrimonio, lo que llamamos infidelidad.

A aquellas personas, que como yo hasta hace poco, se consideren puristas del amor de parejas, les digo que no se puede vivir una relación abierta si en el fondo se es territorial (celoso, apegado, tradicional). En tal sentido, si posees esa características, de aceptar una relación abierta te estarías traicionando a ti mismo y por ende estarías abonando el camino hacia tu propia infelicidad.

En la era de la legalización del matrimonio homosexual, del cambio de sexo y otros estatus inherentes al ser humano, la relación abierta es solo una expresión más. Si aceptan que se unan personas del mismo sexo, ¿Por qué no aceptan que se puedan tener varias parejas?. Si se trata de cambiar de paradigmas, pues el cambio debe ser general, integral.

Es un acto hipócrita asumir que cada quien hace con su vida lo que desee y luego salir vociferando en contra de las relaciones abiertas. Si te casas prometiendo fidelidad y luego eres infiel, estás igualmente traicionando a quien le hiciste esa promesa, así no se entere. En la relación abierta por no existir tal promesa, no hay infidelidad.

Todo el mundo habla de la majestuosidad de la fidelidad, pero el 66% de infieles en el mundo pareciera decir que no acompañan con sus actos tales necedades morales. Por tal motivo creo que las Relaciones Abiertas, siendo un enfoque menos perfeccionista y más tolerante, se acerca cada vez más a lo que el hombre busca del prójimo cuando de sexo, cierta compatibilidad y honestidad se trata. Es al día de hoy lo más parecido a aquel anhelo histórico del ser humano de acceder a la libertad sexual plena.

En conclusión, para mi, tanto la infidelidad como la monogamia, son 2 conceptos que no tomaron en cuenta nuestra propia esencia imperfecta (por humana), y peor aún, obviaron totalmente la naturaleza animal de esos actos, los cuales están tallados en los más intrínsecos caracteres de nuestro ser. En ese sentido, el concepto de las Relaciones Abiertas viene de una u otra forma a reconciliar y acercar posturas entre dos visiones totalmente opuestas y antagónicas.

En fin, estamos ante nuevas conductas, prácticas no convencionales de las que deberíamos por lo menos documentarnos más. Así que les sugiero que traten de reflexionar sobre sus convicciones y se preparen para asumir que hay ciertos paradigmas que se están rompiendo con inusitada rapidez, los que por ser de índole afectivo, interpersonal y familiar, lo más seguro es que de entrada te generen no pocos rechazos, tanto individuales como sociales.

Yo ya me estoy preparando, comprendiendo e internalizando.

Está nota fue publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo” gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Playbook.

La Infidelidad Vs Las Relaciones Abiertas

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Publicado por en 30/07/2011 en Culturales, Curiosidad, Opinion

 

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