RSS

Conexión con el Arcoiris

24 Ago

No tengo título al momento de escribir esta nota, tampoco tengo un tema en específico, solo la necesidad imperiosa de escribir, ese ardor o comezón que con el pasar de los párrafos te calma, serena tus temores, enfoca tus ganas, aclara tu mente y perfila tus metas.

Me pidieron que hablara de Jorge Luis Borges, hoy de aniversario, sugirieron que diera mi opinión sobre el desenlace de los acontecimientos en Libia, nación desangrada y arruinada tras una cruenta Guerra Civil que tiene en frente de sí un futuro incierto. Otros recomendaron que siguiese en la onda deportiva de dos de mis tres últimos artículos y que diese mis pronósticos sobre la cada vez más próxima temporada del béisbol venezolano. Muchos otros, por el contrario, me pedían que retomase la onda de la Programación Neuro Lingüística (PNL), pero sin embargo, a pesar de los buenos temas que pidieron tratar, de sus acertadas recomendaciones, a mi psiquis no le apetecía ser tan formal y quiso divagar por un rato, escribir sin sentido a ver que salía, a ver como me sigo descubriendo, algo que por cierto también es muy válido como técnica Neuro – Inmuno Lingüística.

Mi mente quería enfocarse, casi que de inmediato, en un corte de carne de esos que en los llanos centrales venezolanos denominan como “Copa de Cerdo”, deliciosa y suave carne de lechón que hace aguas hasta el más refinado paladar. Al fondo, mientras el hambre me hacía más vivo el recuerdo de tal manjar, sonaba una melodía que me indicaba que justo en ese momento necesitaba más urgentemente de una “Conexión con el Arcoiris”, como aquella canción del gran cantautor estadounidense, Jason Mraz, esa que estaba de fondo pero que perfilaba acertadamente ese “Rainbow Conexión”, “a especially Flat Lands Rainbow Connection.”

Sin duda alguna que si me pudiera conectar con ese fenómeno visual me estaría nutriendo más que con un simple almuerzo. A eso se le llama necesidad de alimentar el plano interno, de llenar el alma. Es cuando se debaten en ti dos hambres, la física versus la espiritual. Ansiaba saber que es eso que está al otro lado del Arcoiris, ese que para muchos es solo una visión, una ilusión óptica, pero que en mi concepto (tal vez producto del hambre), si bien es un halo de luz multicolor, también es un puente transparente, ese que nunca te oculta nada de sí a excepción de lo que está más allá de su alcance, de lo que no está expuesto a la vista.

Al igual que como lo hace el cantante estadounidense, siempre me he preguntado porque es tan sorprendente un Arcoiris si es tan sencillo de explicar como se forma con base al raciocinio de un científico. Tal vez sea el hecho de que se pueda mirar pero que no se pueda tocar, como en el caso del amor platónico, ese amor anhelado que está siempre más allá del alcance o que más bien pueda ser imposible producto de una prohibición expedita.

El más reciente que había visto, apareció majestuoso a unos pocos kilómetros de los “Esteros del Llano” en la vía a Camaguan y a San Fernando, entre los estados Guárico y Apure. Ahí estaba, siempre tan inesperado, excelso y colorido como un encuentro desprevenido y casual con una mujer hermosa, así como aquel otro fortuito que sostuve unas horas antes con una bella y desconocida señorita de rasgos árabe-franceses, una princesita surgida como de la nada en uno de esos bazares comerciales que montan “los turcos” en las céntricas y calurosas calles de los pueblos de nuestro país, en este caso, en ese horno guariqueño y cuna de mi madre que lleva por nombre “Villa de Todos los Santos de Calabozo”.

Rosalinda – Arcoiris, Arcoiris – Rosalinda, seguía divagando, me pedían hablar de la familia pero no hay caso, no era día para ello. Mi mente solo quería flotar y me decía que me mantuviese optimista y ocupado que en algún momento alcanzaría las simientes de ese halo de luz multicolor, la verdadera conexión con el arcoiris, aquella que solo está reservada para los amantes, para los soñadores, para los perseverantes, y ¿Por qué no?, hasta para mí, claro está, siempre en el caso de que pueda estar bien enfocado en lo que quiero y que haya hecho las modificaciones necesarias así como los cambios de conducta requeridos para lograrlo.

Ya ante la disyuntiva orgánica de ir a comer o seguir aquí, me decidí por tomar un buen pedazo de “Acemita Tocuyana”, ese pan suave, dulce y con cubierta de papelón tostado, al cual le coloqué dos trozos de queso de cabra, el que a su vez puse a hornear por pocos segundos y lo acompañé de una conserva de piña y coco, plato con el que en vez de almorzar tarde hice una especie de merienda al más puro estilo larense, merienda que me permitió seguir concentrado en este desvarío convertido en nota, en este carrusel de ideas y letras que se trasegan en la montaña rusa de mis emociones para arribar al punto de llegada en el que si bien algunos calman la adrenalina que les produjo el bamboleante viaje, yo utilicé para afinar y darle luz a esta nota.

Mientras engullía el snack, justo cuando traté de imprimirle corazón y mente al amasijo disvariante a ver si Dios me concedía esa “Conexión con el Arcoiris” de la cual les escribía unos párrafos atrás, percibí que la experiencia musical que produjo la canción “Fly Me to the Moon”, versionada también por Jason Mraz, que mezclada con la explosión de los sabores dulce y salado del bocadillo, así como los del postre tradicional venezolano, podían hacer en mí las veces de ese estado de felicidad que se debe sentir al conseguirse el tesoro que dicen los duendes irlandeses que hay al final de un Arcoiris.

En ese instante le di las gracias a Dios Todopoderoso, al ecuménico, a ese que no tiene rostro ni viste con base a las creencias de una cultura en específico, a esa maravillosa energía universal inmensa en sabiduría, ya que por su conducto pude percibir ese pequeño detalle del que no me daba cuenta, le agradecí infinitamente porque me dio a entender que siempre que lo visualice internamente, lo adapte a mi ser y a mis requerimientos, veré y tendré la conexión con lo verdaderamente importante, incluso con él. Al instante me hizo comprender en la interrelación que hay entre un bocado y una buena canción, que la dicha está en las cosas sencillas y que para conseguir ese estado de armonía plena debo tener claro que para ver las riquezas que están detrás del Arcoiris, primero debo apreciar en su justo valor aquellos pequeños detalles y momentos fundamentales (por cierto, ninguno de ellos materiales, como tampoco es material su presencia y su grandiosidad).

Cuando terminé de escuchar la canción, que en español se traduce como “Vamos a la Luna”, “llévame a la luna”, no sé, como mejor prefieran interpretarlo, me encontré con que justo ese había sido el sitio al que me transportó la interpretación con sus líricas, algo coincidencial y que no tenía previsto usar como influencia para intentar escribir la nota. Otra prueba más de que cuando lo pides sinceramente y desde adentro, él te responde, te aclara, coloca un halo de luz, “un Arcoiris” que guíe el camino correcto a seguir. Gracias Dios, Gracias Señor, Gracias Jesús, Gracias Buda, Gracias Gandhi, Gracias San Francisco de Asís, Ustedes hicieron posible que me organizara para que surgiera este escrito, esta “Conexión con el Arcoiris” .

Anuncios
 
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: