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Escape a la Victoria….20 años después.

05 Sep

Su estrenó fue en 1981, su título original en inglés fue “Victory”. En España la tradujeron como “Evasión o Victoria” y para América Latina fue subtitulada como “Escape o Fuga a la Victoria”, nombre con que en la infancia conocí por primera vez esta gran historia de la vida real llevada al cine.

Esta obra del cineasta John Huston estaba interpretada por Michael Caine, Sylvester Stallone, Max von Sydow, Daniel Massey, Tim Pigott-Smith, Julian Curry, Clive Merrison y Maurice Roëves. De igual forma contaba en su repertorio con la actuación de grandes estrellas del fútbol mundial como Pelé, Bobby Moore, Osvaldo Ardiles, Paul Van Himst y Kazimierz Deyna.

La película, que como les indiqué al principio estuvo inspirada en un hecho histórico que luego sería conocido como “El Partido de la Muerte”, aunque con una trama algo alejada de los verdaderos acontecimientos, tenía los ingredientes necesarios para impulsar en un niño de 7 años, valores como el del orgullo (bien entendido por supuesto), pero por sobre todo, importantes elementos para proveerle del buen ejemplo de nunca ceder o bajar la cabeza ante las vicisitudes, por más duras que estas fuesen, principalmente cuando se trata de defender la dignidad o de luchar por las causas justas.

Según la trama, establecida cronológicamente hacia el año 1943, en el campo de concentración de Gensdorff, Ucrania, un oficial alemán ve a unos prisioneros jugar al fútbol, lo que le hace recordar sus tiempos como futbolista antes de la guerra, lo que a su vez también lo lleva a organizar un encuentro entre una selección de futbolistas alemanes y los prisioneros del campo de concentración.

En el film, estos prisioneros que supuestamente provenían de varios paises “aliados”, en un principio se negaban a jugar, pero luego, comprendiendo que el partido podía ser una ocasión única para evadirse, terminan aceptando el reto. En el largometraje, el juego se celebra con muchos sucesos adversos al equipo de los reos y al descanso, momento en el que estos pensaban fugarse, el marcador se encontraba favorable a los alemanes.

Hoy, a 20 años de haberse proyectado por primera vez la película, en memoria de los verdaderos y valientes jugadores que la inspiraron, voy a publicarles aquí en “El Blog de Gustavo”, la verdadera historia que dio origen a la versión hollywoodense de John Huston.

Primero los adentraré en los sucesos que desembocaron en “El Partido de la Muerte”, ese que se llevó a cabo en San Petersburgo, Rusia, el 09 de agosto de 1942, entre el F.C. Start, un equipo mayormente integrado por ex jugadores del F.C. Dinamo de Kiev Vs el Flakelf de la Luftwaffe (Fuerza Aérea Alemana), el más potente equipo teutón de la época, que estaba compuesto por los mejores jugadores del ámbito militar germano. Eran momentos convulsos y de ocupación militar por parte del III Reich alemán en diversos paises de Europa, a Ucrania le había tocado su turno el 19 de septiembre de 1941, cuando tropas del ejercito nazi entraron a la ciudad de Kiev sometiendo a la población de forma despiadada y cruel.

Al pasar de los días, se implementó el consabido plan de confiscación de bienes y restricción del trabajo que los alemanes le imponían a los países que invadían, produciendo como en otros Estados, una ola de desaprobación y lucha que desembocó en la prisión de quienes se resistieron a tales medidas, a quienes no solo encerraron, sino que torturaron, vejaron y mancillaron enviándolos a distintos campos de concentración, para luego liberarles de forma humillante.

Entre las personas que padecieron tal infortunio se encontraban aquellos jugadores de la liga local ucraniana que no pudieron ser enrrolados en el ejército ruso, quienes afectados por la ya citada confiscación de bienes y sin poder trabajar, eran parte de la inmensa lista de indigentes que pululaban por la ciudad de Kiev.

Josef (losif) Kordik, ciudadano alemán que comenzó a encargarse de la administración de la panadería en que trabajaba luego de la ocupación nazi, a quien además le encantaba el fútbol y era fanático del club Dínamo de Kiev de la capital Ucraniana, en uno de sus recorridos por la calle via a su trabajo, miró sorprendido a un pordiosero del que se dio cuenta de inmediato que era su ídolo, el gigante portero Nikolai Trusevich, quien hasta que se interrumpió la liga local a causa de la guerra, había sido el guardavallas titular y máxima estrella del conjunto de la capital.

Sin pensarlo dos veces, sin importarle los graves riesgos que corría y engañando a los oficiales nazis, el comerciante alemán contrató al arquero Trusevich para que trabajara en su panadería como barrendero. Con este gran gesto, solo con ofrecerle trabajo, comida y techo, el panadero alemán estaba salvando a Trusevich de una muerte segura en la indigencia. El alemán Kordik, además de mitigarle los sufrimientos que le causaban las tropas de su país, se sentía emocionado de poder ayudar a quien había sido por años la estrella de su equipo favorito. Las charlas entre ambos siempre giraban en torno al fútbol, ocasión que Kordik aprovechó para sugerirle a Trusevich que buscara al resto de sus compañeros y de esa forma poder ayudarlos.

Aunque la sugerencia podía entenderse también como una forma de obtener empleados a muy bajo costo, al arquero le pareció una buena oportunidad para salvar vidas, más aún la de amigos y colegas, por lo que de buen animo decidió recorrer las ruinas de la devastada ciudad de Kiev en la búsqueda de algunos sobrevivientes. Entre heridos y mendigos fue encontrando, uno a uno, a varios de sus ex compañeros en el Dínamo tales como: Makar Goncharenko, Mykola Trusevych, Mikhail Svyridovskiy, Mykola Korotkykh, Oleksiy Klimenko, Fedir Tyutchev, Mikhail Putistin e Ivan Kuzmenko, así como a otros tres futbolistas del clásico y enconado rival de ciudad, el F.C. Lokomotiv: Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Mielnizhuka, a quienes también rescató y llevó a trabajar con él a la calle 3.

Así, en pocas semanas la panadería pasó a contar con más de una decena de nuevos empleados. Lo que no sabían los perpicaces, agobiantes y super vigilantes policías alemanas de la zona, es que en vez de empleados, su compatriota Josef Kordik mantenía escondidos en su negocio a todo un equipo completo de futbolistas disfrazados de trabajadores y panaderos. El amor por el fútbol hizo que el ahora dueño de la panadería convenciera a sus nuevos empleados de volver a jugar, idea que aceptaron, además que por agradecimiento hacia su nuevo jefe, también por el hecho de que aparte de escapar de los nazis, lo único que podían y sabían hacer era jugar al fútbol.

De igual forma, la mayoría de ellos habían perdido a sus familias a manos del ejército alemán, por lo que el fútbol era lo único que tenían, era el elemento en común que les recordaba un pasado mejor, era el bastión de dignidad que les quedaba en la memoria de aquello que alguna vez fueron.

Por eso, y por otras cosas más, decidieron aceptar la propuesta de Kordik, hecho que se constituyó en el nacimiento del F.C. Start. Los Nazis, como en cada país en que tenían el absoluto control, organizaban torneos para brindar entretenimiento a la población, situación por lo que no es difícil suponer que a Josef Kordik le fue muy fácil meter a su recién creado equipo dentro de la competición de los teutones en Ucrania, más aún valiéndose de su nacionalidad alemana.

Es así como en el torneo de 1942, en el que participaban seis equipos (cinco de ellos representantes del ejército de ocupación), el F.C Start jugó su primer partido de la liga que estaba dirigida por el colaboracionista Georgi Shvetsov, un ex jugador de fútbol e instructor deportivo altamente relacionado con las cúpulas del Tercer Reich en suelo ucraniano. El encuentro se realizó el 07 de junio de ese año y como primer rival tuvo al Rukh, el equipo favorito de Shvetsov. Ese primer partido del equipo de la panadería, único conjunto que contaba con jugadores puramente ucranianos (todos de Kiev, para ser exactos), lo ganaron ataviados solamente con botas y bragas de trabajo recortadas.

Pese a estar hambrientos, haber trabajado durante la noche anterior y no poseer la indumentaria de juego apropiada, vencieron 7-2 al contendiente favorito del presidente de la liga. Su siguiente rival fue el equipo de la guarnición húngara, soldados colaboradores del régimen nazi a los que también derrotaron facilmente con pizarra de 6 goles a 2, el 21 de junio de ese año.

Posteriormente, el 05 de julio de 1942, se enfrentaron al equipo de la guarnición de soldados rumanos, combinado al que le propinarían la goleada más abultada entre los siete juegos que realizarían en su corta existencia. El F.C. Start les venció con un humillante 11-0, hecho que hizo incrementar la popularidad del conjunto y que además avivó las expectativas de ver jugar a los Start contra un equipo puramente alemán.

Antes de que el juego con un equipo del Tercer Reich se llevara acabo, los nuevos consentidos de Kiev golearon despiadadamente a otro equipo conformado por los trabajadores del ferrocarril militar. El resultado final de ese encuentro fue de 9 goles a 1. El tan ansiado partido con los jugadores teutones se llevó a cabo el 17 de julio de 1942, día en que enfrentaron al PSG alemán, al que derrotaron con una contundente y nueva goleada de 6-0. Aplastante victoria de los Start, quienes así mancillaban el honor de los “muchachos arios”.

Luego de esta vapuleante derrota, los dirigentes nazis comenzaron a incomodarse por la creciente fama de este grupo de “panaderos”, situación que les impulsó a buscar un rival más fuerte y profesional que terminara con el atrevimiento del equipo ucraniano. Para ello invitaron al equipo MSG-Wal de la liga húngara, combinado profesional al que dieron la misión de defenestrar a la nueva sensación de las masas en Kiev.

El primero de los juegos se realizó el 19 de julio de 1942, encuentro en que el F.C. Start terminó venciendo holgadamente a sus rivales con tanteador de 5 a 1. Un nuevo juego entre ambas escuadras se realizaría dos dias después, el 21 de julio, día en que los Start volvieron a ganar, ahora con un estrecho marcador de 3-2.

Estas dos últimas victorias se unieron a las anteriores, situación que molestaba a los jerarcas del ejército invasor alemán, quienes ya sentían los éxitos de estos panaderos como una gran afrenta a su orgullo deportivo. Estaban dispuestos ha acabar de una vez por todas con el equipo de la calle 3, en gran parte debido a su inusitada popularidad y su cada vez más arraigada fama, esa que inflaba de orgullo no sólo a la ciudad de Kiev sino a la nación entera, algo que no veían bien en su proceso de subyugamiento del pueblo ucraniano.

Convencidos de su superioridad, los alemanes enviaron al que consideraban el mejor exponente del fútbol de su nación, al renombrado equipo de la Fuerza Aérea que estaba compuesto de puros miembros del “Flakelf”. Este conjunto fue muchas veces utilizado como instrumento de propaganda política por parte de Adolf Hitler. Ya en el juego, el supuesto gran equipo alemán fue humillado por el que consideraron como un modesto equipo de desnutridos deportistas. Sucedió lo impensable para los teutones, el F.C. Start destruiría al orgulloso y supuesto super-atlético equipo con otro contundente 5 a 1. De este partido, casi nada se sabe y hay muy poca documentación, algo que hace presumir que las autoridades alemanas de esa época decidieron borrar cualquier vestigio de tal afrenta.

Luego de la escandalosa caída del equipo que estaba llamado a reivindicar el orgullo del Tercer Reich, los alemanes descubrieron que el panadero Josef Kordik había hecho pasar a ex-jugadores profesionales ucranianos como simples empleados panaderos. Como de seguro habrán imaginado, desde Berlín se dio la orden de matarlos a todos, pero los oficiales nazis en Kiev no se contentaban con eso, no querían que la última imagen de los ucranianos fuera de victoria. Sabían que matándolos convertirían a los jugadores de Kiev en héroes y para Alemania tal situación representaba un hecho que podría dar una imagen internacional de debilidad y derrota, dos factores por demás perniciosos para su aparato propagandístico.

Siendo una obsesión para el gobierno alemán la supuesta demostración de “la superioridad de la raza aria”, decidieron que antes de fusilar a los jugadores del equipo ucraniano, debían ganarles en la cacha a como diera lugar. Ante tal situación, con un ambiente extremadamente caldeado y hostil, que mezclaba y se confundía en el nacionalismo exacerbado de parte y parte, las autoridades alemanas anunciaron y organizaron la llamada “Gran Revancha”, la cual se realizaría en campo neutral, el 09 de agosto de 1942.

Fue en el Estadio Zénit de San Petersburgo, Rusia, en donde se efectuó el fatídico encuentro que dio origen a la famosa película de Hollywood. Previo al partido, un oficial de la Waffen-SS alemana entró en el vestuario y les dijo en ruso a los jugadores: ‘Soy el árbitro, deben respetar las reglas, saludar con el brazo en alto en honor al Fuhrer y gritar ¡Heil Hitler!’. Los futbolistas del F.C. Start saltaron a la cancha y si alzaron el brazo, pero en vez de hacer el típico saludo alemán a Hitler, se lo llevaron al pecho gritando ¡Fizculthura!, una proclama a la cultura física y al deporte en su sana práctica.

Como era previsible, el árbitro hizo caso omiso a las reiteradas faltas del equipo de la Flakelf, el cual aprovechándose de ello avanzó rápidamente hacia la portería del F.C. Start a punta de patadas y agarrones.Tanta fue la rudeza de su juego que Trusevych, el portero ucraniano, recibió una patada en la cabeza de un delantero alemán que lo dejó atontado. Mientras eso sucedía y el portero ucraniano intentaba levantarse del salvaje zapatazo, el equipo alemán anotaba uno de sus tantos.

No obstante los hostiles obstáculos y el hecho de que el conjunto teutón se adelantara en el marcador, el equipo de Kiev no perdió la calma, actitud que les dio inmediato resultado ya que a los pocos minutos el F.C. Start anotaba un gol de tiro libre, obra del jugador Kuzmenko.

El equipo Flakelf, con el colegiado a su favor, planteó un juego sucio yendo siempre al cuerpo en vez de a la pelota, halando la camiseta de los adversarios, haciendoles faltas por detrás, agarrándose de cualquier ardid para así obtener la pelota y con ello el resultado. A pesar de todo eso, Goncharenko marcaría el segundo gol para los FC Start cuando esquivó con la pelota a los defensores alemanes y metiendo el balón de nuevo en la red del equipo contrario. Increíblemente el combinado de Kiev se iba al descanso ganando 2-1, en contra de lo que tenían previsto los árbitros del Tercer Reich.

Con tal resultado en la pizarra, las altas autoridades alemanas que se encontraban en el recinto quisieron que en el entretiempo se le hiciera una ‘visita técnica’ al camerino de los jugadores ucranianos, esto con la intención de amedrentarles y advertirles, entre armas y fusiles, que en caso de que intentaran ganar el juego, serián asesinados por fusilamiento.

Los jugadores, que en principio se dejaron llevar por el miedo decidiendo no salir a jugar el segundo tiempo, luego de reflexionar por un rato, de recordar a sus familiares, los crímenes cometidos y que se seguían cometiendo en casi toda Europa por sus captores, pero por sobre todo, viendo a esos miles de rostros sufridos que los alentaban desde las tribunas, terminaron por salir a la cancha para la reanudación.

La segunda mitad fue casi un infierno, el equipo de la ciudad marcó 3 goles y los alemanes descontaron con 2 más. Ya casi finalizado el partido, el F.C. Start se encontraba cómodo con un inmejorable resultado de 5-3, cuando se suscitó la jugada que tal vez sentenciara la historia de los integrantes del equipo de la panadería de la calle 3. El defensor Klimenko tomó la pelota, regateó a la defensa del equipo alemán, quedó mano a mano con el portero del Flakelf, al que por cierto sorteó facilmente para quedar solo frente al marco, y cuando todos esperaban el sexto gol, en lugar de patear la pelota al arco se dio media vuelta y regresó jugando con el balón al centro del campo, en donde lo pateó con fuerza a cualquier parte.

Fue un gesto de desprecio, burla y superioridad total por parte del jugador ucraniano, quien con esta acción enardeció y enloqueció a la multitud en el estadio, situación que a su vez hizo que el arbitro principal diera fin al partido antes de los 90 minutos, hecho que además motivo la represión de miles de fanáticos por parte de las fuerzas del ejército teutón. Tal fue la desproporción represiva de los militares y policías germanos que incluso los soldados húngaros y rumanos, aliados de los alemanes que ayudaban a estos a controlar suelo ucraniano, participaron de las revueltas en las afueras del estadio en contra de las arbitrariedades y la excesiva violencia en contra de los hinchas.

Extrañamente a lo que se pudiese pensar, las autoridades alemanas dejaron ir a los jugadores ucranianos como si nada hubiese ocurrido. Pero lo cierto era que esa aparente calma por parte de los dirigentes teutones no era más que una estrategia de despiste para evitar aumentar la ‘mala propaganda’ que se habían granjeado por su dura crueldad, ya que en definitiva el final de la participación del F.C. Start estaba ya prevista, decidida, escrita y sentenciada. Permitieron que una semana después de los incidentes, específicamente el 16 de agosto de 1948, el F.C. Start jugara nuevamente con el equipo Rukh, al que esta vez derrotaron 8-0.

Solo buscaban dar algo de tiempo y desviar la atención de los hinchas ucranianos.

Tras pasar varios días, presionados por la creciente insistencia de las autoridades de Berlín, la Gestapo visitó la panadería y arrestó a los jugadores que se encontraban en el local, acusándolos de ser miembros de la NKVD (el Dinamo como club había sido fundado y financiado por la policía de Kiev y el Ejército Rojo Ruso). Uno de los jugadores arrestados, Mykola Korotkykh, murió bajo tortura mientras el resto de los jugadores apresados fueron enviados a los campos de concentración en los pantanos de Syrets, actual Estonia, en donde Oleksey Klimenko, autor de aquella jugada de desplante, el portero Nikolai Trusevich, quien llevaba el uniforme del equipo al momento de su ejecución e Ivan Kuzmenko, fueron brutalmente asesinados en febrero de 1943.

Entre los supervivientes de aquel histórico juego quedaron Fedir Tyutchev, Mikhail Sviridovskiy y Makar Goncharenko, quienes no se encontraban en la panadería la noche del arresto y salvaron sus vidas al vivir escondidos hasta la liberación de Kiev, en noviembre de 1943. Estos tres ex-jugadores fueron los responsables de contar esta historia que quedó sembrada en la cultura popular de todo el bloque soviético, la cual me ha servido hoy para compartir con ustedes esta ejemplarizante anécdota llena de actitud, valentía y pundonor. La gesta histórica de estos hombres ucranianos que en su país son considerados como héroes nacionales y en donde sus vivencias son contadas a todos los niños desde muy pequeños en las escuelas, con la finalidad de inculcarles la necesaria dignidad y amor por los valores patrios y de libertad.

Incluso en la entrada del Lobanovsky Dynamo Stadium, sede del F.C. Dinamo de Kiev, que tiempo atrás fue llamado Start Stadium, se erige un monumento en memoria de aquellos jugadores del F.C. Start que fueron prisioneros de guerra, a quienes nadie pudo derrotar durante casi una decena de históricos partidos en 1942.

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Esta nota fue publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para BlackBerry Playbook.

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2 comentarios

Publicado por en 05/09/2011 en Culturales, Curiosidad, Deportes, Espectáculo

 

2 Respuestas a “Escape a la Victoria….20 años después.

  1. el satrapa

    11/08/2012 at 6:36 PM

    guau que historia llena de dignidad, honor y amor propio esta historia no me la sabia que jugadores tan valientes y valerosos, ya no tenian nada que perder ya lo habian perdido todo solo les quedaba su vida que historia

     
    • guftahot

      14/08/2012 at 4:16 PM

      Así es, esa historia siempre me ha acompañado desde que vi la película en mi niñez. Ya de grande quise ahondar en los datos históricos reales, porque sabemos que Hollywood y el cine en general modifican y hasta cambian los verdaderos sucesos.

      En todo caso, me alegra que te haya gustado….Ah, y gracias por leerme.

       

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