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A diez años, una esperanza desde su seno interno a ver si dejan de seguir disparándose sobre su propio pie

11 Sep

A 10 años de los sucesos, suena a perogrullada decir que EL MUNDO CAMBIO tras los ataques a varias localidades neoyorquinas el 11-S-2001. Lo que si resulta novedoso es indicar que aquella frase obligada hace una década, hoy en día significa otra cosa, quiere decir que el gran cambio lo comenzó a vivir United State of América a lo interno de su sociedad, ante un planeta que en esa misma década avanzó a su propio ritmo y con sus propios criterios a pesar de las imposiciones que quiso aplicarle el aparataje militar estadounidense.

En mi opinión, con la caída de sus Twins Towers los estadounidenses perdieron el foco y las perspectivas de su propio desarrollo, algo que mejor podemos evidenciar en las palabras de Thomas Friedman, quien dijo en uno de sus más recordados artículos que, “EEUU ha pasado los últimos 10 años persiguiendo a los perdedores de la globalización en lugar de competir con los actores emergentes.”

Totalmente cierto lo que expresan las palabras de Friedman ya que luego del 11-S y a lo largo de la última década, lo que predominó en la política exterior de Washington fue una carrera militar que tras 2 guerras artificialmente inventadas, quemaron billones de dólares sin claros ni efectivos resultados.

El Gobierno estadounidense, tras los supuestos atentados quiso beneficiarse del miedo que se apoderó no solo de la población norteamericana sino de la mayoría de la opinión publica mundial, perfeccionando con esto la guerra en su utilización como instrumento de negocio. Hay que decir que en los primeros años, luego de los sucesos de las torres, logró su objetivo en cierta medida, pero si bien el interés político y económico tuvo en esos primeros años una excusa perfecta para desarrollar una espiral de violencia que les consolidara estratégicamente (fortaleciera aún más su posición de dominación en el planeta), vamos a ver como con el pasar de los años esta tendencia se les revirtió gradualmente, tanto en el plano interno como externo, situación que ha cambiado radicalmente la visión de muchas naciones y entendidos, quienes ahora creen que EUA lo que hizo fue crear e ir a varias guerras en las que se disparó sobre su propio pie.

Ya en días previos a cumplirse 10 años de los sucesos de Nueva York y Pittsburgh, no faltaron las comparaciones entre esta fecha y lo que aconteció en la Bahía de Pearl Harbor antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial. De todo lo escrito, lo que más me llamó la atención fue la posición del ganador de premio Pulitzar y autor del libro “Cultura de Guerra”, John Dower, quien dijo que esta analogía (habilmente orquestada por los medios) sembró la idea de que Estados Unidos de América podía ganar la batalla usando la fuerza bruta.

A lo interno, esta idea así como el ambiente que generaron magistralmente, les bastó para crear un inmenso aparato de seguridad (a un costo monetario exorbitante, por cierto) sin prácticamente tener ningún tipo de oposición política ni social al respecto. “Sistema de Seguridad Antiterrorista” tan complicado y tan secreto que nadie, ni siquiera ellos mismos, saben cómo opera. Un reportaje del Washington Post nos ilustró un poco más sobre este particular al señalarnos que 1.271 agencias gubernamentales y 1.931 compañías privadas en ese país, actualmente trabajan en labores de contra-terrorismo e inteligencia, casi siempre sin la coordinación y planificación deseada, hecho que según el diario estadounidense no les ha permitido alcanzar las metas mínimas que proyectaron alcanzar 10 años atrás.

Por otra parte, mientras afianzaban sus matrices de opinión a lo interno, incrementaban la burocracia de la monstruosa red de inteligencia antiterrorista establecida sobre lo acontecido en 2001. Para ello, era fundamental la imagen y la excusa de la búsqueda de Osama Bin Laden, con la que comenzaban un espinoso y largo camino que los llevó a crear un frente internacional en Afganistán, ese que les abrió un corredor hacia el militarismo y armamentismo exagerado que además les sirvió de conector ideal con otro cuento que quisieron imponerle, no solo a la opinión pública norteamericana, sino a la Comunidad Internacional, el de las armas de destrucción masiva, ese que les permitió entrar de igual forma en Irak de la manera más absurda y descabellada (papi con esto aprovecho de vengarte, le diría Bush Junior a Bush Senior).

Diez años de inmensas perdidas en vidas humanas, no sólo enemigas sino de sus propios connacionales, una década de ingentes perdidas económicas, de un verdadero desangramiento monetario, pero por sobre todo, dos lustros de derrotas, debilitamiento y desprestigio a todos los niveles en el plano internacional, periodo de tiempo en el que otras potencias y economías emergentes han aprovechado para acortar distancias con el gran hegemon, al que ya algunas incluso otras potencias emergentes le respiran al cuello.

No contaban esos artífices estadounidenses encargados de diseñar ese nuevo orden mundial antiterrorista a raíz de los abominables sucesos acaecidos en septiembre de 2001, con que la teoría del caos les modificaría sustancialmente los resultados que ellos esperaban, incluso en el seno interno de su propia sociedad, claro, no me estoy refiriendo a los cálculos eminentemente militares, en los que superficialmente se puede tender a creer que obtuvieron resultados exitosos, sino más bien a los económicos, financieros pero sobre todo a los de índole social, esos que terminaron reflejando una situación y un ambiente muy distinto al esperado por el gobierno estadounidense, características a las que he querido referirme en esta nota, fundamentalmente al aspecto social.

En ese lapso, mientras colapsaba el sistema financiero y se perdía la competitividad estadounidense a nivel comercial, bancario, monetario e internacional, de manera espontánea surgía hacia adentro de la nación del Tío Sam, una generación denominada como “Los Milenarios”,una camada de jóvenes con una visión y óptica del mundo mucho más abierta y comprometida.

Estos milenarios no son otros que esos jóvenes que tenían entre 10 y 19 años para septiembre de 2001, quienes hoy piensan, reaccionan y se comportan de manera distinta y pro-activa ante los aparentes ataques terroristas. En ese sentido, esta generación de norteamericanos ha sido más humana, solidaria y colaboradora con la Comunidad Internacional que las anteriores. No son revanchistas, guerreristas, ni se creen superiores al resto del planeta. Hay quienes dicen que ello se debe a una mayor “conectividad” con el fenómeno de la globalización, al acercamiento entre culturas que genera la llamada nube del internet o las redes sociales, algo que según los expertos les hizo crear más sensibilidad y concientización hacia lo externo, hacia lo que hay más allá de sus propias fronteras.

Sea por ello o por otros motivos de los cuales no escribiré en esta nota, ya que no es mi idea extenderme demasiado, el hecho es que se abre un hermoso compás para la esperanza. Estamos en presencia de una generación de jóvenes que quieren ayudar y están dispuestos a usar el diálogo en lugar de la fuerza. Es muy agradable saber que en el periodo 2001-2011, creció en más de 20% el índice de personas en pro de esta tendencia en diversos sectores de la opinión publica estadounidense, sobre todo en aquel estrato de seres humanos quienes serán los encargados de definir y liderar la próxima década del gran país del norte, quienes a su vez tienen ahora el reto de recuperar el ideal de desarrollo y justicia estadounidense, misma generación que en los últimos años tuviesen que encargarse de recoger los escombros y el odio que propiciaron los más recientes gobiernos de su propio país.

Los milenarios también tienen otra labor igual de importante y titánica que las anteriormente mencionadas, intentar lograr atemperar las ansias de esos otros sectores más tradicionalistas y radicales de la sociedad política norteamericana, esa que históricamente ha privilegiado el poder y lo material sobre cualquier otra valoración de carácter altruista o cultural, y que en su sed de recursos a costa de lo que sea, incluso no le ha importado que los mismos sean conseguidos hasta con el derramamiento de la propia sangre de sus connacionales.

Esta nota fue publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta WordPress para BlackBerry Playbook.

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