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“Halloween” Vs el “Día de Todos los Santos”

01 Nov

Prólogo muy Secular

Durante el largo transcurrir de la historia, el ser humano ha intentado a través de todos los medios a su alcance, descifrar ese gran enigma que le representa la muerte, a la cual dicho sea de paso, le tiene el mayor de los temores, no sólo por significar el final de la existencia (por lo menos en el plano material), sino por la incertidumbre de desconocer a ciencia cierta que es aquello que existe más allá de sus umbrales (si es que existe uno).

En todas las culturas, en todas las religiones, en todas las eras y épocas históricas, la muerte ha sido objeto de los más profundos análisis, de arduas reflexiones y diatribas enconadas, que en la mayoría de los casos, al no conseguirle definiciones, significados ni sustentos prácticos (mucho menos satisfactorios), ha obligado al hombre a desarrollar innumerables ceremonias y rituales como atributos a lo desconocido, siempre en la búsqueda de que ese algo mágico le pueda revelar lo que su mente no le puede hacer descifrar, buscando también que como producto de esos ritos, ese o esos seres le protejan o lo hagan menos vulnerable a los padecimientos de un seguro deceso.

Siendo que la muerte es el recorrido más duro e inexplicable que atraviesa el ser humano (tal vez sólo tan incomprendida o poco determinada científicamente como el camino de la procreación y el nacimiento), la simple idea de tener que dejar de existir, de que hay un final seguro en esta vida sin saber exactamente si hay otra etapa a iniciar en un supuesto mundo de los muertos, ha hecho que el hombre se haya planteado muchas y disimiles teorías, la mayoría de ellas basadas en leyendas religiosas o en definiciones que las propias limitaciones humanas buscan promover entre sus congéneres. Esto siempre en el intento, bien sea de controlarles con base al temor, o para disipar sus dudas y miedos en aras de la felicidad plena.

Sabemos de antemano que a lo largo de la historia de la humanidad el hombre se ha decantado por la primera de esas dos vertientes, utilizando a la religión como el arma predilecta que sustenta en el miedo a lo desconocido y en los tabúes, armas que no sólo le permiten controlar y subyugar a las masas, sino que a su vez les proveen el medio más expedito en su intención obtener y detentar el poder.

Todas, absolutamente todas las religiones, principalmente las 3 monoteístas, esas que cuentan con la mayor cantidad de adeptos y seguidores en el orbe entero (Islamismo, Cristianismo y Judaísmo), han manipulado históricamente a sus correligionarios haciéndoles creer que deben someterse a sus reglas y designios para así, con base a un temor extremo, poder ganarse la “prometida” y supuesta vida posterior en ese otro plano paradisíaco que no conocemos. Algunas incluso nos indican que tal sacrificio se verá recompensado a través del retorno a una nueva y mejor vida en este, nuestro propio mundo, pero que para lograrlo debemos eliminar muchos y complicadísimos karmas internos, cosas malas que según “esos religiosos” heredamos de vidas pasadas.

Con tal grado de ingenio, y teniendo como propósito el control del poder espiritual sobre otros seres humanos, los cónclaves del poder religioso han aprovechado el impacto que la muerte tiene sobre los vivos, sobre la actitud de estos hacia la perdida de la vida propia, la de familiares y allegados, para imponer sus códigos, reglas, intereses y todo aquello cuanto se les antoje. Estos han quedado intrínsecamente fijados en las mentes de sus fieles gracias a millones de libros editados sobre el particular, su mitología, psicología, antropología y hasta su escatología, subrayándose siempre en la mayoría de ellos, aquellas peripecias a las que debe enfrentarse el hombre en el supuesto recorrido que debe emprender en su viaje al paraíso, el inframundo, el purgatorio o cualquiera de los supuestos lugares a los que está destinado a ir de acuerdo a si su conducta en la tierra fue llevada o no según los cánones que le impuso la religión a la que pertenecía mientras vivió.

Según esos escritos, siempre llenos de manipulación y grotescos ardides intimidatorios, sólo aquellos “líderes espirituales”, o sea, los sacerdotes, padres, guías, chamanes y heroes religiosos, han sido, son y serán los únicos que logran atravesar las barreras que unen a los dos o los múltiples mundos que supuestamente existen, y son ellos quienes además se deben encargar de decirte como debes vivir para franquear la transición entre estos mundos con relativo éxito.

Para ello utilizan también infinidad de ritos, plegarias y celebraciones, muchas de la cuales incluso son una mezcla de diferentes tradiciones y propósitos, las que sin importar su procedencia e intención original, distorsionan y adaptan con base a sus necesidades y requerimientos, siempre con la finalidad de consolidar su poder y su dominación sobre las masas.

Aproveché entonces la celebración de 2 de estas festividades, así como el excesivo fanatismo de varios conocidos y amigos creyentes en diversos mitos religiosos o con nichos ya pre-fabricados en el área del saber universal, para hacer ciertas aclaratorias que les ayuden a desenmarañar ese pasticho de conocimientos que con respecto a la historia universal tienen, información que en algunos he percibido más como ignorancia sobre temas que su propia religión busca ocultarles, y que en otros he notado como descarada interpretación acomodaticia para con sus intereses y conductas, lo cual es incluso peor y más peligroso para nuestras sociedades actuales.

Orígenes del Festejo de Halloween

Es así como debo recordarles que la festividad de origen celta que hoy denominan Halloween (“All Hallow’s Eve” o Víspera de Todos los Santos), es mucho más antigua que aquella otra católica que hacen llamar “El Día de Todos los Santos”. Para que se den una idea, la festividad de los celtas data de comienzos de la Edad Media, época en la que el “Poder Papal” estaba adaptándose a los cambios cíclicos entre era y era, y su poder no tenía tanto alcance como llegaría a tener 200 o 300 años después. En ese sentido, aquella otra festividad de los “Cristiano-Católicos”, esa que intentaron camuflar como les explicaré más adelante, es por ende de mucho más reciente data, cuando ya su iglesia estaba asentada como poder religioso, pero sobre todo político, ese que se les asignó y es ubicable entre los Siglos VIII y IX de nuestra era; esto siempre según datos documentales y no con base a especulaciones e interpretaciones religiosas de dudoso asidero histórico.

Es necesario también dejar en claro que las actividades que se relacionan con la celebración de Halloween tienen su origen en ciertas practicas de la antigua clase sacerdotal de las regiones dominadas por los celtas, en épocas previas a la invasión que soportaron de las legiones romanas. Estos sacerdotes (los Druidas), creían que en la última noche del año de su calendario -31 de octubre-, Samhain (palabra que deriva del irlandés antiguo y que significa “Fin del Verano”, que además representaba al dios de la muerte así como a la época en que comenzaba el otoño), hacía todo tipo de actos para provocar a los espíritus malignos, entes ante los cuales estos sacerdotes druidas se prevenían encendiendo hogueras con el aparente propósito de alejarlos o alejarse de ellos.

La Historia documental y oral dice que Halloween se efectuaba justo en la fecha del “Año Nuevo Celta”, ya que coincidía con el inicio de la estación más oscura del año, época en la que según sus creencias, los espíritus de la muerte volvían a visitar sus antiguas moradas, momento que además creían propicio para examinar los presagios del futuro, incluso si ello se daba sobre la base de preguntar a sus muertos acerca de aspectos como el trabajo, la salud y la familia.

Los Romanos, expertos en tergiversar y cambiar el sentido de las festividades para asentar más su poderió de la época, tras haber conquistado los territorios de “Britania” (hoy Gran Bretaña), añadieron ciertos elementos “paganos” propios de su cultura a la celebración de Halloween. Entre estos se encontraban aquellos productos utilizados en la confección de su fiesta de la cosecha, la cual realizaban en honor a la Diosa de los Frutos y los Árboles, Pomona, todos los 01 de noviembre de cada año.

Pero por extraño que parezca, a pesar de estar sometidos y subyugados muchos años por el férreo dominio que les imponían las armas y la avasallante cultura romana, la tradición celta de encender hogueras en la noche del Halloween pudo sobrevivir en países como Escocia y Gales, incluso en épocas más modernas, en las que los conceptos sobre fantasmas y brujas eran más difíciles de avalar.

Esto fue tan cierto que la imagen y el aura entre mística y aterradora de sus celebraciones siguió manteniéndose en el común de todas sus actividades de estas fechas, incluso en aquellas mucho más ordinarias y comunes.

Los Druidas creían que la línea que unía a este mundo de los vivos con aquel otro de los muertos se estrechaba con la llegada del anteriormente mencionado Samhain, hecho que permitía a los espíritus (tanto los buenos como los malos) pasar a través de ambos mundos, siempre el día en que iniciaba la temporada de mayor oscuridad del año (o sea, el 31 de Octubre). Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que los espíritus malignos eran alejados.

Se cree que el uso de trajes y máscaras se debía a la necesidad de ahuyentar a esos últimos espíritus, siendo el propósito de estos disfraces adoptar la apariencia de ciertos entes igual de aterradores, pero sólo con la intención de evitar ser dañados por verdaderos seres malignos, a los que incluso, gracias a las antorchas y ruidos, combatían hasta espantarles y obligarles a regresar por donde llegaban.

En tal sentido, este tipo de trajes tenían una misión positiva y no representaban una oda al ocultismo como se nos quiere hacer pensar hoy en día. Estos disfraces fueron en principio incluidos y usados en las festividades escocesas, en donde los hombres jóvenes, vestidos siempre de blanco con máscaras o con las caras pintadas de negro, tenían “como finalidad única” el alejar a todos aquellos malos espíritus que se aparecían con la oscuridad de la noche de All Hallow’s Eve. Este ritual del traje o disfraz se haría popular luego en otras regiones, cada una de las cuales escogió una vestimenta propia e incluso con funciones para los disfrazados que variaban según la zona.

Es importante subrayar que aquellos otros rituales foráneos introducidos a la fuerza por los romanos, también sobrevivieron en la celebración posterior del Halloween de ciertas regiones y países. Algunos vestigios transculturizadores de la fiesta de la cosecha se afianzaron más hacia zonas de la costa oriental británica e incluso se trasladaron hacia otros países del norte de Europa y de allí a otros continentes, principalmente gracias a los constantes viajes de irlandeses y escandinavos.

Esta variante del festejo de Halloween fue y ha sido más habitual de observar en países como Estados Unidos, nación con un alto porcentaje de inmigración irlandesa, así como en Canadá, país de marcada influencia inglesa y nórdica.

Indudablemente que es en Norteamérica en donde calaron mejor estas variantes, ya que es allí donde se hacen juegos utilizando frutas, como en esas especie de “gincanas extendidas” por todas las calles, en las que colocan manzanas situadas estratégicamente en cubos de agua, las cuales solo deben sacar con la boca. De igual forma es en estos países (Canadá, EEUU y parte de México) en donde las decoraciones principales llevan una predominante utilización de calabazas huecas talladas, las que siempre representan rostros grotescos que se iluminan con una vela en el interior. La Calabaza en sí es un fruto tipo “baya gigante” que proviene de la planta de la auyama y por supuesto es también parte de la influencia partenopea.

Cristianización de la Festividad

Está documentado en varios “Pliegos Papales” de la época, que la Iglesia Católica sentía preocupación por la creciente “celebración de los nórdicos”, britanios y normandos. En ellos explicaban su intención de evitar, controlar o erradicar estas antiguas celebraciones que consideraban como “paganas”, así como cualquier otra que socavara el avance del cristianismo. Para ello utilizaron el método de la apropiación y conversión de rituales y celebraciones no cristianas, intentando con ello apropiarse y mimetizar costumbres, solapar procedimientos y cambiar el sentido de las cosas para así ir desvirtuando las conductas de sus nuevos feligreses y hacerlos proclives al cambio de sus festejos, en fin, para hacerlos desechar sus costumbres e ideas ancestrales.

Muchas de estas festividades las logró infiltrar, pero no pudo adaptarlas y mucho menos pudo reivindicarlas como propias. En la historia de la humanidad hay muchos casos de estas “prácticas expropiatorias” del Poder Católico.

Ya con respecto a la celebración de Halloween en sí, los Papas Gregorio III (entre los años 731-741) y Gregorio IV (827–844) intentaron impulsar medidas de acercamiento para atraer a aquellas comunidades que celebraban esta festividad pagana al seno de su feligresía. Las suplantación tuvo relativo éxito en un principio, pero ante el vertiginoso incremento de esta popular y cada vez más extendida celebración de origen celta (que ya no solo se situaba en las islas de los “britanios” en el Mar del Norte, sino que estaba abarcando todo el nor- nordeste de Europa), Gregorio III decidió, a través de Decreto Pontífice, mover de fecha una de las celebraciones más antiguas y tradicionales del cristianismo, específicamente aquella que una vez se llamó la fiesta de los mártires, la que para la época ya recibía el nombre de “Fiesta de Todos los Santos.”

Dichas festividades pasarían a realizarse el 01 de noviembre y no el 13 de mayo como lo acostumbraban a hacer tradicionalmente. Para ello también ordenaron sincronizar ciertas actividades con otras celebraciones “más alegres”, esto con la finalidad de evitar quedarse sólo en las simples liturgias y ofrendas eucarísticas a mártires cristianos como en tiempos antiguos, actividades que no terminaban de atraer a los feligreses europeos del norte. Este cambio radical tenía como intención principal desplazar esa celebración “incómoda de los brujos celtas”, sacerdotes que les estaban restando territorios de influencia, y por ende, le disputaban una pequeña parte del control absoluto de la espiritualidad que querían aplicarle a todo el mundo conocido.

Cierto es que desde el Siglo IV la Iglesia de Siria consagraba un día para festejar a “Todos los Mártires”, festividad que obviamente no se celebraba ni siquiera cerca del 31 de octubre o el 01 de Noviembre de cada año, la cual tampoco consistía en rituales parecidos a los de los sacerdotes celtas. También es cierto que 3 siglos más tarde, el Papa Bonifacio IV, específicamente en el año 615 d.c., transformó en templo cristiano un panteón romano dedicado a sus múltiples dioses, el cual dedicó “sólo a consagraciones litúrgicas de todos los Santos”, es decir, a todos aquellos que los habían precedido en la fe, hecho que tampoco (en modo alguno) representaba algo similar o parecido al sentido que tenía el All Hallow’s Eve.

Para resumir, no había fiestas en el sentido literal de la palabra que honraran a los familiares y amigos muertos de los habitantes de una zona en específico, sino la organización de ciertas plegarias y liturgias a “Todos sus Santos”. De igual forma, aquellos actos eucarísticos y litúrgicos para sus “mártires” siempre se oficiaron los días 13 de mayo de cada año y no fue sino hasta el año 741, cuando el Papa Gregorio III cambió la fecha de estos actos como indiqué anteriormente. Tampoco puede confundirse con la celebración de la “Dedicación de la Capilla de Todos los Santos en la Basílica de San Pedro en Roma”, que es incluso más reciente e igualmente respondió más a un ardid de apropiarse de otras celebraciones, que por motivos eminentemente espirituales o de carácter religioso. La única coincidencia es de fechas

Para asegurarse aún más el control sobre toda actividad pagana en cualquier rincón de Europa, en el año 840 d.c., el Papa Gregorio IV ordenó que además de mudar la decretada celebración universal de la “Fiesta de Todos los Santos” para el 01 de noviembre de cada año, se realizasen actividades vespertinas anteriores, tipo “vigilia”, el día anterior a la festividad principal (o sea, el 31 de octubre), actividades que siempre se efectuarían en el marco de los preparativos de la llamada fiesta principal. Según la cronología católica se trata de hacer ver que esta vigilia vespertina del día anterior a la “Fiesta de Todos los Santos” es anterior a la británica. Tratan de hacernos creer de igual forma que dentro de la cultura Inglesa es donde se traduce tardíamente a su idioma esta festividad como “All Hallow’s Eve” o Vigilia de Todos los Santos. Indican además erróneamente los historiadores católicos que con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando primero a “All Hallowed Eve” transformándose luego a “All Hallow Een”, término que finalizó en la acepción que hoy conocemos como “Halloween.”

Los documentos y hechos históricos avalables refieren que la verdad es opuesta a la intención de la iglesia católica de hacer creer que su festividad es anterior a Halloween, así como tampoco es cierto el intento de satanización posterior que le quiso indilgar el Vaticano (cuando no se la pudo apropiar del todo). Si bien hoy en día ha perdido radicalmente su sentido original y sus preceptos, no es cierto que desde sus inicios haya sido orientada a ritos malignos, procedimientos oscuros y ocultistas por parte de sus creadores celtas, como lo han querido hacer ver los jerarcas del Vaticano.

Halloween en la Actualidad

Hoy en día Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Algunos países latinoamericanos, aún en proceso de descifrar en esencia esta festividad, tienen sus propias tradiciones e intentan amoldar y particularizar la celebración con base en sus propias culturas.

Hay otros países como México, que tiene una mixtura entre sus celebraciones autóctonas que datan de la época de la colonia, que coinciden en muchísimos de sus significados (como en “la estrecha relación o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos”) con el arraigado componente religioso (cristiano católico) posterior, amalgamado con el elemento indígena pre-colombino que desde hace más de 500 años han dejado su indeleble huella a los rituales, celebraciones y festividades propias de esta fecha.

En Europa son muchas las naciones en las que los jóvenes han decidido importar el modo con el que Estados Unidos concibe Halloween, incorporando a sus fiestas todo tipo de disfraces (incluso aquellos que no mantienen relación con el tema a celebrar).

En algunos otros países como Escocia y Gales, así como en la parte interior de Inglaterra, la fiesta ha comenzado a regresar a sus formas originales, algo que ha sido tomado con inusitado furor.

Lamentablemente el hecho de que esta fiesta haya llegado hasta nuestros días se debe más bien al enorme despliegue comercial y publicitario que le ha impreso la economía estadounidense, que por los valores y las convicciones legadas de generación en generación gracias a la fuerza originaria de la historial oral y escrita de sus pueblos.

Halloween se ha diluido en detrimento de los intereses comerciales, financieros y de otra índole, que privilegian sectores muy poderosos que siempre se sitúan tras bastidores.

Ya esta celebración milenaria y ancestral de la vieja Europa se ha deformado y ha cedido muchísimo a los cambios de otras civilizaciones, algo que se ha filtrado sobremanera en la mente de las personas para quienes es más común la imagen actual de niños norteamericanos correteando por las oscuras calles disfrazados de duendes, fantasmas y demonios, quienes piden dulces y golosinas a sus vecinos, fotografía que se hace cada vez más fija en el ideario y en la cultura global de nuestros días.

Del Día de Todos los Santos sólo puedo decir que ha corrido con la misma suerte de otras celebraciones artificiales “catolicamente auto-impuestas”. Pocos se acuerdan inclusive de la fecha y quienes si lo hacen es por tener a un familiar o un allegado recientemente fallecido del que está todavía muy cercana su presencia, su recuerdo y su dolor.

De resto, poco y nada.

 

Esta nota fue publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo” a través de la herramienta de WordPress para Blackberry Playbook.

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Publicado por en 01/11/2011 en Culturales, Curiosidad, Espectáculo

 

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