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¿Por qué “ORAN” los venezolanos en esta Semana Santa?

06 Abr

Es Viernes Santo y me encuentro con mi hija menor, con la que recién llego de uno de tantos parques infantiles a los que he acudido en la búsqueda de calmar apenas un poco esa fuente inagotable de energía que tiene. Aprovechando que se está dirigiendo a su cama para dormir, me pongo a leer la prensa y me consigo con una nota escrita hoy en el diario El Universal de Caracas, de Clodovaldo (que no Clodosvaldo) Hernández, la cual me llamo la antención, no sólo por la sorna, sino por el humor negro en que entremezcló la identidad religiosa y política del venezolano como ser humano, juego de roles y caracteres, que según mi criterio nos perfila tan bien, que me hizo querer reproducir textualmente su escrito.

Eso si, antes de traérles el escrito de Hernández a mi blog, debo indicarles que le coloqué algunos conectores más parecidos a mi forma de decir las cosas, pero sobre todo eliminé aquellas definiciones o conceptos que pudiesen ofender a los partidarios de las dos tendencias políticas que hoy en día dividen y fracturan a Venezuela, por entender que es tal la radicalización de la sociedad actual en nuestro terruño, que cualquier palabra mal entendida, puede ser causa de calificaciones, epítetos, ataques y/o agresiones provenientes de los bandos enfrentados, más aún en mi posición críticamente adversa de ambos (de Ni-ni, como nos han terminado por llamar).

Confesiones opositoras de Semana Santa

“En estos días del año siempre me tomo un café con Curacasado, un amigo que quiso ordenarse [como] sacerdote. Para lograrlo apostó su gran corazón por los bienaventurados (es decir, por los que andan pelando); se exprimió el cerebro estudiando ‘Fundamentación de la Fe’, que es una asignatura más compleja que la ‘Física Cuántica’; le metió el pecho a toda clase de trabajos sociales; cultivó ampollas y callos en sus manos de seminarista.

Pero otras indómitas partes anatómicas suyas se opusieron tenazmente a un proyecto que exige la castidad (o al menos eso dicen), [por lo que se conformó] con ser padre, pero de familia, al tiempo que un cristiano de base muy participativo y protagónico, [de esos] cuyas dotes de consejero espiritual generan más confianza que si tuviera sotana.

Claro, tampoco es un apóstol. Como ha sido sacristán, lo posee -igual que a casi todos los sacristanes- el deplorable vicio del chisme. Así que, cuando nos tomamos el café, Curacasado me cuenta las comidillas de la feligresía, digamos que [de] los grandes temas encapillados del momento.

Este año, como es natural, muchas de las acciones de los devotos son peticiones de salud para [el Presidente] Chávez, a las cuales personalmente me sumo, aunque se enfaden los beatos que creen tener, en exclusiva, el número del celular de Dios. Tales peticiones corren por cuenta, más que nada, de los ‘cristianos rojitos’, aunque también hay almas excepcionalmente buenas que le desean la sanación al [Primer Mandatario], a pesar de que no lo soportan ni en pintura. Un verdadero mérito cristiano.

¿Y del lado de las ovejas [opositoras]?, le pregunto, utilizando la palabra oveja en su sentido más místico, claro, no vaya yo a ofender a nadie en Viernes Santo, Cristo me libre de tal pecado. Curacasado me dice que sus colegas con título han confrontado graves dilemas de confesionario porque muchos espíritus de elevada calidad han acudido allí a admitir que le desean la muerte al comandante de sus tormentos. ‘Y pretenden que los perdonen rezando Avemarías, [Padres Nuestros] o mediante la penitencia de vestirse de Nazareno con corona de espinas, pero, ¿sabes qué?, sin arrepentirse ni un poquito’, me susurra en su mejor estilo sacristán [el Curacasado].

El runrunero del templo añade que otros piadosos opositores han elevado sus súplicas para que la candidatura del novicio Henrique arranque de una buena vez: ‘Una señora estaba poniéndole velas a la Dolorosa para que le [diese] fuerza y pueda recorrer el millón de casas [que dijo ponerse como meta]…¡La gente pone su fe en unas cosas tan absurdas!’, [me] comenta Curacasado y, entre risas, termina recordando a su tío Francisco, el ateo de la familia, cuando le decía con sorna: ‘Las personas que no quieren que me ría de sus creencias, no deberían tener creencias tan graciosas’.”

Mis Plegarias de Viernes Santo

En todo caso, ya leído lo que “Curacasado” indica que es el común de los pedidos y rezos de mis connacionales, pues me alegro de que mis plegarias sólo se circunscriban a peticiones más benignas y cotidianas para los míos, orientadas también algunas para el necesario crecimiento personal, tanto en lo espiritual como de aquellos faltantes materiales que requiera para sacar adelante a mi familia, pero sin duda que el grueso de mis oraciones se centran en esos anhelos “colectivos y generales” que pueden hacer más llevadera la vida en sociedad, la del edificio, la de la urbanización, mi ciudad, mi estado, mi nación. Cosas realmente vitales y fundamentales para el mejoramiento del nivel de vida de todos, sean rojitos o azulitos, que en fin de cuentas todos sangramos y padecemos, como en unas pascuas de hace 2012 años, dicen, que por nosotros, sufrió Jesús de Nazareth.

Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para ser publicada en ”El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Playbook.

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Publicado por en 06/04/2012 en Curiosidad, Opinion

 

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