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Una VENDETTA a la lituana (Parte 1)

05 Jul

Eran las 05:40 de la tarde del 03 de Julio de 2012, apenas arribaba a las instalaciones del Poliedro de Caracas, justo en el preciso momento en que jugaba una de las selecciones que para ese instante toda la Venezuela Basquetera pensaba que pudiese enfrentarse a nuestra “Vinotinto de las Alturas” en los 4tos de Final del Torneo Clasificatorio del Baloncesto a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Sí, estaba jugando Puerto Rico, la selección subcampeona de Centroamérica y el Caribe, esa que cuenta con importantes jugadores de la National Basketball Association (NBA), de la talla de Juan José Barea y José Arroyo, así como otros experimentados baloncestistas de la envergadura de John Peter Ramos, Renaldo Balkman y Daniel Santiago.

Mientras los de Borinquen comenzaban a despedazar, litealmente, al débil e ingenuo equipo jordano, yo buscaba un lugar donde sentarme, en donde viese con claridad el tabloncillo, así como las pizarras electrónicas, ya que el día anterior esto último resultó poco menos que imposible, ya que quienes diseñaron la construcción de la cancha desmontable, no se percataron del pequeñísimo detalle de que las mencionadas pizarras sólo informaban por una cara y quienes estabamos detrás de una de ella, no podíamos ver la que está enfrenta ya que lo impiden las pantallas televisivas cuadruples que están justo en la parte central del recinto.

En eso veo que justo en una primera fila de escaleras de una de las secciones del anillo superior de El Poliedro, en donde se situaban decenas de fanáticos provenientes de diversos ministerios públicos, había un puesto que se notaba ideal para poder observar los partidos, así como para poder escribir las crónicas que la modernidad ahora te permite redactar desde un teléfono inteligente. El ambiente que las personas generaban, irradiaba optimismo y alegría, esos que reflejaba Angel Servita, un fiel fanático a la venezolanidad que ya comenzaba a arengar y motivar a sus otros colegas, amigos y compañeros de trabajo, esos para quienes gritar, bailar y dar ánimos a nuestro combinado nacional era motivo de fiesta.

En medio de la algarabía, el señor Servita me preguntó acerca de mi parecer sobre las posibilidades de Venezuela en el certamen, a quien no me quedó más que preguntarle que si le estaba prestando atención al quinteto de rojo que estaba en ese momento jugando en el tabloncillo. Me respondió que no mucho, que él no era muy seguidor del baloncesto pero que les habían dado la tarde para ir a apoyar a Venezuela. Aproveché entonces para explicarle que para Venezuela el clasificatorio a las olimpiadas de Baloncesto era tan difícil, que si se daba “la muy remota posibilidad” de que venciesemos a Lituania, uno de los mejores quintetos del mundo en la especialidad, pues probablemente deberíamos enfrentarnos a Puerto Rico, al que también dando por sentado que quedaría en segundo lugar de su grupo (dado que en su grupo aparecía otro poderoso de la especialidad llamado Grecia), nos deberíamos enfrentar en unos hipotéticos CUARTOS DE FINAL, haciéndole la salvedad al Señor Servita de que ante los puertorriqueños, Venezuela nunca ha ganado un juego oficial en toda la historia, ASÍ DE DIFÍCIL LE DIJE QUE ERA EL ASUNTO.

Ya sorprendido el bueno del Señor Ángel, decidió seguir manteniendo su gran ánimo y disposición para alentar (condición que ojalá hubiesen tenido todos los fanáticos que luego, y que de a poco, llenaron el Coso de Coche). Poco le importaba a Ángel saber que Lituania es una de las tres favoritas del torneo, que los ex soviéticos son sempiternos participantes en cuantos Juegos Olímpicos o Campeonatos Mundiales se han realizado desde que en 1992 participaran por primera vez como país independiente (Recuerden que anteriormente a 1990, los lituanos eran parte de la antigua URSS).

Tampoco le interesaba a Angel, y mucho menos a Mayerling Millán, su compañera en el bochinche, que en los planes de ningún experto estuviese planteada una victoria de Venezuela contra el combinado del Este de Europa. Menos aún les podía interesar que a los lituanos se les viese desde antes de comenzar el evento, como al seguro ganador del Grupo B, y más allá de eso, para vencer en las Semifinales al que quedase de segundo en el Grupo A, y por ende, que obtuviese un nuevo boleto para otros juegos olímpicos en su corta y exitosa historia basquetbolística.

A pesar de todo lo antes dicho, Mayerling, Ángel y todos los presentes en esa barra, no se podían imaginar lo que ocurriría una hora después, así como tampoco podían vislumbrar el desenlace que el destino le tendría reservado a Venezuela, coincidencialmente como cortesía del conjunto europeo, y ya sin jugar, equipo lituano al que tengan por seguro, adversaré (DEPORTIVAMENTE HABLANDO) en cuanta modalidad y evento de carácter deportivo se presente. En todo caso, y cómo no sabían todavía que pasaría, Ángel y su combo seguía con su fiesta armada, manteniendo esa misma fe y optimismo de cara al futuro que siempre ha caracterizado al venezolano como pueblo, como gentilicio.

Ellos seguían en lo suyo, colocándose las gorras y viseras que obsequiaban los organizadores del evento, recogían e inflaban los pompones rojos y azul patrocinados por PDVSA, esos con los cuales hacían una bulla multicolor impresionante, con la que me imagino que los organizadores pensaban desconcentrar a los lituanos a posteriori.

Ángel bailaba, Mayerling y sus amigas agitaban los pompones, todos siempre muy dispuestos a animar, a divertirse, a apoyar, a reír, sin saber que muy pronto iban a estar alentando en una especie de Foro Romano, ese en el que en vez de observar a nuestros gladiadores triunfar en la arena, iban a ser testigos de una verdadera tragedia griega, en un evento en el que a los verdaderos helenos participantes en el torneo, nunca le veríamos en la Segunda Ronda, tal vez como lo tenía previsto la Federación Venezolana de Baloncesto (FVB), el Gobierno Nacional y esa población que se volcó a apoyar su conjunto con la esperanza de ver si se le podía salir una rueda a la carreta de la historia del baloncesto.

Lamentablemente no se pudo, en un deporte como el basketball, donde el físico y el tamaño son determinantes, hay poco espacio para las sorpresas. Venezuela caía sin atenuantes a pesar de haber luchado y hasta haberle jugado de igual a igual al poderoso conjunto europeo por casi dos cuartos del tiempo de juego.

Su poder ofensivo, su infalibilidad en los tiros de larga y media distancia, así como su altura y fortaleza debajo de los postes, fueron una cuesta imposible de remontar por el cuadro nacional. La gente alentó y fue respetuosa dentro de los canones de un evento internacional como este clasificatorio. Todo estuvo bien hasta que el cuadro lituano quiso humillar y deshonrar no sólo a un equipo que ya estaba vencido en cancha, sino que pretendieron burlarse de un pueblo y una nación entera. Venezuela perdió el juego pero fue digna, no se prestó a la burla y al terminar no felicitó ni se despidió del cuadro vencedor dado su mala actitud deportiva.

La gente se comportó a la altura,y a pesar de los silbidos y los abucheos producto de la indignación de ver una afrenta a tu gentilicio como la que perpetraron los lituanos, abandonaron el recinto con mucha tranquilidad y respeto.

Sobre la vergonzosa actitud de los europeos, y no sólo me refiero a la que tuvieron ese día, sino al acto de POCO PROFESIONALISMO Y FALTA DE ÉTICA que asumieron un día después, me referiré en próximas notas, ya que actos tan bochornosos y que deshonran un ámbito tan hermoso como el deporte, deben ser explicados al detalle.

Esta nota fue redactada y publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo” Gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry.

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Publicado por en 05/07/2012 en Deportes, Espectáculo, Opinion

 

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