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Del Béisbol al Criquet, del Out al Wicket…Un amor Twenty-Twenty

14 Ago
Del Béisbol al Criquet, del Out al Wicket…Un amor Twenty-Twenty

Empecé yendo por curiosidad, para verificar esas inmensas dimensiones del terreno de juego, así como para apreciar ese engramado parecido a los paños que usan las mesas de billar en que se convierten los óvalos en donde se juega el Criquet (Cricket en inglés), algo que sólo había disfrutado por la televisión internacional.

Me llamaba más la atención la arquitectura a veces “Victoriana”, que en otras se me asemejaban más al estilo “Antillano”, ese que bordeaba las afueras del Queen’s Park Oval de Trinidad. En infinidades de momentos antes de esa primera oportunidad de visitar el popular coso deportivo de la populosa y afamada St. James, me quedaba absorto cada vez que mi Mazda Familia pasaba por la Main Road, siempre soñando con entrar o recorrer uno de esos imponentes estadios de la Inglaterra Monárquica, o tal vez de la Australia Vibrante y Salvaje. Como no recordar que debía concentrarme en la vía para que no se me viniesen a la mente los fanáticos británicos tan circunspectos y bien arreglados que veía en las grandes cadenas inglesas (las mismas que atibborraban la TV por cable trinitaria), esos hinchas que hasta toman el té durante la celebración de un partido, en un “Test Match”, como se le dice a ese tipo de partidos a los que fui, en su correcto nombre anglosajón.

Hoy, al escribir esta nota, mi memoria me hace recordar que en ese primer Test Match, el primero de varios a los que asistí en mi vida, jugaba la selección conformada por los mejores jugadores de varias Naciones del Caribe, esa a la que extrañamente sus propios fanáticos le han dado el nombre colonial de “West Indies” (Indias Occidentales por su traducción al español), contra la muy vistosa selección sudafricana, aquella de los uniformes con unos vivos colores verdes y amarillo chillón, esos que les hacían resaltar y reconocer fácilmente, incluso desde las lejanas gradas que caracterizan las tribunas de un Óvalo de Criquet (Cricket Oval, por su correcta traducción en inglés), hecho por el cual es que si alguno de Ustedes ha tenido la curiosidad en algún momento de ver un partido de este deporte, habrán observado que la mayoría de los espectadores utilizan catalejos, largavistas o vinoculares, como les decimos en Venezuela.

Pero volviendo a ese instante, como no recordar aquellas inmensas tribunas sectorializadas con grandes cabinas acondicionadas en su parte superior para recibir a las grandes personalidades, o aquellas las zonas franquiciadas por los más importantes bancos y firmas comerciales, porque sepan Ustedes que el Criquet es un deporte que por la duración de algunas de las varias modalidades de partidos que tiene, es utilizado para hacer negocios y hasta para la firma de acuerdos entre personalidades que acuden a ver el evento.

Así de glamoroso y ostentoso vi por primera vez ese deporte, hecho por el cual confundirlo y relacionarlo con el talante aristocrático con el que fue pensado, creado e implementado por sus inventores británicos en un principio, se me hizo un vicio o error academicista de primer impresión, de esos que son muy fácil de cometer al momento de intentar comprender un deporte en sí mismo, así como su importancia y la transcendencia de su practica deportiva en la cultura de los diferentes países del inmenso Caribe.

Al respecto debo reconocerles que me hubiese sido más fácil aún tener una confusión intelectual de mayores proporciones, de esas que te hacen considerar este tipo de eventos y/o juegos, como una mera imposición colonialista de una potencia ocupante de larga data. Claro, en mi descargo debo decir que en esa época nada conocía yo sobre las gestas de Clive Lloyd, Viv Richards y Brian Lara.

Menos aún podía saber entonces, que ese conglomerado de jugadores vestidos en un uniforme colorado, de un rojo tirando al vinotinto, representando a todo el conjunto de islas caribeñas concentradas en una sola selección nacional, tenían en sus vitrinas los trofeos de las 2 primeras Copas del Mundo de Criquet (el Cuarto Torneo más Importante en el Planeta, detrás de la Copa del Mundo en Fútbol, Los Juegos Olímpicos de verano y la Copa del Mundo de Rugby), así como innumerables premios y galardones individuales de algunos de sus Cricket Players.

Todo era desconocido para mí, incluso las reglas, tan así que quedé más impresionado por el hecho de que el partido no hubiese finalizado en las 6 u 8 horas que está estipulado jugarse cada día, más incluso que  aquella otra imagen, aún muy vívida en mis recuerdos, en la que los equipos “hicieron un receso para tomar el té”, mismo momento que los espectadores utilizaron para hacer picnic’s o comprar sus comidas en los muchísimos establecimientos de comida, que hay tanto dentro como fuera del parque, porque también deben saber, que te puedes salir del Oval durante el día (dado lo extenso de cada partido) y regresar las veces que desees, lógicamente que dentro del tiempo que dura cada encuentro o parte de un partido (ya que estos se pueden alargar a 3 o 5 días dependiendo del tipo de compromiso que sea).

Sin duda alguna que estaba viviendo toda una experiencia cultural más que deportiva, porque como de seguro entenderán, hacer la ceremonia del té a la 01 de la tarde, con 39 o 40 grados a la sombra, no tiene, ni se siente, ni se percibe igual que si la estuvieses realizando en una muy fría y lluviosa tarde Londinense. Obviamente aquello de la interrupción del partido para celebrar esa ceremonia es un arcaísmo de las reglas del juego, pero también debo decirles que aunque los jugadores la utilizan para descansar, cambiarse e hidratarse, también hay algunos fanáticos que siguen tomando su té de la una, así como sus almuerzos en canastas sobre una tela o paño multicolor, a la vieja usanza de los picnic’s de verano en las praderas de la Gran Bretaña.

Todo un mundo y un sincretismo entre culturas milenarias fue lo que captó ese día mi cerebro en aquel recinto, ese que tiene las dimensiones de un estadio de fútbol (aproximadamente), como también lo fue aquella comida a base de pollo crispy (muy africano y por ende muy de las barriadas afrodescendientes de todo el continente americano – sobre todo las estadounidenses del sur de ese país, y las caribeñas de ascendencia anglófona), aderezado en una salsa con base a mango chutney (el chutney es una salsa algo picante de fuerte sabor y con muchas especias, muy típica de las comidas oriundas del sudeste asiático, principalmente La India). Recuerdo que iba ese pollo a su vez acompañado de un arroz basmatí con toques de azafrán (también de La India), así como de unos spring rolls (o lumpias, al más puro estilo chino – oriental), que pudiesen parecer una exageración culinaria, pero que en realidad son una explosión de sabores que son marca registrada de la comida caribeña actual (por favor no confundir con la que se hace en las costas caribeñas de Colombia y Venezuela, porque si bien en la frontera entre T&T y VZLA hay platillos parecidos, no se condimentan ni se preparan de la misma forma).

Luego de esa magia de sabores de la Caribbean Food, música, bailes y otros actos, de nuevo se reanudaron las acciones deportivas. Sin duda alguna aquello fue una fusión de elementos y saberes ancestrales de diversos países, que mezclados con los modismos y formas actuales, forman una amalgama dentro de un recinto como el del Queen’s Park Oval, que no fue hecho sólo para el deporte sino para la diversión. Es así como todo aquello, concentrado en un espacio del tamaño de una cancha de fútbol, se condensó en mi alma como cuando se unen los olores que emanan de una olla de presión.

Se impregnaron en mi ser hastiado de tanto béisbol y otros deportes más comerciales, dejándome, y para siempre, una huella imborrable, la cual fue haciéndose cada vez más indeleble con el paso de cada OVER, de cada WICKET, de cada jugada de 6 carreras, o las de 4, por el atletisísmo de sus jugadores, que no estando protegidos por guantes, de igual forma hacen atrapadas sensacionales de pelotas igual de duras o más que una de béisbol, o por la sagacidad y velocidad con la que los “fielders” atrapan una bola que es bateada a pocos metros de su humanidad, o en zonas que en otros deportes son consideradas malas (Foul Zone), zonas que en este amplio juego casi no existen.

En fin, fue el amor a primera vista hacia un deporte y un pueblo, ese que a pesar de su humildad, no sólo ostentaba 2 títulos mundiales (uno de ellos en una final ante su ex-metrópoli), sino que también contaba con el mejor jugador de todos los tiempos, el gran Brian Lara (trinitario por cierto), quien quebró y era poseedor hasta los tiempos en que yo viví por esas tierras, de muchos records de ese otro deporte de los pat y las balls.

Debo confesar que todavía sigo esperando que le cambien a la “Selección del Caribe”, ese nombre que para mi en lo particular me parece ofensivo más que peyorativo, pero que los caribeños de todas las islas, desde las más importantes como Jamaica y T&T, hasta las más pequeñas como Antigua y Saint Vincent, entre otras, intentan reinvindicar, ya que como me dijo un Rastaman a las afueras del Queen’s Park Oval luego de un juego del Mundial de Criquet de 2007 (celebrado en Trinidad como una de la sedes alternas, conjuntamente con Barbados y Jamaica); “No hay nada como mantener ese nombre con que nos despreciaban, y que nosotros ‘Los Indios Occidentales’, les estemos recordando constantemente que sus colonias (incluyendo La India, Pakistán, Sri Lanka y Australia), hemos utilizado el mismo juego que ellos inventaron, y que es uno de sus orgullos nacionales, para ganarles los NUEVE campeonatos del mundo que se han disputado hasta la fecha (Ahora son 10, ya que en la Copa Mundial más reciente, celebrada en Sri Lanka en 2011, los ‘Leones’ británicos tampoco pudieron y terminaron cediendo ante los indios y los locales).

Aquel comentario me dijo que no estaba en presencia de cualquier Rastaman fanático, sino ante un conocedor del juego al que por su orgullo y capacidad de inflar el pecho por su equipo, su país y su región, sólo le pude balbucear un “Yeah Man, the Best Cricket Player, the concept of the game, including the rules and the same God, are with you all the Caribbean”, a lo que el buen hombre me respondió: “God lives in you even Latin, who comes from baseball to cricket, changing out to the wicket, allowing you a love twenty-twenty (twenty to twenty in a correct english).

Luego se volteó y ya caminando en dirección opuesta a la calle me dijo en voz alta: “Jah Live in you Spanish”

Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta WordPress para Blackberry Playbook.

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