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El problema de clasificar por colores, etiquetar por rasgos y buscar procedencias.

17 Ago

Hace unos pocos días le leí a una articulista del Correo del Orinoco algo que comenzaba con la frase “El ‘musiú’ pal’ blanquito y el ‘maifrén’ pal’ negrito, esa ya me la sé.” Me llamó la atención el coloquialismo porque pensé que la nota iba a versar sobre el origen de ambos términos, uno francés y otro anglosajón, y sobre la importancia de los mismos en la cultura venezolana, pero nada más lejos de la realidad, con lo que me encontré sorpresivamente, fue con prácticamente un decálogo de como diferenciarnos y como atribuirle a esas denominaciones, un rasgo excluyente que por el contrario debemos erradicar, en una nación, un país y una cultura que buscan desesperadamente algo que nos vuelva a amalgamar desde nuestra bases y en nuestras bisagras.

Decía la autora que “aunque el musiú se haga el musiú, es alemán, italiano, francés, inglés o un portugués”, para ella “un musiú es un personaje que pasó por Oxford University, un hombre estudiado, letrado, leído”, pero del que también agrega en sus epítetos “que lo mismo da si es un campesino ignorante de toda academia”, que para ella “Musiú es Musiú” y no conforme con ello agrega otro párrafo no menos etnicista y diferenciador de la condición humana cuando dijo “Pero, ojo, valga la aclaratoria: tiene que ser varón blanco, proveniente de alguna calamidad en Europa, de ojos azules o verdes o ambarinos y, si no queda otra, pues entonces negros… los ojos. Ni por asomo me refiero al negro cuero que cubre la humanidad de un africano o un afrodescendiente.”

Ya en ese momento, aunque con bastante perplejidad, tuve arrestos de academicismo y tolerancia para terminar de leer este escabroso tema, el cual, dicho sea de paso, es muy frecuentes en la Venezuela de los 12 años posteriores al nuevo milenio, esa en la cual nos intentan dividir desde diversos lados, como si intentaran hacernos ver que no somos lo mismo, con un idioma común (y otros originarios), con la misma idiosincrasia (proveniente de una mixtura y fundición de credos y estirpes), en igualdad de saberes y costumbres, amalgamados por los mismos olores y el mismo sincretismo cosmogónico del ser mestizo.

En esta Venezuela, donde constantemente te quieren hacer ver que una raza ha escamoteado y se ha aprovechado por siempre del resto, donde constantemente te incitan a defender las diferencias de tu textura y pigmentación “para que no te dejes de los otros”, en donde te indican y te exigen que hasta la vida des por una ideología o color de ciertas organizaciones políticas. A pesar de todo ello, y de la intencionalidad de la autora, quería seguir leyendo para ver hasta donde podía llegar la señora con sus diferenciaciones. Para ella, persona que parece manejar con mucha maestría la ironía, “Aunque el musiú se haga el loco, el que no te entiende porque habla diferente, su accionar te hace oler que es un hombre investido de los más altos valores éticos como el amor al trabajo y la honestidad”.

De igual forma la articulista destaca, no con poco sarcasmo, que “Aunque al musiú te lo presenten con diferente cachimbo, siempre entenderás que dio lo mejor de sí a nuestro país y que sembró una familia en esta patria, unos hijos, que no necesariamente siguieron su valioso ejemplo, y una mujer, no necesariamente musiúa, feliz de tener el privilegio de ser escogida por ese señor que vino para mejorar la raza de vagos, sinvergüenzas, flojos, inestables, redomados, holgazanes, marrulleros y buenoparanadas que éramos nosotros según las investigaciones y razonamientos de unos tales positivistas que influyeron fuertemente en el cacumen de un señor llamado Juan Vicente Gómez y cuyas posturas filosóficas continuaron levitando en los tiempos de Pérez Jiménez hasta afianzarse en el hipotálamo de la sociedad venezolana aun hasta nuestros días.”

Vaya rencor (ni siquiera ancestral sino milenario) que pareciera llevar esta escritora, me imagino que no sólo sobre sus espaldas, sino que sobre su cuello, cabeza y cerebro (porque para concentrar toda la cantidad de conceptos, valoraciones y clasificaciones peyorativas que en tan sólo 8 reducidas líneas expresa), indica que en esa humanidad debe existir no sólo un peso descomunal, sino una inseguridad gigantesca, dada la cantidad de sentimientos reprimidos multiplicados por la cantidad de años en los que ha albergado tal sentimiento en su refinada y bella humanidad de mujer.

Pero si pensaba que ya la señora había drenado todo lo que llevaba guardado, pues ni cerca estaba, más bien me encontraba muy frío, a juzgar por ese famoso y muy antiguo juego de los niños venezolanos (el del frío o caliente), ya que siguió con otros párrafos no menos controversiales, como este en el que sorna socarrona escribe: “¡Estoy más contenta que negra con musiú!”, es una expresión que se usó en esos tiempos de esa Venezuela que se despreciaba a sí misma porque había pueblos más pulidos y refinados que los españoles que nos tocaron para el proceso civilizatorio…” o esta otra frase mas contundente aún en la que ella le achaca a los supuestos venezolanos de esas épocas visiones tales como: “Si nos hubieran tocado los ingleses”, “decían los mismos que hoy día ruegan por que los gringos acudan a rescatarnos de esta “dictadura”.

Aquí hace un previo la articulista para hacer más diferencia, ya que según ella, eso de “El musiú pal blanquito y el maifrén pal negrito. No es lo mismo y ya les contaremos por qué.” Posteriormente sigue la periodista, como quien se encarga de supervisar la parrilla de una fiesta, o sea, avivando vigorosamente las llamas del conflicto entre seres humanos, entre etnias, entre razas, entre compatriotas, familiares y hermanos, al hacer su muy particular conceptualización de los que llama “Los Maifrén”. Para ella “El musiú viene del francés monsieur (señor) y el maifrén viene del inglés my friend (mi amigo).” No sin antes añadir más leña al fuego al resaltar que “Ambos son extranjeros”, luego de lo cual prosigue al hacerse esta pregunta: “Entonces ¿Dónde está la diferencia? a la cual ella misma se da esta respuesta: Son tratados como amigos pero con el musiú hay una distancia, hay un respeto, en algunos casos veneración. Con [el] maifrén hay cercanía, hay familiaridad, en algunos casos irrespeto por aquello de la confianza” dice la escritora en sus disertaciones.

Más adelante prosigue con esta perlita esta persona que se precia de académica y profunda investigadora “Maifrén se le decía al negro que se sospechaba venido de otras tierras. Además se suponía que era simpático, dicharachero, amigable… y aunque fuera serio y poco amistoso, los criollos venezolanos los querían ver así: simpáticos, dicharacheros y amigables. Punto. Maifrén se le decía al negro extranjero pero no al cubano ni dominicano. Maifréns fueron los negros que llegaron a Coro, venidos de Curazao. Fueron los que llegaron a Güiria venidos de Trinidad. O los que llegaron a El Callao venidos de Barbados, Trinidad o la Guayana Francesa. No, no eran los negros barloventeños ni los negritos carupaneros ni los negritos fulleros aunque les gustara la guachafita, fuesen en el amor audaces, buenos amigos y parranderos. Que no, que no. Eran extranjeros o hablaban idioma extranjero: inglés, francés, holandés o cualquiera de las interesantísimas variaciones que a estos idiomas se [les] dio en esta América, ya fuera creole, papiamento o patuá. Si hablaban algo de eso eran maifrén aunque hubieren nacido en esta tierra de gracia y [hubiesen] adoptado el guayoyito, el jugo de caña y el pabellón.”

Luego de tal metralleta de epítetos y adjetivos, pareciera que ya al final de su ‘muy ilustrativo trabajo’, quedaba mucho menos veneno, picante, rabia o como quiera que Ustedes quieran llamarle a lo que describió, ya que colocó que “El maifrén era el amigo o, al menos, se deseaba su amistad utilizando de manera no tan clara pero sí taxativa la palabra friend (amigo) como vocativo. El musiú en cambio y a pesar de ser amigo era tratado con mayor respeto y distancia. Hasta con envidia.”

“En esencia, yéndonos al meollo del asunto, están latentes allí vestigios de ese venezolano que se consideraba inferior al colonizador aunque estuviera mezclado en su sangre. Que se consideraba inferior al europeo al que había que copiar y con el cual se pretendió en una época limpiar a este país de flojera, de ignorancia y de color.”
Que voluntad, NO, que “Boluntad” (porque hay que tener bolas para ello), para decirse y apreciarse a uno mismo como comunicador, pero a sabiendas de que con mi pluma intento dividir, separar y diferenciar lo que no es tal. Más aún es deleznable la intención de documentos como este, en una nación que si bien ha tenido problemas de diversa índole, incluyendo los sociales e inherentes a sus clases sociales (como los han tenido todas, absolutamente todas las naciones, en algún momentos de la historia de este planeta), también se ha caracterizado y es necesario que se le reconozca por ser un país que tener una historia palpable de esfuerzos unificadores, empezando por aquellos eminentemente genéticos.
Pareciera que para la autora, la condición mestiza y muy permeable de nuestra sociedad es algo inventado o de poca importancia. No dice la señora, o tal vez para ella no sea cierto, que Venezuela ha sido uno de muy pocos países en el mundo que ha logrado insertar y amalgamar con mayor facilidad e igualdad a las distintas colonias de personas que vinieron de distintos continentes, no sólo de Europa, para darnos una mano (como la que nosotros también le extendimos) en la consecución del progreso y el bienestar de la nación, ese que es un proceso infinito en el tiempo.
Para ella, la articulista,  no hay agradecimiento alguno para esos “portus”, o para el italiano, el español, el turco (el árabe) o el judío que vino a enriquecernos, ni siquiera para esos alemanes, quienes gracias a su esfuerzo, ayudaron a construir una patria más cosmopolita e intercultural, quienes no sólo nos legaron parte de sus saberes y sus costumbres, sino que nos facilitaron el intercambio de vivencias y hasta de cromosomas, ¿o es que el prototipo de venezolanos que tenemos hoy en día también no tiene en parte algo de sus genes y su influjo?.

Me parece muy xenófobo y más limitado aún todo lo expresado en el artículo de la dama, ya que sólo tiene un enfoque de las cosas, es parcializado y tendencioso, e incluso ya tiene un fin definido, lo que definitivamente va en contra de la necesaria confrontación de posiciones y visiones históricas, va en contra de la universalidad y de……..nah, no vale la pena seguir indicándoles de todo lo que adolece lo escrito al respecto, es mejor que Ustedes mismos los juzguen, para lo cual pueden remitirse a la síntesis del artículo que menciono, el cual es propiedad de la articulista Beatriz Aiffil, publicado en el Correo del Orinoco, los días 24 de junio y 01 de julio, respectivamente.

 

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Publicado por en 17/08/2012 en Culturales, Curiosidad, Historia, Opinion

 

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