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Salam Malecum Don Dahud (Primera Parte – Palestina).

04 Sep

ImagenLlegó a Venezuela el 30 de marzo de 1954, era un muy soleado día, el cual se hacía más luminoso por la reflexión que los rayos del astro rey propiciaban en los innumerables techos de zinc de ese pesebre de casitas que divisaba en lontananza, allá lejos en el Puerto de La Guaira.

Debo decir que su primer contacto con la tierra que desde algunos años atrás ya le había abierto las puertas a su padre, Abdelaziz Silmi, fue muy distinta a lo que le habían comentado las autoridades jordanas (país que para esos años ocupaba a su natal Palestina), quienes eran las encargadas de expedirle el pasaporte que a la postre lo traería a esta “Tierra de Gracia”, su destino final.

Pensó en ese momento el bueno de Dahud, que la pequeña venecia, aquella Venezuela rica y saudita que decían emanaba petróleo por doquier, era solo un cuento de camino, ya que contrastaba mucho con la imagen de esas favelas derruídas y de aspecto lastimero de las montañas que tenía en frente.

No tenía ni idea Dahud Hussein Silmi Silmi, de que en este húmedo y caliente país (en ello muy parecido a su patria palestina), al que le tocó venir más por la insistencia de su padre que por sus ganas reales de emigrar, sería el lugar definitivo donde asentaría raíces, formaría una familia y dejaría un legado de probidad, humildad, tesón, trabajo, familiaridad y amor, características que lo han convertido en un ejemplo a seguir por todo aquel que ha tenido la suerte de tratarle y ser su amigo, en estos ya largos 59 años de residencia en suelo venezolano.

Luego de varios días en los que hizo una interminable escala entre Jerusalén (Palestina) – Beirut (Líbano) – Roma (Italia) –  el Puerto de Génova (también en Italia) y La Guaira (Venezuela), ahora se encontraba en otra extensa travesía no menos desconocida y arriesgada a la vez, un larguísimo viaje entre la zona litoral y los llanos centrales en Venezuela, en una época en la que a excepción de la autopista Caracas – La Guaira, así como de otras vías menores construidas en el período de gobierno de Marcos Pérez Jiménez, el trayecto por las carreteras venezolanas era más que una odisea, .

Tener que dejar atrás su pueblo, mi tío es oriundo de la ciudad palestina de Beit Hanina (en árabe), Beithanina en inglés, de despegarse de parte de su familia, sus amigos, de sus “paisanos” como el mismo les llama, me imagino que ha debido ser una experiencia bastante fuerte, más aún cuando apenas hasta unos días antes de que su padre le enviase los documentos necesarios para tramitar su visa, le había confesado a su madre que no había razón alguna para emigrar, ya que según pensaba en esa época, “se podía tener un trabajo que le permitiese ganar lo suficiente para vivir y comer, para comprar los tomates, el aceite de oliva, el cordero y el pan”.

Era feliz con poco en esa época mi tío, quien siempre tuvo sus esperanzas de que las cosas en su tierra natal mejoraran a pesar de todo lo que había vivido hasta ese momento. Suspira un poco y detiene sus pensamientos los cuales por un instante regresan a la mesa del comedor de su casa, sitio en donde lo entrevistaba para el momento. Hizo una pausa y me contó lo que vivió un día que no preciso del año 1946, cuando trabajaba como joven asistente de una linea de autobuses en una ruta extraurbana de la Ciudad Santa.

En ese justo momento su mirada se hizo más lacónica aún, pero a su vez mostraba algo que denotaba que en su interior estaba ocurriendo paralelamente algo que le hacía revivir la adrenalina que le generó en aquel año la visión del carro Chevrolet negro, ese que divisó en la colina situada encima de la puerta norte de la ciudad (una de las 4 que tiene Jerusalén), la que en ese incidente se situaba como barrera entre él, quien se encontraba acomodando las maletas de los pasajeros, y aquel tonel con pólvora y gasolina que de reojo vio como empujaba colina abajo uno de los hombres del carro misterioso, tonel que traía consigo el primer recuerdo de violencia de los que el joven Dahud tendría que presenciar en su amada Palestina.

!Dos muertos! dice en voz baja al referirse a la explosión, recordando que uno de ellos era la única señora que se encontraba sentada en la unidad al momento del desastre. El otro, me indicó cavilando, era un hombre que dirigiéndose al autobús, fue alcanzado por las múltiples esquirlas y pedazos de metal que producen este tipo de bombas. Agregó mi tío que no sufrió daños porque al ver el tonel rodando camino abajo, se protegió del otro lado del vehículo, justo por los lados de rin, acción que coadyuvado al hecho de que el explosivo detonase contra la pared de la ciudad, le salvaron del atentado y le permitieron estar hoy sentado respondiendo a las preguntas y relatando historias.

Otra pausa se hizo durante la entrevista, era la hora del café, pero sin cardamomo, que mi tío, ya con tantos años en Venezuela, en algunas cosas parece más criollo que árabe. Aquí debo detenerme para indicarles que el ya no toma la más afamada bebida aromatizante (tanto en Venezuela como en Palestina), pero “como buen musiú llanero” que se precie, pues te ofrece el respectivo guayoyito de media tarde, ese que disfrutan la mayoría de los lugareños.

La pequeña pausa se acabó y dio paso a otro recuerdo con respecto a la violencia generada por la ancestral disputa entre árabes y judíos. Me relató que fue testigo presencial (fortuito por supuesto) de un enfrentamiento en “ashekjerah” (así como lo pronunció en árabe), localidad situada en las inmediaciones de la Universidad Hebrea de Hadash, en el histórico Monte de los Olivos, lugar cerca del cual transitaba cuando una célula terrorista palestina (la que con el tiempo sería la cepa principal del grupo HAMAS), atacó un asentamiento hebreo de la región, el cual ocasionó una sangrienta matanza.

Siguió transcurriendo la tarde y con tantas anécdotas de su tierra natal, parecía que mi tío sólo tenía ganas en esta oportunidad de centrarse en sus recuerdos palestinos. Me contó que en otro momento, ahora en su natal Beit Hanina (Bethanina), se disponía a regresar a su casa luego de guardar el autobús en el estacionamiento de la empresa en la que trabajaba, cuando “una turba de paisanos” prácticamente lo arrastró y obligó a seguirles en dirección a un campamento judío cercano a la ciudad de hebrea de Al-Nabih Yacuv, en la cual ingresaron sin mediar palabras a los fines de atacar a sus habitantes, casas, comercios y cuanta edificación consiguieron a su paso.

Se asentuó el rostro cavilante de don Dahud al profundizar en esos recuerdos. Sigo imaginando que para un hombre tan pacífico y recto como él, el hecho de presenciar, escondido y sin armamentos ni otra protección que sus manos, desde los montes de una colina cercana, la matanza de mujeres, niños y ancianos, debió haber significado un hecho, unaa imagen aterrorizante. “Vi a un paisano morir en el acto cuando intentó correr en dirección a una casa y pisó una mina antipersonal” me dijo casi como si fuese algo dicho para sí mismo. “Igual le pasó a otro hombre que estaba muy cerca del otro, quien perdió sus piernas por otra mina”.

Otro silencio embargó el comedor, de esos que te permiten escuchar hasta los sonidos de las manillas de tu reloj de pulsera, parecía que se hubiese detenido el tiempo y que el causante y responsable de ello fuese el sofocante calor y la humedad que se apoderan del llano entre las horas del mediodía y la tarde.

Pensé que dado el tenor de lo que estabamos conversando, ya no quería hablar sobre la violencia en su país cuando le dio un nuevo giro a la entrevista al lanzar esta frase que se dijo como reflexionando consigo mismo: “Yo recuerdo en mi niñez cuando todavía se podía atravesar por igual las zonas árabes y judías de la ciudad, la gente te saludaba y te trataba con respeto, se convivía en paz”. Ya iba a guardar las notas que tomé en mi teléfono, pero me sobrevino la idea de hacerle una pregunta más orientada a mi profesión de diplomático que a las que estaban destinadas para una entrevista tipo semblanza personal: – Don Dahud, ¿En su criterio que hecho fue entonces el que comenzó la chispa de la violencia moderna entre esos dos pueblos? A ello mi tío respondió sin vacilación y con la franqueza de esta frase: !Todo eso fue culpa de Gran Bretaña!, se refería en su jerga, al inglés ese, ¿Cómo es que se llama? Ah si, el tal Belfour. Dicen los palestinos y los expertos de todo el mundo árabe en general, que solo a un inglés y su visión mercantilista de la vida, se le pudo haber ocurrido la macabra idea de dividir en dos países una región que milenariamente los albergó a ambos en un territorio que por muchos años no necesito de fronteras. Todo ello por su interés de cumplir con las deudas adquiridas por el mundo occidental para con los grandes banqueros internacionales judíos, que para nadie es un secreto les habían financiado los gastos de las dos guerras mundiales, y quienes vieron la oportunidad, en 1948, de cobrarle a sus aliados aquello que le fue encomendado y pagado a su empleado británico (Belfour), en 1917, autor de ese absurdo de la historia de la geografía mundial a la que se dio en llamar “La Línea Belfour”.

En ese instante vi el reloj y me percaté de que el tiempo había pasado rapidamente, ya el resto de mi familia estaba de regreso en la casa de “La Catorce” y era hora de regresar con ellos. Faltaba mucho que preguntar sobre su vida posterior a su emigración, sobre Venezuela, de Calabozo, de su matrimonio con mi tía Rosa Marina Pérez Mota (posteriormente de Silmi), su adaptación al llano, a sus costumbres, a su religión, a la interrelación de esa religión con la suya propia (el islam), pero esa parte de su vida, corresponde a otra historia.

Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para ser publicada en ”El Blog de Gustavo”, gracias a la herramienta de WordPress para Blackberry Playbook.

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7 comentarios

Publicado por en 04/09/2012 en Curiosidad, Historia, Opinion

 

7 Respuestas a “Salam Malecum Don Dahud (Primera Parte – Palestina).

  1. Nigma Silmi

    05/09/2012 at 9:27 AM

    Gustav, me gustaría saber eso, ya que él no es cristiano, sólo se hace pasar como tal, por amor a su familia, pero sobre todo, amor a la paz. Él es musulmán y siempre lo será. Como Dios es uno sólo, y la religión es una invención, pues tener un padre musulmán y una madre católica, es todo un espectáculo y un orgullo. Gracias miles…eres el primero en reseñar estas historias que hemos escuchado desde pequeños (aunque te confieso que yo me enteré de todo esto, con sus detalles y señales hace muy pocos años). Gracias nuevamente, looking forward for the next part. Salut!

     
    • guftahot

      05/09/2012 at 10:31 PM

      Comparto plenamente tu comentario Sobeida, para mí Dios es uno sólo y no tiene rostro ni está hecho a la imagen y semejanza de las estipulaciones y los estandares culturales de las naciones. Para mí el es energía. Con respecto a la visión y las creencias religiosas de mi tío, comparto el criterio de Omar quien piensa que él aceptó en parte el catolicismo, para poder casarse con mi tía, y pues luego, por su don de gente y por ser persona afable, logró conciliar las cosas positivas que le permitían y le siguen permitiendo ambos credos, con lo que también evitaba caer en discusiones esteriles sobre un tema que para la mayoría es muy sensible.

       
  2. Amal silmi

    05/09/2012 at 12:21 PM

    Muy nostalgico. Ojala haiga 2 parte

     
    • guftahot

      05/09/2012 at 10:33 PM

      Gracias por escribir. Ya la segunda parte esta siendo redactada, espero haya la oportunidad de que puedas recordarnos algo de tus vivencias con mi tío Dahud, a los fines de enriquecer nuestra nota.

       
      • Amal silmi

        07/09/2012 at 7:57 PM

        Yo conoci a mi tio bueno ya sabra q el es mi primo por cariño mas q todo respeto yo quiero mucho a mi tio daud. La primera lo conoci en 1968 tenia yo 5 años de edad a mi nunca se me olvida cuando el me regalo una muñeca casi de mi tamaño preciosa la muñeca con su vestido de pana color vinotinto bella esa muñeca. Y a mi tia nigma tambien la conoci ese mismo año yo amo a mi familia te quiero mucho mucho tio wallahe

         
  3. jamila silmi

    07/09/2012 at 9:58 AM

    se le quiere muchisimo tio dahud con lagrimas esta historia me hiso recordar a mi papa.. si mi papa su tio faraj abdel aziz silmi el lo queria mucho. tanto como usted tio y mi papa pasaron mucho trabajo en su vidas tanto en biht hanina como venezuela pero lo mas bello de todo que dejaron unos buenos hijos y hijas… y con mucho orgullo les doy las gracias tanto como usted tio y papa de ser un buen padre y amigo de todos nosotros ” alhamduellah” que dios lo cuide a usted tio que tenga mucho mas vida para que nos cuente mas historias bellas…..

     
  4. jamila silmi

    07/09/2012 at 10:22 AM

    creo que el mejor regalo para mi tio dahud unas vacaciones a palestina jerusalem…. el pais esta muy cambiado es muy lindo ya fui en un ans 3 ves… recuerden que es el pais que nacio jesu cristo donde en el koran y la biblia tiene tanta comentarios lindo de ese pais les recomiendo a todos ir alla es el paraiso en el mundo… hantes yo me preguntava yo misma porque los judios quieren llevarse nuestra tierra pues ahora ya se por que porque, como esa tierra no hay ninguna. es la tierra donde comenso la historia de como comenso todo…. caminar en la calles de jerusalem o bith lahem es sentir a los profetas camir.. mental mente recresas a esos momentos y dices donde caminaron donde tacaron que hablavan los profetas que dios mando para que la gente de jerusalem supieran que dios existe….. gracias a dios que todos somos parte de palestina jerusalem y nunca nos daremos porvensidos palestina algun dia sera nuestra completa si dios quiere…. amen

     

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