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Ayrton Senna Da Silva: El mejor, más rápido y arriesgado piloto. La leyenda sobre ruedas.

22 Oct

Hoy me dio por recordar aquellos domingos de mi niñez, esos que cada 14 días entre las 7 y la 10 de la mañana me hacían asistir a una nueva jornada con la historia. Desde muy chico veía con mi padre las carreras de Formula 1, eran los tiempo en que Jhonny Alberto Ceccotto Persello hacía su transición entre ser campeón del motociclismo mundial a piloto de la máxima categoría del automovilismo internacional.

Era la escudería Toleman la que en definitiva le había dado el lugar merecido al piloto caraqueño, ya que la Theodore-Cosworth, con la que había debutado el año anterior, siempre padeció de problemas financieros, esos que no permitieron al criollo terminar los dos últimos grandes premios de la temporada de 1983.

Corría el año 1994, y conjuntamente con Cecotto se estrenaba una gran promesa latinoamericana que desde 1981 venía ganando cuanta competencia europea de automovilismo existía (el Campeonato RAC & Townsend-Thoreson de Fórmula Ford 1600 con el equipo Van Diemen en esa temporada, el Campeonato Británico de 1982, los Campeonatos de Europa y Fórmula Ford 2000 del mismo año, así como el Campeonato Británico de Fórmula 3 del año 1983). Se trataba de un pequeño y flaco piloto brasileño quien llevaba por nombre AYRTON SENNA DA SILVA.

SI bien toda mi atención estaba centrada en el piloto venezolano, nunca podré olvidar aquella gesta realizada por el de Sao Paolo. En ocasión de la celebración del Gran Premio de Mónaco, en una lluviosa tarde de domingo, llegaría el mejor resultado así como la primera de muchas lecciones de conducción en suelo mojado por parte del brasileño. Senna salía desde la décima tercera posición de la parrilla, una desde la cual no se le auguraban muchas oportunidades, augurios que se afanó en dejar mal parados desde la misma arrancada cuando hizo un progreso vertiginoso y constante hacia los primeros puestos de la prueba.

Fue así como consiguió ser décimo en la primera vuelta, luego de la cual comenzó una espectacular remontada que lo colocó noveno en la segunda vuelta. Posteriormente se colocó en octava posición tras el tercer giro, luego séptimo, sexto en el noveno giro, quinto en el doceavo, cuarto en el catorceavo, tercero en el decimosexto y segundo en el decimonoveno. Era una carrera impresionante la que había logrado el para entonces novel piloto, quien sin embargo, a pesar de estar casi a medio minuto del líder de la competencia, el francés Alain Prost, se lanzó raudo en su persecución al que empezó a descontarle un segundo promedio por vuelta.

Todo parecía dado para que el brasileño lograse su primer triunfo en la Fórmula 1 cuando los Comisarios encargados de la Dirección de la Carrera decidieron suspenderla en la vuelta 31, ello como consecuencia de las malas condiciones y la pésima visibilidad ocasionadas por la torrencial lluvia. Al momento de la mencionada suspensión Senna se encontraba en la segunda posición a 7 segundos de Prost. Tal decisión de los jueces frustró al brasileño, quien si bien obtenía el mejor resultado para él y para su equipo en la temporada, sabía y estaba seguro que de a no ser por la suspensión, iba a ser el seguro vencedor (es bueno destacar que al momento de la detención de la carrera Senna le estaba recortando 4 segundos por vuelta al francés, al que incluso ya había superado durante la vuelta 32, justo después de haberse mostrado la bandera roja).

Así de competitivo era el carácter del para entonces piloto de Toleman, nunca conforme con otro puesto que no fuese el primer lugar del podio, ese que según el reglamento de la época le fue arrebatado por el hecho de que se contaban sólo las posiciones de la última vuelta completada por todos los pilotos (vuelta 31), momento en el que para perjuicio del brasileño, Prost era todavía líder. A pesar de aquel final no tan dulce para Senna, para mí representó una oportunidad para disfrutar (gracias a la magia de la televisión) del primer podio en la Fórmula Uno de aquel piloto que en menos de una década se convertiría, sin lugar a dudas, en la máxima leyenda del automovilismo mundial.

Mónaco fue testigo de una conducción que sería cuño y sello de la carrera automovilística del “Mágico Senna”, como algunos dieron por llamarle al manejo arriesgado del brasileño en pistas lluviosas. Mientras para mí ese Gran Premio en el protectorado representaba el inicio de un gran fanatismo hacia uno de mis más grandes ídolos deportivos de todos los tiempos, ese pequeño hombre de arrojo y arrogancia, el que siempre condujo sin temor alguno hasta el día de su muerte, quien luego de ese gran premio ganaría innumerables “Pole Positions” así como algunas carreras hasta su consagración definitiva entre el período comprendido entre 1988 y 1994.

Son legado histórico de su leyenda los 3 campeonatos mundiales de 1988, 1990 y 1991, así como los dos subcampeonatos de 1989 y 1993, respectivamente, esos que lograría en apenas 7 años. Pero tal vez su leyenda no se haya formado tanto por su contundente éxito sino más bien por esas gestas de determinación así como aquellas batallas de conducción con los más grandes pilotos de la época. Tal vez fueron más impactantes aquellos recuerdos de sus múltiples hazañas en carrera. Cómo no recordar aquella gesta que protagonizó en la penúltima Válida del Campeonato de Fórmula 1 de la temporada 1988, celebrada en Suzuka, Japón. Para ese Gran Premio Ayrton Senna había conseguido la Pole Positión, algo que si bien le aseguraba ya medio título en el bolsillo, no podía prever aquel imprevisto, de esos que pueden suceder en cualquier momento de prueba de automovilismo de alta competencia.

Resulta que apenas la luz del semáforo cambió a verde, el motor Honda del vehículo de Senna se atascó, lo que produjo que su carro quedase estático en medio de la pista por lo que el brasileño tuvo que ver cómo el resto de los pilotos lo sobrepasaban. Tuvo suerte el brasileño de que el Circuito de Suzuka tuviese una pendiente en bajada en la misma recta principal, hecho que permitió que su auto comenzara a moverse de a poco y pudiese encender el motor para retomar la carrera.

Cómo consecuencia del incidente de partida, Senna caería estrepitosamente de la primera posición al puesto catorce, lugar desde el que empezaría a remontar de manera increíble y descomunal, a tal punto que en la segunda vuelta ya se encontraba en la sexta posición. Luego sería quinto en el tercer giro, ubicándose cuarto en el siguiente. Para la onceava vuelta ya se encontraba en situación de podio (era tercero con chances reales de ir a la caza del líder de la prueba, que era otra vez su compañero de escudería, el francés Alain Prost).

En ese momento la lluvia, un factor climático que siempre favoreció al brasileño, comenzó a caer sobre el circuito nipón, hecho que favoreció aún más sus oportunidades debido a la enorme habilidad de Senna para correr en esas condiciones. De esa manera, tras una ardua lucha para abrirse camino entre los primeros lugares, finalmente adelantó a su compañero y rival en el inicio del giro número 28, principalmente gracias al tráfico reinante que ralentizó críticamente el ritmo del galo. Luego del adelantamiento Senna se mantendría imparable al frente de la carrera, quien acabaría venciendo de manera formidable en un circuito que lo vio coronarse como campeón mundial por primera vez a sus cortos 28 años.

Dos años después, en 1991, tuve la suerte de observar lo que significa el valor de la técnica y las condiciones de un gran piloto por encima de los progresos mecánicos y los avances tecnológicos cuando Ayrton Senna, quien ganaría su tercer título de Fórmula 1 en ese año (al adjudicarse 7 grandes premios – los cuatro primeros de manera consecutiva en EEUU, Brasil, San Marino y Mónaco, así como otra seguidilla en Hungría y Bélgica, más una última para cerrar la temporada en Australia), nos mostraba como se gana una carrera sin tener un carro en condiciones optimas.

Resulta que el brasileño tuvo que conducir su McLaren Honda usando solamente la sexta velocidad por más de 6 vueltas (dado que el embrague y las velocidades se dañaron durante la última parte de la competencia), hecho que no impidió que liderara la prueba de punta a punta, incluso aguantando la presión del italiano Ricardo Patrese, quien en la segunda posición con su Williams-Renault, alertado vía telefónica de los desperfectos mecánicos de su rival, intentó recortarle y arrebatarle la victoria al saberse con un carro en mejor estado.

Dado su carácter, valentía y arrojo, pero por sobre todas las cosas, por esa pericia al manejar así como su determinación que rayaba en la arrogancia extrema, el piloto paulista decidió no abandonar la carrera, la cual prosiguió a pesar de la presión y de las malas condiciones del vehículo, hecho que lo hizo finalizar tan exhausto que tras ver la bandera a cuadros, dejó su bólido a un costado del trazado, casi desmayado y sin fuerzas, situación que obligó al personal médico a atenderle en plena pista.

Gracias a esa determinación que tuvo para ganar el Gran Premio de Interlagos (Brasil, 1991), que por cierto le daba la primera victoria en su suelo natal en poco más de 8 años como piloto de F1, el piloto paulista fue considerado como el indiscutible héroe deportivo de la nación verdeamarelha.

Vinieron después dos años en los que su escudería no quiso invertir para que les fuesen suministrados los motores élite del momento, conformándose entonces MacLaren en convenir con la Casa Ford, la cual les proveyó un motor menos potente pero sobre todo muy inferior en cuanto a velocidad con respecto a los que le otorgó a la constructora Benetton, equipo con el cual Ford tenía su contrato principal en la Fórmula 1. A pesar de ello, y de que Senna también conociese de la superioridad de los Williams-Renault con respecto a su McLaren-Ford, el brasileño accedió a seguir en ese equipo con la condición de sólo firmar un contrato que se renovara carrera a carrera, contrato con el cual tampoco le iría mal a principios de esa temporada ya que acabaría en segundo lugar en el Grand Premio de Sudáfrica, el que inauguraba el año calendario de la F1, luego del cual ganaría el GP de Brasil, el cual consiguió por segunda y última vez en su carrera (en una prueba con constantes cambios repentinos de las condiciones climáticas).

Ambas válidas sirvieron como antesala de una de sus carreras más cumbres, la que se celebró en el marco del Gran Premio de Europa, en el difícil trazado de Donington Park (Inglaterra). A menudo considerada como una de sus más grandes victorias, la misma fue una oda al riesgo y a la voluntad del piloto por sobre las condiciones de la pista. En ella Ayrton Senna Da Silva partía en la segunda fila (cuarto lugar), posición desde la que los expertos no le daban ninguna posibilidad, ya que ese circuito era considerado como uno en donde no había ninguna zona apta para el adelantamiento de vehículos.

Tales pronósticos en nada amilanaron al piloto paulista, quien con agresividad y mucha velocidad adelantó a cuatro coches que le antecedían, apenas promediando la primera vuelta (los pilotos de esos monoplazas a los que rebasó como a estatuas pesadas, eran nada más y nada menos que Michael Schumacher, Damon Hill y el campeón de esa temporada, Alain Prost). Luego de los espectaculares adelantamientos Senna lideró la carrera desde el final de esa primera vuelta, en una carrera donde algunos pilotos tuvieron que hacer hasta siete paradas en “boxes” para hacer cambios de neumáticos a compuesto de lluvia o a lisos, según los cambios del clima durante la competencia. Tal fue la perfección de la estrategia de carrera de Ayrton, que en aquella prueba Senna dobló (le sacó una vuelta de ventaja) a todos sus colegas pilotos, excepto al británico Damon Hill.

Luego vendría el año fatídico, y con él aquella noticia que recorrió el planeta entero un 01 de mayo de 1994, aquel accidente convertido en tragedia que ocurrió en el marco del Gran Premio de San Marino, en Imola, Italia. Ese suceso que acabó en apenas segundos con la vida del que para mí ha sido el mejor, más rápido y arriesgado piloto de Fórmula 1 de todos los tiempos, el inmortal Ayrton Senna Da Silva, la leyenda sobre ruedas. Muerte que sigue generando comentarios, mucho morbo y mayor polémica aún, pero de la cual hay tanta información que he decidido dejarla para una nota tributo que complete este mi humilde homenaje al campeón de campeones.

E

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2 comentarios

Publicado por en 22/10/2012 en Culturales, Deportes, Historia, Opinion

 

2 Respuestas a “Ayrton Senna Da Silva: El mejor, más rápido y arriesgado piloto. La leyenda sobre ruedas.

  1. EDGAR GONZALEZ

    21/04/2013 at 4:52 PM

    AYRTON SENNA SIMPLEMENTE EL MEJOR DE TTODOS LOS TIEMPOS

     
    • guftahot

      22/04/2013 at 8:01 AM

      Así es Edgar, puro arrojo y valentía mezclado con la mejor de las técnicas que piloto alguno haya tenido sobre una pista.

       

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