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“Macondo a lo Venezolano”

06 Dic

El Mecánico en plena tertulia.

El Mecánico en plena tertulia.

Un mecánico automotriz conversa, dice que la restricción de las divisas hace que el costo de los insumos para su trabajo incrementen, muchos piensan que eso lo beneficia porque a la larga eso se refleja en el valor de sus facturas por cobrar. Nada más alejado de la realidad dice este descendiente de portugueses, que hasta tiene que hacer “rebajitas” o acordar planes de pago, incluso acudir al trueque, para poder tener clientes, incluyéndome a mí.

Como buen venezolano, habla de todo, porque como cultura-nación somos los perfectos eruditos del toderismo, o al menos eso pensamos. En apenas instante pasamos de la situación macroeconómica del país a las disertaciones en materia de legislación municipal y vecinal, ya que el problema del suministro de agua se está tornando cada día más grave me dice, incluso como para que llegue a una ciudad como esta, “mira que San Antonio de los Altos siempre fue un enclave privilegiado”, “casi otro país aparte” dice otro cliente que se incluyó en la conversación.

Con solemnidad están de acuerdo en argumentar que los vecinos ni van a las reuniones del condominio, refieren que muchos tienen el carro, el celular y la ropa de moda, pero que no son capaces de pagar los 2 o 3 meses que le deben al edificio, “Ahh, pero los vieses como reclaman, son más quisquillosos que mayordomo o ama de llaves del Palacio de Buckingham”, según refiere Ramón. Pasan los minutos y se hace una tertulia, que eso también tenemos los venezolanos, que de todo hacemos una reunión, un agasajo, un aquelarre, un templete, entre otras modalidades que tenemos para referirnos a una fiesta de improvisto.

El quisiera que su esposa hiciera hasta labores de mecánica

El quisiera que su esposa hiciera hasta labores de mecánica

A consecuencias de la hora, la tertulia solo fue rociada por los innumerables vasitos de “café guayoyo” que diligentemente nos traía la “doña”, la esposa del dueño del taller, de la que dice que por lo restrictivo de las nuevas leyes, así como por causa de la inflación y “pelazón” que hay, prefiere tenerla a ella como administradora y supervisora de los empleados. Ella se ríe como por compromiso al mismo instante que los clientes tomadores de café se desencajan en sus carcajadas cuando el hombre, teniendo a su consorte a tiro, le da una nalgadita a la que agrega y no con menos sorna un: “es que me ha salido tan buena, que si supiera algo más de tubos y soldaduras, no contrataría más mecánicos sino que le dejara todo el trabajo a mi mujer”.

Se va la doña y acto seguido comienzan a hablar de mecánica propiamente dicha, tema más o menos incomprensible para mí: que si el carter, que si las bases del radiador, venían tripoides, iban trenes delanteros, por un lado se escuchaba el rechiflar de los compresores de pintura y por el otro el martilleo incesante de los que enderezaban y amoldaban carrocerías. Todo esto a sabiendas de que había que esperar un buen tiempo ya que en el taller habían más vehículos que glóbulos rojos en la humanidad de una persona con sobrepeso.

“Esto es pa’ rato señores”, alertaba con extrema grandilocuencia el dueño del taller, “el que pueda, si quiere esperar, que se quede aquí en el galpón conmigo que dentro de un rato mando a comprar unas cajas de cerveza que yo invito, es navidad.” Ruido generó tal proposición, el de algunos lamentándose por no poder tomar de gratis a costillas del hombre de las herramientas (porque les esperaba el pesado retornar para cumplir en sus trabajos), y el de aquellos otros más osados, al hurgarse sus bolsillos en la búsqueda de sus respectivos celulares para hacer gala de sus abundantes y prolíficas mentes creativas.

"Jefe, me tendré que ausentar todo el día"

“Jefe, me tendré que ausentar todo el día”

De seguro estoy que muchos de Ustedes pagarían por escuchar cada uno de los cuentos que me tocó oír “de los hace 10 minutos muy correctos ciudadanos”. A uno lo llamaron de emergencia para avisarle que la madre se dislocó la cadera cayéndose de una escalera, el otro le informaba a la esposa que debía bajar a La Yaguara, en Caracas, debido a que el mecánico le pidió el favor de comprar 2 piezas muy importantes que le faltaban a su carro. El tercero negociaba con uno de los empleados de su tienda, a los fines de que lo reemplazara en la mañana, a quien a cambio le daba un día más de sueldo más todas las propinas que los clientes dejaran hoy en el “cochinito navideño”.

Este tercer cliente se voltea luego de hablar y me confiesa al oído que no pierde mucho, que el ha estado antes en estas invitaciones de Manuel, el Mecánico, agregándome que: “eso es caña y más caña, ya verás que luego serán 2 cajas, 3, 4 y siempre hay quien saca la de Whisky, para al final siempre hacer una vaca entre todos para comprar la carnita pa’ la parrilla”. “Si chico”, dice Jorge, “quédate que la última que estuve terminamos la parranda en el Brazilian Grill y hasta un show de strippers nos hicieron las garotas que se hicieron panas de nosotros por tanto que consumimos”. A todas estas el trío de concienzudos nuevos amigos me sugerían: “Reportate enfermo en el trabajo o le dices a tu mujer que hoy es la fiesta de la compañía y listo, asunto resuelto.”

Lo cierto es que habiéndose ido algunos pocos y quedándose la mayoría, volvieron de nuevo al tema mecánico, el que cambiaban de vez en cuando a ese otro que por estos lares es religioso, ese que dicen que no tocan mucho sino cuando están “rascaos”, por aquello de no “enchavar” la celebración. Me refiero al que se refiere al Caracas y al Magallanes, esos dos equipos de béisbol venezolano que parecieran repartirse más del 90% de las preferencias de la población en esta tierra de gracia (la verdad poco escucho hablar de las otras franquicias, ni siquiera en programas de radio o en televisión, más allá de esos que necesariamente se comentan en las cadenas especializadas sobre el tema).

“Tu tienes pinta de caraquista chamo”, me dice José, “tienes cara de sifrinito”, a lo que Ramón se ríe y le dice: “SI vale, mira al pitonizo este”, “como que si no estás viendo que su carro tiene tremenda calcomanía de los gloriosos leones en el vidrio de atrás”. No pude hacer otra cosa sino “largar la risa”, como dicen por aquí. Me preguntaron sobre la abrupta marcha de Thad Webber y un magallanero intentó chalequearme por la paliza que los Bravos de Margarita le propinaron al Caracas ayer.

La calcomanía que delata a un caraquista.

La calcomanía que delata a un caraquista.

Como les dije antes, este es tema de asunto nacional, y ya estaba viendo como por un lado algunos buscaban hacerme chanzas y por el otro los caraquistas intentaban respaldarme con comentarios de apoyo. Ambiente navideño, ocasión distendida, la alegría del venezolano, me dije yo, esa que ya no se ve con frecuencia producto de la radicalización política que tiene padeciendo a esta, mi patria bella, por al menos 15 años. En eso pensaba justo en ese momento, por lo que pensándolo mejor me dije para mis adentros: “Pasión y política, Política y pasión”, esas no son buenas aristas para mezclar, por lo que decidí acudir a la muy de moda Sabermetría del Deporte de los guantes y los bates, que si no lo saben, al venezolano cuando le hablas de manera académica o si le das muchas estadísticas, conceptos y te comunicas con ellos como si fueses una enciclopedia, pues de seguro lo vas a intimidar, aburrir o le caerás mal, una de dos (y eso que son tres). ¡Vaya! es que no quería que la francachela terminara en agrías discusiones o enfrentamientos por un tema que muchos consideran de estado.

Efectiva la medida, o más bien, acertado fue el medio que escogí para lograr mi fin, que cambiaran en el tema, ya que por estas fechas, hablar de Caracas y Magallanes es como mimetizarse en el tema PSUV-MUD, y pues es mejor evitar sensibilidades y seguir tomando los guayoyitos de la doña a la espera de las birras y de que alguno se emocione y brinde los cachitos, que apenas son las 09:00 a.m. Como se dice en el argot popular: “Les corté la nota”, de eso no hubo duda alguna, pero ya verán como con el transcurrir de las horas me lo habrían de agradecer.

En eso llegó un cliente con un diario, quien al unirse a la conversa ofreció el pasquín a quien quisiese leer las noticias. ¿Adivinen quien pidió el periódico?, que un diplomático no puede estar desinformado. Total, lo que yo había ido a hacer en ese taller, ya estaba hecho, que por sociable es que siempre me quedo tiempo demás del debido. Mientras ellos chistaban, vociferaban o incluso a veces reverenciaban a su interlocutor con inusual ceremonia, yo en una esquina leía sobre el cierre de más Embajadas en la Pequeña Venecia (específicamente la de Noruega), sobre diversas protestas sociales y reivindicativas, incluso hasta de la entrega de un nuevo Best-Seller o Bestseller (ambas formas son válidas) sobre la enfermedad de un enfermo que dice no estarlo, pero que a veces sí, pero que otras no…Miraba el periódico y luego los miraba a ellos, otra vez más al diario y acto seguido de nuevo a los clientes en espera, que semejanza entre ambos mundos.

Manuel, quien de nuevo salía de su oficina, se me pareció en ese instante, por su pelambre algo grisáceo y hasta largo, a Gabriel García Márquez (este más venezolanizado y con aires portugueses), pero también el parecido se debía al hecho de que su taller se me asemejaba a una locación perfecta para la representación de un nuevo “Macondo”, pero a la venezolana, hecho que no hacía otra cosa sino indicarme que nosotros, sus clientes, eramos el reparto ideal para satirizar esa obra excelsa del “Realismo Mágico Latinoamericano” como lo fue “100 Años de Soledad.”

Macondo a la venezolana

Macondo a la venezolana

Eso era…..Eso es….Eso somos…..un país producto de una realidad que se parece más bien a un mundo mágico, pero por lo bizarro, por sus innumerables contradicciones a pesar de sus cosas positivas, por aquella cantidad de cosas insólitas de nuestro día a día, esos que no sólo cuentan 100 años, sino 400 y pico, los mismos que tenemos desde que otro insólito y desquiciado navegante y cartógrafo, ese que por extraviado (o más bien perdido) ni siquiera supo decir cual era su verdadero origen (genovés, catalán, gallego, portugués o judío), él que además, teniendo las profesiones que decía tener, sólo llegó a nosotros “los indígenas” por un casuístico error (por un grandísimo pelón diría yo), en  la búsqueda de esos otros “indios”, los de la ruta del comercio de la seda, los que si llevan la acepción que por error nos indilgan a nosotros, los de acá,  hasta nuestros días.

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Publicado por en 06/12/2012 en Culturales, Curiosidad, Historia, Opinion

 

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