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Sólo es música

12 Ago

Pentagrama Musical.

Pentagrama Musical.

La música, esa expresión del alma que se convierte en corcheas y semicorcheas de puntos en el aire, aquella que te permite tararear encima de pentagramas soportados en las líneas del horizonte. ¿Qué sentimiento o acontecimiento humano no se ha registrado a través de la música? Unas te llevan a sublimar, otras a reflexionar, pero lo cierto es que ella le imprime la armonía y el ritmo que decidas darle a tu vida en un momento determinado.

Eso lo saben los expertos, los publicistas, lo comerciantes, los espirituales, los puristas, los científicos, los bohemios y tú. La música está con nosotros desde la misma aparición del planeta. Hay quienes dicen que todo es música, o casi todo como pienso yo. Ella está en la lata que usas como percusión, en la peineta por la que soplas como flauta o harmónica, y hasta en las palmas de tus manos, con las que haces la clave de salsa o son montuno.

La música está en el viento, ese que te habla en el oído, o en la lluvia que cae y que en la tierra da un tono, así como otro distinto en el asfalto o sobre el cemento. Una canción está en la sonrisa de una dama, o en el lunar que se encuentra en el labio de una amante. En sí es esa lírica y el sonido que producen esos besos lentos, que también los apasionados, así como el que generan el ritmo acompasado o atribulado de los cuerpos al chocar.

Corcheas y Semicorcheas.

Corcheas y Semicorcheas.

Musique es lo que te transmiten los gemidos, los susurros, las palabras encendidas o con acento prosódico, en aquellos momentos de fusión entre almas, pero también es aquella que sale de los pájaros que siempre se posan sobre mi ventana, esa que precede al sonido de un vehículo o al canto de los niños que alegremente comienzan su jornada escolar. Todo es sonido como dice @jason_mraz, ese al que si le das sentido, genera la melodía y hasta el concierto de tu vida.

Ella puede ser el todo de tu vida, ya que más que un sentimiento, también es una evocadora de recuerdos y una expresión de anhelos futuros. Es el instrumento por el que halagas a quien está hoy y por el cual también tributas a quien o quienes ya se fueron. Así cada canción, cada sonido, pueden ser catalogados en la biblioteca de tu existencia para ser registrados y así traer en un instante, cada momento realmente importante de tu vida.

Con una melodía arrullas, también consuelas, homenajeas (como dije antes), protestas, enseñas, pero lo más importante de todo, con la música enamoras. ¿Cuantas parejas, cuantas relaciones y cuantas familias se constituyeron en la historia gracias a la música? es infinito ese registro, es imposible medirle, pero sobre todo, es innegable su legado, es inmenso su influjo, como inmenso es el poder de Dios, porque la música es eso en sí, un regalo que él nos dio en extensión por ser su mejor creación.

Música ha sido lo que he regalado a las personas más valiosas de mi entorno, ya sea tarareandoles algo, cantándoles algo, tocándoles algo, y ya en estos tiempos, compartiéndoles videos o llenándoles sus Ipods y teléfonos inteligentes, de ese otro universo de fantasías e historias que son parte de lo que he oído y disfrutado desde la propia cuna. Para mí sin música la vida no tiene sentido, no tiene cabida, por lo menos no en este plano existencial.

Notas musicales.

Notas musicales.

Siendo así, ante el hecho de tener que quedarme en casa, por reposo, o porque el día también responda a una escesiva lluvia, incluso hasta por la orden expresa de no ejercitarse por al menos un mes, es la música la que ocupa todos esos espacios restantes. Es la que me ayuda a escribir, y cuando lo haces, te preguntas si lo haces por ocuparte o tal vez por aburrimiento, pero no, es gracias a ella, a lo que incita, a sus sonidos, los que hacen que resulte esta y otras notas.

Con ella tecleo las letra clave de mi PC hoy en día, y aunque no sale en la misma posición, así como tampoco me coloca en primer plano la foto de siempre, eso no tiene importancia mientras eso suceda sonando Aerosmith al fondo. Volteo y ahora la bicicleta reposa al lado de la portátil y no cerca de la puerta en donde debería estar un domingo a la espera de ser usada para rodar en el asfalto, pero no parece estar molesta sino más bien danzante.

Honestamente aunque sinopticamente no me creo que por esto último, busco darle mejor sentido al momento con más música. Pudiese hacerlo encontrando otra cosa que hacer, sólo bastaría una buena película, tal vez ver vídeos en internet o esperar a comer ese antojo que pedí por teléfono. Con el compás de sus acordes me viene una nota mental, cambiarle las baterías a las dos luces traseras de la mountain bike, pero ya va, será más tarde, cuando la lluvia, pero sobre todo la música, me dejen.

Que también una de las luces traseras del carro tampoco enciende, esa también espera por su turno, pero ya vendrá su momento. Ya son 2 las cosas que puedo hacer, pero ante los sonidos de la guitarra de Pablo Alborán, en este momento esas diligencias están archivadas y pueden esperar. Llega una tercera tarea a mi cerebro, porque incluso puedo aprovechar el tiempo para cubrir con una calcomanía, el rayón que le hice a la MTB en mi última rodada, pero que importa, ante la música, hoy todo queda relegado a un segundo plano.

Veo mi reloj, me voy hacia el inicio de esta nota, y soy consiente de que sin darme cuenta, entre una y otra canción, ya salió un nuevo artículo, y pensar que tenía ya casi un mes sin escribir porque sin la música no me inspiraba, o no sabía si escribir sobre lo cotidiano podía interesar. En todo caso, nada de esto fue “ex-profeso”, o estuvo basado en alguien o algo en especial, vino de la mano (y del teclear) con mi alma interior, le hizo la música juego a mis dedos para sacar o decirme algo que desde mi anterior escrito no encontraba o no entendía.

Viva la Música.

Viva la Música.

En definitiva, ante la duda, gracias a la magia de las canciones, seguí tecleando, como se hace en la vida ante las vicisitudes, y terminé este proyecto, justo cuando lo hizo la pieza “Ho Hey”, de The Lumineers, esa agrupación tipo country o neofolk, como con influjos irlandeses, esa que me gusta más que Mumford & Sons, conjuntos de los que espero escribirle en alguna otra oportunidad.

Esta nota fue escrita y publicada por Gustavo Adolfo Agüero Cruz, para “El Blog de Gustavo” gracias a la herramiente de WordPress para Blackberry Playbook.

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