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Que suenes en la eternidad, como en el Cabrestero se escuchó tu tonada, SIMÓN.

19 Feb

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AQUEL hombre bajito, de facciones comunes, de costumbres provincianas, llanerazo como el que más, pero no el recio sino ese, el de humilde verbo pero prosa profunda, el de fibra y ascendencia local, que por su grandeza siempre le quedó grande a su Barbacoa amada. Tan auténtico y modélico que desde hace ya muchos años había trascendido, no solamente las fronteras nacionales hacia la internacionalidad (esa que nunca buscó además), sino aquellas más vastas e inmortales hacia la universalidad. Hoy tu eco y tu esencia están siendo honrados en sitios tan disímiles como Catalunya y Panamá.

Tu impronta “bambolea” con mucha fuerza por el mundo de los gitanos, pero también se desliza como en alfombra mágica por esos parajes de las mil y una noche de la arabia milenaria, a esa que le devolviste con creces la influencia que por 8 centurias esa raza legó en nuestros ancestros españoles.

En ti todos los venezolanos admiramos el mejor ejemplo, por lo cercano, del concepto de lo “GLO-CAL”, por ser ese ser humano especial que mientras más profundizaba hacia sus raíces, hacia lo local, se iba convirtiendo cada vez más en un icono global. Quien si no tu, podía lograrlo maestro, término al que accedías con respeto y humildad, pero que no te gustaba mucho y por ende no lo ufanabas.

Hoy no sé si tus SABANAS LLANERAS estén de fiesta o enlutadas, en todo caso si estoy seguro que estarán muchas veces escuchadas y homenajeadas gracias a tus corridos y coplas, porque hoy serán millones los que escuchen tus numerosas obras. Gracias a ti la VENEZOLANIDAD, esa que hoy en día está acorralada y vilipendiada por todo lo que la hemos acometido sus hijos, tiene un respiro entre tanta imagen negativa, porque tu, y tu acervo, la engalanan, la enorgullecen ante el mundo, que de seguro se postrará a su pies, porque con ello hoy, te estarán dando tu merecido reconocimiento, ese que recibiste mil veces en vida, pero que ahora, en el momento de tu muerte, se engrandece y se hace mítico.

Gracias Simón, por lo que representaste y representas, por hacerme recordar las cosas buenas y los grandes pro-hombres con los que contamos en esta tierra de gracia. Soy dichoso por haber nacido en la época en que tuviste a bien vivir, de oír de niño, tus consejos de tío, Simón, beneficiado además (como hijo de madre llanera) con escuchar con cierta frecuencia sobre tu legado y sobres tus canciones. Siempre me quedarán grabados esos momentos de la niñez, que de viaje por esas interminables rectas de “los dos caminos” se escuchaban en la radio de los carros de mis padres, aquellas piezas como “Tonada de Luna Llena”, “Tonada del Cabrestero”, “Mi Querencia”, “Sabana”, “La Pena del Becerrero”, “Mercedes” y “Caballo Viejo”, entre muchas otras.

Ya volaste de este plano, como “El Alcaraván” al que le cantaste con tanto sentimiento y respeto, de seguro vas en tu camino a ubicarte en tu lugar reservado para los grandes de la música mundial. Vaya en paz tío, y no se olvide de revolotear como esa gran ave, por los parajes de esta su tierra venezolana, para prodigarnos luz, sapiencia, armonía musical, pero sobre todo, de género, ese que necesitamos se aloje entre los hombres de tu patria, tan enfrentados y tan divididos como se encuentran hoy. Hasta siempre “Caballo Viejo”, hoy tus riendas se han soltado y te están llevando al rejuvenecimiento de la inmortalidad.

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Publicado por en 19/02/2014 en Espectáculo

 

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