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Mejor escribir la historia en tinta neutra, que en rojo dolor.

24 Oct

Prefirió bajarse a buscar aceite, que llegar temprano a su trabajo.

Prefirió bajarse a buscar aceite, que llegar temprano a su trabajo.

Tarde en la mañana, claro, una constante de estas épocas, la lluvia de octubre, esa que así como a mí, de seguro también detuvo a miles de personas que ante el diluvio también se imaginaron el gran colapso por el represamiento de las aguas, las lagunas, el tapón que forman los motorizados debajo de los puentes, el tráfico, entre otras muchas vicisitudes de una urbe que ante los ojos de todos, está cada vez más colapsada, la que en su ropaje denota lo raída que se encuentra dado el inmenso maltrato al que ha resistido estoicamente, a manos de unos indolentes habitantes.

Ya montado en el transporte público, prácticamente obligado por las circunstancias de un país que ya no parece nuestro (más de tres meses sin conseguirle un simple repuesto a mi vehículo), en el que incluso la amabilidad, la que antes era la marca de fábrica del venezolano, esa que se encuentra en sus horas menguadas y se ha ido mudando a otros destinos hasta nuevo aviso, hace que mi día comience en plus menos, ese mismo día que antes podía ser atípico para todos, y que ahora de manera rutinaria nos calamos los venezolanos de a pie.

Ya instalado en uno de los asientos, aún tratando de parecer a tono con el resto, aplicando aquella máxima que indica que “a donde fueses haz lo que vieses”, igual me es imposible dejar ese hábito del diplomátco, que uno siempre se deja llevar por la deformación profesional, esa de observar, de palpar, de analizar, de constatar. Me pilla el momento viendo caras de insatisfacción, modos que denotan amargura, conductas que traducen desasosiego, frustración, todos malos síntomas que ya indican la fiebre reflejada en el termómetro, y eso de sólo hacer ese simple careo visual.

Aunque pudiese ser suficiente para algunos, prefiero enfocarme en las expresiones, los comentarios, las pláticas, todos esos elementos que definitivamente, como dicen algunos personeros que lideran el Status Quo, me indican que Venezuela ha cambiado, que ciertamente no es la misma. Ojo, no descubro nada nuevo con esa afirmación, pero si quiero subrayarlo, porque como cualquier otro de mis compatriotas que sale a la calle, debo decir que el hecho de que exista ese cambio obvio, el mismo no necesariamente debe interpretarse y/o leerse o considerarse como un factor de aprobación, tampoco como una señal de sumatoria, ya que el cambio per sé no indica evolucionar, ir hacia delante (que se puede también modificar en negativo), ni siquiera en la mente o en el imaginario del más positivista creyente de quienes han llevado las riendas gubernamentales de nuestro país desde el último año del siglo pasado.

En eso pensaba mientras la señora a mi lado interrumpió su silencio para comentarme, como si se tratase de una revelación así de magnifica como inédita, casi que primordial y providencial para la evolución del hombre y la cultura universal, quien acababa de ver personas saliendo de un centro comercial con bolsas de aceite “Mazeite”, algo que le impulsaba a bajarse del autobús, cual peregrino que ve al máximo jerarca representante de la religión a la que sigue. Tal reacción me llamó mucho la atención, porque fue como un impulso que no contrapuso ni hizo distingo al hecho de que pudiese llegar tarde a su trabajo.

El oro amarillo, así como muchos otros “oros” considerados hoy como tal debido a su escasez, bien valía la pena el sacrificio, y esto para la normal funcionalidad de su familia, la de ella y la de los suyos.

En frente otro hombre reclamaba, no sin razón, sobre la desidia y el desinterés del conductor, quien en un trayecto de menos de 3 kilómetros se tardó la bicoca de 45 minutos, incluyendo el hecho notorio y desesperante de que se quedaba esperando pasajeros por al menos 5 minutos en cada parada. Esto no quedó impertérrito en mi subconsciente, ya que hasta en un sector de uso y consumo masivo como el del transporte de pasajeros, usualmente rentable en cualquier país del mundo, se nota la profunda crisis, porque ante los costos, ya ni siquiera se les están dando los números los cuales también, como los del resto, están “en rojo”.

Tal es el desespero por la situación económica que, agobiando sobremanera y de forma más apremiante a los más necesitados, esos que son los que irónicamente indica el sector gubernamental que mayormente protege y a quienes van orientadas sus políticas, quienes más discuten y más se ven afectados por las consecuencias de las mismas, sólo que ahora también lo hacemos con cada vez mayor frecuencia, aquellos otros componentes de esta atribulada sociedad, los que antes, por miles de razones obvias y que no es menester enlistar aquí, teníamos una mejor capacidad y preparación para sobrellevar las crisis.

Ahora no, en estos tiempos en que pretenden igualarnos a todos hacia abajo, arrastrándonos a todos a un pote de pobreza común, cualquier sutanito pelea con fiereza hasta por el cambio, por el sencillo o por el “vuelto”, y esto reclamado con la mayor de las vehemencias por los usuarios, quienes ahora buscan salvaguardar celosamente sus dineros, sin distingo y sin importar siquiera que el importe a ser devuelto sea de apenas un bolívar débil.

Ante la crudeza de tamaña realidad, presenciar una discusión-discurso de 5 minutos entre un usuario y el chofer en plena vía y bajo un torrencial palo de agua, y además en una “camionetica pública” como le dicen, por apenas 100 céntimos, no hace sino dejarme claro que el cocktail de inconformidades y vicisitudes que lleva acumulado el venezolano, se está soterrando de manera muy peligrosa (cual magma volcánica) en el interior de millones de compatriotas que parecen a punto de estallar, y eso, señores, cuando hablamos de una sociedad toda, nos convierte en una Caja de Pandora, en arsenales potenciales repletos, como bombas de tiempo ambulantes, en Kamikazes espontáneos, que en su frustración, pueden llegar a un punto negativo de inflexión.

Que nos libre DIOS que lleguen a abrirse los fueron internos de manera colectiva, y mucho menos que el río los lleve a explotar, que con sinceridad NO deseo mal tan nefasto para nuestra ya muy maltrecha y sufrida nación.

Ojalá rectifiquen a tiempo quienes deben hacerlo, que es mejor escribir la historia en tinta neutra, que en rojo dolor.

Gustavo Adolfo Aguero Cruz

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Publicado por en 24/10/2014 en Espectáculo

 

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