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Perspectivas a futuro para la Economía Venezolana a causa del volcamiento de los Productores de Petróleo Internacionales hacia el Mercado Asiático

03 Dic

Crisis Económica VenezolanaCon la OPEP negada de plano a reducir sus cuotas de exportación, con países como Arabia Saudita, EEUU, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait produciendo al tope de sus capacidades, y con un mercado asiático tan boyante en dinero como en bonanza económica para recibir barriles por doquier, Venezuela es sin duda alguna, de los productores y exportadores petroleros, el país más afectado con los cada vez más reducidos precios de crudo. Con casi una década de precios por encima de los 100 dólares por barril, tal aseveración podría resultar falaz y risible para muchos estadistas y encargados de las finanzas públicas en el mundo entero.

Pero sí con una cotización por debajo de los 70 dólares y ante las perspectivas actuales del mercado, que pareciera estarse traslandando hacia no solamente China, sino a los países de la ASEAN, el colapso de la economía venezolana parece inminente. Primero, por como veremos en la segunda parte de esta nota, porque Venezuela no se preparó a conciencia para lidiar y trasegar coyunturas y momentos como el que se está atravesando actualmente, y en segundo lugar, porque habiendo hecho tantos y tan radicales cambios en su principal empresa productiva estatal del área (tanto en recurso humano, como en leyes para la desviación y reutilización de los ingresos por concepto de exportación, ganancia y royalties, así como por una insuficiente inversión en tecnología e infraestructura), ya no puede producir lo suficiente como para cubrir la demanda interna y a la vez, incrementar sus cuotas de exportación como lo requiere la demanda sostenida del emergente mercado asiático, el principal responsable de la actual baja de los precios del crudo.

Con lo antes dicho, Venezuela ve seriamente amenazada su colocación estratégica anterior en ese mercado oriental, ya que al mismo están entrando pesos pesados como los países árabes productores de la zona del Golfo, así como otros NO OPEP, como en el caso de Rusia, los cuales también tienen la capacidad de sustituir y suplir las cuotas con las que Caracas no pueda cubrir, sobre todo porque buena parte de su producción ya está comprometida para el servicio de la deuda por motivos del Fondo Chino, así como en los diversos acuerdos y convenios de intercambio de petróleo por bienes y servicios pactados con Cuba, Argentina y Países del Alba, entre otros.

Claro está, que si bien este colapso económico está fundamentado en la mala praxis petrolera, así como en el poco o nulo ahorro que por el concepto de los ingresos provenientes del sector se ha tenido, también este se debe en menor cuantía, a otras medidas no solamente económicas, sino políticas y sociales que en algunos aspectos ya llevan hasta tres lustros. En ese sentido, para figurar lo que estoy aseverando, puedo decir que por cada dólar que cae el precio promedio anual del petróleo, el flujo de caja de PDVSA recibe 500 millones de dólares menos al año.

Al respecto, si por ejemplo el precio referencial del crudo Brent llega a cotizarse a 65 dólares por barril, la cesta petrolera venezolana se ubicaría más o menos en el orden de los 55 dólares, prácticamente 10 dólares menos que en la actualidad, lo que supondría una caída de 10 mil millones de dólares más en nuestro ingreso anual. Si a ello agregamos que el déficit de nuestras cuentas públicas dependen del cambio bolívar – dólar que se obtiene por petróleo, podemos decir que la presión para devaluar el tipo de cambio, que ya es descomunalmente alto, crecería aún más, en una economía que en este momento no tiene la capacidad de aumentar las exportaciones no petroleras o disminuir las importaciones de insumos y satisfacerlos con una producción nacional, producción que cada vez se debilita más, cuando el número de industrias y empresas locales se va reduciendo alarmantemente, lo que hace proliferar una importación indiscriminada, una excesiva dependencia del petróleo (como nunca antes vista) y que de igual forma hace que el aparato productivo nacional se contraiga a niveles insospechados.

Con la realidad de estos hechos inocultables hasta para el más neófito lector, sin duda alguna que en el año 2015, el Gobierno Nacional se verá obligado a tomar medidas económicas y macroeconómicas de gran impacto, por demás impopulares, en las que deberán dejar fluir el tipo de cambio mucho más de lo que lo han hecho con las devaluaciones encubiertas, así como con esas otras tácticas impositivas que no les han resultado hasta ahora, y que también han significado una devaluación, al igual que otras medidas de corte restrictivas que han venido utilizando hasta ahora.

Si ya la situación con el precio actual del petróleo es bastante frágil, el problema con las reservas internacionales lo agrava aún más, sobre todo porque su reducción drástica hace temer por nuestra seguridad monetaria, ya que estamos adquiriendo una deuda exterior monstruosa, que lejos de controlar y reducir seguimos ampliando, aunado a la cada vez más creciente y vertiginosa demanda de productos importados, así como a la controversial decisión gubernamental de no dejar de honrar nuestros compromisos adeudados fuera de nuestras fronteras (el pago de deuda externa realizado hace poco, por el orden de 1.600 millones de dólares, hundió la porción en efectivo de las reservas a menos de mil millones de dólares, esto además porque 70% de las mismas están contabilizadas en barras de oro), hace que la caída de estas reservas parezca indetenible y sin un freno aparente en el futuro cercano.

Sin embargo, en teoría, el Gobierno venezolano cuenta con recursos fuera de las reservas internacionales, con los que puede afrontar de mejor manera esta prolongada crisis que se nos viene a todos los ciudadanos, pero que hasta los momentos, tal vez no queriendo implementar medidas que vayan en contra del Paternalismo de Estado que han consolidado y caracterizado, se han negado a aplicar con prontitud.

Con tal panorama a la vista, la sombra de una insolvencia de pago de acreencias se cierne sobre Venezuela, por mucho que en 2014 se haya hecho maromas para cumplir, ya que el año entrante tendremos que cancelar 10 mil millones de dólares por vencimientos de deuda externa, cifra que la sostenida baja en los precios del petróleo amenaza con ser imposible de costear o sufragar, situación que genera mayor alarma, y por consecuencia, aumenta aún más la percepción de riesgo que sobre el país tiene el mercado internacional, por lo que la anterior práctica usada no sólo en estos últimos 15 años, sino siempre, de emitir nuevos bonos para pagar los otros que se vencen, obligaría al gobierno venezolano a asumir tasas de interés exorbitantes que harían de esta posibilidad, una medida impráctica, así como algo perniciosa económicamente hablando.

Ante esta perspectiva, ¿El Gobierno de Maduro puede verse tentado a no pagar los vencimientos de deuda?. Si bien Venezuela le ha dado prioridad al pago de la deuda y ha recortado los dólares para otras necesidades, pareciera que pudiese ser insostenible esta situación a sabiendas de que si no paga, es decir, entra en un estado de insolvencia de pago, cercenaría sus posibilidades de obtener crédito en el mercado internacional, por lo que estimo que cumplirá y seguirá pagando, hasta la medida de sus posibilidades, a pesar de que el mundo de los economistas estime que nuestro país tiene una alta probabilidad de incumplir sus compromisos en el futuro.

EL LLAMADO MOTOR ECONÓMICO SIMPLEMENTE NO LES FUNCIONÓ

A diferencia de la mayoría de los países exportadores de petróleo, Venezuela no creó mecanismos para ahorrar parte de la lluvia de petrodólares que ingresó entre 2005 – 2013, tras el salto estelar de los precios del barril. Para ello, supuestamente la administración gubernamental anterior creó el FONDEM, un fondo de gasto que recibió una porción muy elevada de los recursos petroleros y de las reservas líquidas que estaban en el Banco Central de Venezuela, que lamentablemente fueron utilizados para todo y nada.

Para darles una idea de a que me refiero, hay que decir que la cifra en Balanza de Pagos que publicó el Banco Central de Venezuela, registró que entre 2005 y 2013, o sea, en los pasados 9 años, el país obtuvo por exportaciones petroleras la bicoca de 641 mil 872 millones de dólares, de los cuales, de acuerdo con las cifras estimadas de la Vicepresidencia de Economía, fueron asignados a través de CADIVI, ALADI y SUCRE la suma de unos 282 mil 476 millones, es decir, 44% del total de esas ganancias, y eso sólo para requerimientos del sector privado, tales como gastos en importaciones, envío de remesas de dinero y en divisas para viajes.

Así las cosas, la mencionada publicación de datos arrojó que la distribución de las divisas fue mayormente enfocada hacia el sector público, el mismo que en ese sentido absorbió la mayor cantidad de esos petrodólares, pero sector que no logró avanzar en una de las tareas primordiales que se quería cambiar o modificar con respecto a administraciones anteriores, como era la de hacer que la economía venezolana fuese menos dependiente del petróleo, ya que por el contrario, la subordinación a esta dependencia y a la suerte de los precios del barril de petróleo, fue, ha sido y sigue siendo casi absoluta.

De igual manera, las empresas públicas que fueron creadas en estos últimos 15 años, han reportado pérdidas y es evidente que producen muy por debajo de su capacidad, al igual que aquellas de más vieja data, como las que engloban a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), por citar una muy emblemática, a las que no hicieron beneficiarse del período de altos precios del petróleo y otras materias primas, en las que no invirtieron los recursos financieros necesarios, en la búsqueda de exportar en mayor cantidad, para así lograr (con base en la cálidad), que nuestro hierro, acero y aluminio, generasen mayores ingresos, y gracias a ello, se diversificara un poco más nuestra economía.

Por el contrario, lamentablemente, ocurrió fue lo totalmente opuesto a ello.

De la misma manera, como por contagio de lo anteriormente reflejado, lo poco que exportaba el sector privado, principalmente ocasionado por las medidas económicas y financiera altamente restrictivas que se han diseñado a lo largo de las dos últimas gestiones gubernamentales que ha tenido Venezuela, fue disminuyendo progresivamente, y ya casi ha desaparecido, también como resultado de la sobrevaluación que ha experimentado el valor irreal de nuestra  moneda, al menos desde hace diez años (2004) cuando se implementó el férreo control de cambio, así como por los controles en los precios, por las trabas y las alcabalas que se crearon y se siguen implementando y diversificando, sobre todo al momento de buscar acceso a fuentes de divisas, todos estos hechos que por lo tanto han incidido decisivamente para  que las exportaciones no petroleras, apenas aportaran 2 mil 485 millones de dólares al cierre del tercer trimestre de 2013, esto según las últimas cifras suministrada por el Banco Central de Venezuela para ese año. Un dato que nos hace situar ante una caída del 56% respecto a ese mismo lapso de 2005, o sea, nos retrotrajo a los ingresos de 9 años atrás.

Que Dios nos tome confesados.

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Publicado por en 03/12/2014 en Espectáculo

 

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