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Dos y Siete…

10 Ago

Vista del Ávila desde el CaféEl lápiz entre los dedos, a lo lejos del café un paisaje urbano muchas veces visto y transitado, pero ahora más desgastado, tal vez por los estragos de lo que está aconteciendo, o tal vez por el natural transcurrir de los años. En la mesa un café y un papelón con limón, extraña mezcla, pero es lo que tomo en vez de un buen Ron Carúpano, o un Linaje de Santa Teresa, bebidas algo más costosas y casi imposibles de tomar a diario hoy aquí en Venezuela.

Son las dos y siete de la tarde (02:07 pm), y el día nos regala un excelente clima tropical. En mi teléfono se refleja una medición de 29 grados centígrados, subo la mirada y el sol atestigua que es cierto el dato. Tanto desandar de noche y de madrugada me había hecho casi olvidar este tipo de momentos, esos los idóneos para escribir y dejarse llevar por las letras. El bolerito y la guaracha que suenan al momento, también me invitan a ello.

¿Qué saldrá? ¿Una Crónica? ¿Un relato? ¿Un cuento? realmente no tengo remota idea, sólo hay deseos de rasgar la libreta que desde hace días me viene acompañando a donde quiera que voy.

Un chico en la calle de enfrente, que más que calle es una plaza, saca la guitarra de su protector de cuero, ha detectado unas chicas a quienes no quiere dejar de impresionar, los amigos le alientan. Un poco más allá están otros chamos desafiando abiertamente la gravedad, “Parcour” le llaman a lo que hacen. Hay quienes sentados en los diversos bancos del lugar, se entretienen con sus libros o en pláticas disimiles de la cotidianidad afanosamente continua de la humanidad.

Y es que Caracas, tu continúas, tu persistes en tu devenir de ciudad cosmopolita, así te hagan lo que te están haciendo, tu inalterable asistes con tu garbo citadino, al encuentro infinito de un día más. Allí la respuesta, si tu te mantienes, por que no yo, por qué no nosotros, por qué no tu gente, deberíamos seguir tu ejemplo estoico, tu resistencia magnífica, Santiago de León. En ese preciso instante, volteo a ver a tu guardián, a ese gendarme montañoso y verde, unos lo llaman Waraira, otros Ávila, pero en esencia el mismo que a tus pies se postra y a la vez te cuida.

Ha pasado ya un buen tiempo sin subir por sus laderas y sus senderos, las responsabilidades y el cansancio producto de lo que muchos llaman trabajo, pero que yo desde niño siempre avizoré como esclavitud encubierta, me ha impedido en cierta forma seguir con esa sana rutina de coronar ese mágico lugar, con esa la frecuencia que los libre de tiempo y corazón, teníamos hace unos meses atrás.

Me veo el jeans, los zapatos de suela dura, el saco y la corbata, vuelvo a mirar la inmensa montaña, ¿me arremango la camisa? ¿Saco en el brazo? ¿Por qué no? eso sí, primero el almuerzo, que no voy a dejar lo ya ordenado, que la comida mediterránea (bueno, ninguna comida hoy en día) no es nada asequible en términos económicos en esta, ni en ninguna otro urbe venezolana en la actualidad.

Sabio proceder, subir con el estómago lleno, para que luego la magia y la paz del imponente parque nacional me ayuden a cavilar las ideas, a tomar las decisiones trascendentales que muchos en estos momentos están dilucidando en esta la patria querida que nos vio nacer y nos cobijó hasta ahora.

Aunque difícil sea vivir por estos tiempos en tus recintos, ¿Cómo no quererte mi bella ciudad? si en tus predios vi la luz, en tus calles crecí, en tus espacios me hice el que hoy soy, con todo y mis defectos.

Caracas, en la que tres veces fui y sigo siendo padre, en la que me enamoré sempiternamente mil y millones de veces, la que me vio conseguir parte de mis logros ¿Cómo no darte una y mil oportunidades? ¿Por qué no ayudarte en estos momentos sombríos? Me parece muy injusto lo que te están haciendo, pero más injusto el hecho de que te estemos dejando tan sola y tan desguarnecida como lo estamos haciendo.

Pago, salgo de uno de tus tantos recovecos culinarios, dispuesto a que en el pulmón de tu periferia, en la cima de tus montañas, puedas decirme el secreto de como quedarse a defenderte, pero sobre todo, para vivir decentemente con algún atisbo y esperanza de una mejor calidad de vida.

Nos vemos….

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Publicado por en 10/08/2015 en Espectáculo

 

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