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“Faltan tres minutos para ir a los juegos olímpicos” la frase que nos encumbró a una Victoria Eterna.

14 Sep

Campeones FIBA Americas 2015En el chat del teléfono tenía a mis dos peruanitos como de costumbre, borrando con su constancia la distancia física que por ahora nos separa. Todavía en el paladar los recuerdos de la cena, esa con los sabores que solo mi madre puede generar, el reloj mostraba casi las 08:00 pm y yo teniendo que cumplir con mis responsabilidades.

Pero que carajos, se puede llegar algo tarde cuando está por darse uno de esos acontecimientos que en nuestra venezolanidad, poco frecuentes son, pero que cual bálsamo son en extremo necesarios para amalgamar y aliviar una nacionalidad que por estos tiempos está tan golpeada y maltrecha en su orgullo y en su devenir.

Habían transcurridos 37 minutos de disciplina y juego en conjunto. Ya desde hace un para de semanas comenzaba a retomar el interés por una selección que sin chance alguno, inusitadamente mostraba nuevo rostro, nueva conducta (una muy atípica para los genes tradicionales que históricamente nos tenían acostumbrados los jugadores de baloncesto venezolanos). Casi 40 minutos viendo desplegar una férrea defensa a 12 hombres que sabían que en lo individual y en lo técnico eran con honestidad inferiores a una selección canadiense plagada de jugadores pertenecientes al mejor baloncesto del mundo (no en balde 09 de sus 12 jugadores participan en la todopoderosa NBA estadounidense).

Así como en conjunto los venezolanos hacían despliegue de todas sus armas para frenar y mantener a raya semejante poderío, detrás de la pantalla yo apretaba dientes y aferraba uñas a lo que consiguiera, ello buscando calmar nervios y tratando de mantenerme enfocado, como de seguro muchos de Ustedes en sus casas. De repente unos instantes de desatención, 07 puntos abajo y apenas menos de un puñado de minutos para que finalizara el juego.

Más que seriedad en el rostro, era una especie de resignación y tristeza entremezclada para quien desde sus 16 años había estado a la espera de que Venezuela lograse acudir nuevamente a unos juegos olímpicos de baloncesto. A pesar de que muchos decían que ya habíamos logrado mucho, que al menos iríamos a un repechaje olímpíco, yo no quería que el Campeonato Suramericano de 1991, el Subcampeonato de Portland – Oregon (USA), y la participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, siguiesen siendo nuestros máximos logros en una especialidad deportiva en la que nuestro país ha tenido mucha mala suerte, si nos percatamos con la abundancia en la calidad de nuestros jugadores.

Era Canadá señores, país al que ya le habíamos ganado en el pasado y que tiene fama de ser muy displicente en varios deportes (eso si analizamos sus capacidades y fortalezas en diversos renglones), pero lo cierto era que por más que habíamos logrado contenerles, a un poco más de 190 segundos para el final, nos aventajaban en el marcador y con ello amenazaban seriamente con dejarnos nuevamente con nuestras ilusiones rotas.

Todo ese panorama hasta que un providencial argentino solicitó un tiempo técnico y emitió aquella legendaria frase que de seguro será recordada por muchos años por aquellos amantes del baloncesto venezolano y mundial: “SON TRES MINUTOS PARA IR A LOS JUEGOS OLÍMPICOS” palabras premonitorias de este otro “CHE” (uno más positivo y con más réditos para nosotros), figura principal no solo en la remontada histórica de ese maravilloso día, sino artífice principal de la conformación y engranaje de los hoy llamados “Conquistadores de México”, equipo prácticamente “B” que sin cinco de sus figuras principales, acudió al torneo con muy pocas expectativas y chances, no solo por lo previsto por los entendidos de este deporte, sino en la creencia de los propios expertos y fanáticos nacionales.

Y tal cual como lo avisoró Néstor “El Che” García, fueron tres minutos mágicos en los que Venezuela remontó increíblemente esos siete puntos que parecían lapidarios, empezando con aquel bombazo desde una posición imposible de Heissler Guillent, así como el extremar de la férrea defensa, esa que sólo dejó en 3 puntos a Ollynyx y compañía en lo que restó del encuentro.

Claro que para ello también pudimos contar con el sorpresivo apoyo del público mexicano que estaba presenciando el cotejo (puesto que a segunda hora su selección se medía por otro pase a la final ante la selección de Argentina) quienes ya en las postrimerías comenzaron a volcarse por ese prejuzgado como débil que estaba manteniendo a raya al coloso y favorito del torneo.

Emotivo, sinceramente emotivo escuchar ese gran apoyo y el calor que no sólo nuestros hermanos mexicanos nos dieron, sino el furor y la pasión con que los comentaristas argentinos y latinos de las diversas cadenas internacionales estaban deseando y pujando por una victoria Vinotinto. Ese viernes creo que todos los venezolanos nos hinchamos en nuestra latinidad y agradecimos eternamente el apoyo de todas nuestros hermanos en el continente, el cual quedó sellado en los gritos ensordecedores luego de que los árbitros sentenciaran aquella falta vital que inclinó la balanza.

En ese momento se nos alborotó el gentilicio, ese que a veces tenemos muy menguado por estos días, pero también ese día me sentí algo mexicano, incluso hasta algo argentino, dichoso de ser venezolano y latinoamericano, porque a pesar de nuestras falencias, de las carencias que sobrellevamos diariamente, mucho es lo que logran proezas como estas en la alegría, la autoestima y el acervo del común de la población, de una nación que necesita verdaderamente de este tipo de noticias y acontecimientos, para poder darse cuenta de su real valía, por encima de las tribulaciones económicas y políticas que nos aquejan.

Enhorabuena muchachos, han logrado una verdadera gesta, han superado a aquellos Héroes de Portland (que en honor a la verdad tenían mayor nivel y mejores posibilidades),y han conquistado, no sólo a México, sino a toda un país agradecido, así como a un continente atónito que vio a un “David Venezolano, crecerse en humildad y derrotar a un Goliat anglófono”.

Ojalá no tengan que pasar otros 23 años para volver a tener tamaña alegría.

GRACIAS VINOTINTO.

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Publicado por en 14/09/2015 en Espectáculo

 

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