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Volver al Sendero.

Dicen que uno no está totalmente vestido si no tiene una sonrisa, de igual manera los artífices del positivismo nos señalan que siempre lo mejor está todavía por venir, pero para ello creo firmemente que se debe tratar todo en este cosmos aún de mejor manera que hasta ahora, porque así siempre nos irá mucho mejor.

En ese sentido digo, y sin lugar a dudas, que será más provechoso y satisfactorio para mí dejar abierto el corazón sin reticencias, porque con ello dejo entrar lo mejor de la vida hasta el espíritu (a lo mejor de mi alma), cosas tan valiosas como los buenos pensamientos, sentimientos, sensaciones, el futuro, las esperanzas y los sueños. Actuando de esa manera, el hábito de la humildad se afianza mucho más rápido y de la mejor manera, y eso hace que ahora que vuelvo a ostentar posiciones de importancia, pueda ver claro que influir y manejar a otros te da fuerza, pero que el manejarme a mí mismo es lo que definitivamente me da el verdadero PODER que requiero.

Al respecto, esos varios días que pasé meditando en la montaña mágica de todos los caraqueños, de todos los venezolanos, me ayudaron mucho a reencontrarme con mi camino original, y me permitieron enfocar lo fundamental para volverme a acompañar y rodear de aquella gente valiosa que he conocido a lo largo de mi existencia, sobre todo de esos que conocieron y conocen de mis errores, los que en vez de apartarse, me señalaron mis fallas con amor y paciencia.

Me sirvió la calma que emana El Ávila para interiorizar que no necesito de muchos para ser feliz, sino de aquellos pocos pero que realmente son amigos y compañeros de senderos, los que te aprecian por quien eres, los que no te permiten que dejes de creer que los milagros suceden todos los días, quienes te impulsan a colocarte siempre los lentes de vida con cristales adaptados para tener un poco de imaginación y mucha constancia.

De hecho, uno de ellos me dijo una de las cosas mas inteligentes y sabias que haya podido yo escuchar e interiorizar en mi vida: “Todos somos un poco raros, y la vida en sí es rara, así que cuando encontremos a personas quienes en su rareza son compatible con nosotros, celebremos y disfrutemos con ellos, dejándonos caer en esa mutua y satisfactoria rareza”, que eso amigo mío, no pasa con frecuencia.

 
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Publicado por en 20/04/2016 en Espectáculo

 
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Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras

 
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Publicado por en 29/03/2016 en Espectáculo

 
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El Camino de los españoles

 
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Publicado por en 29/03/2016 en Espectáculo

 

A historia do velho Búzio

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Meu nome, Gustavo, eu estava sentado sem nada para fazer nas primeiras horas da manhã de terça feira, eu levo o meu livro da lingua portuguesa na mochila, mas no fundo eu vi o trabalho de Sophia de Mello que estava para começar a ler as horas de trabalho chato. Mas eu decidi avançar a sua leitura nesse momento mesmo, uma vez que igualmente tinha tempo para atualizar o meu entendimento e gestão desta bela língua que foi o meu presente de meus dias no Porto nas mãos da amiga muito hospitaleira Ana Teresa Oliveira Carvalho.

Assim sendo, me deparei com a história curta do velho Búzio, o homem pálido com uma tez escura e barba branca:

“Quando eu era pequena, passava ás vezes pela praia um velho louco e vagabundo a quem chamavam o Búzio.

O Búzio era como um monumento manuelino: tudo nele lembrava coisas marítimas. A sua barba branca e ondulada era igual a uma onda de espuma. As grossas veias azuis das suas pernas eram iguais a cabos de navio. O seu corpo parecia um mastro e o seu andar era baloiçado como o andar de um marinheiro ou de um barco. Os seus olhos, como o próprio mar, ora eram azuis, ora cinzentos, ora verdes, e às vezes mesmo os vi roxos. E trazia sempre na mão direita duas conchas (…)

O Búzio aparecia ao longe. Via-se crescer dos confins dos areais e das estradas. Primero julgava-se que fosse uma árvore ou um penedo distante. Mas, quando se aproximava, via-se que era o Búzio.

Na mão esquerda trazia um grande pau que lhe servia de bordão e era apoio nas longas caminhadas e sua defesa contra os cães raivosos das quintas. A este pau estava atado um saco de pano, dentro do qual guardava os bocados secos do pão que lhe davam e os tostões. O saco era de chita remendada e tão desbotada pelo sol que quase se tornara branca.

O Búzio chegava de dia, rodeado de luz e de vento e, dois passos à sua frente, vinha o seu cão, que era velho, esbranquiçado e sujo, com o pêlo grosso, encaracolado e comprido e o focinho preto.

E pelas ruas fora, vinha o Búzio com o sol na cara e as sombras trémulas das folhas dos plátanos nas mãos.

Parava em frente de uma porta e entoava a sua longa melopeia ritmada pelo tocar das suas castanholas de conchas.

Abria-se a porta e aparecia uma criada de avental branco que lhe estendia um pedaço de pão e lhe dizia:

Vai-te embora Búzio.”

Por Sophia de Mello Breyner Andersen

 
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Publicado por en 03/11/2015 en Espectáculo

 

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La Conmovedora Historia de Peter Norman

wpid-screenshot_2015-10-14-13-33-53-1.pngA veces las fotografías engañan. Tome esta, por ejemplo. Representa el gesto rebelde de John Carlos y Tommie Smith el día que ganaron las medallas de oro y bronce en los 200 metros de los Juegos Olímpicos de Verano de 1968 en la Ciudad de México, la cual desde luego me engañó durante mucho tiempo. Siempre vi la foto como una imagen poderosa de dos hombres negros descalzos, con sus cabezas inclinadas, sus puños negros con guantes en el aire mientras que el Himno Nacional de los Estados Unidos sonaba y, “la bandera de las estrellas ondeaba” y jugaba.

Fue un fuerte gesto simbólico, el tomar partido por los derechos civiles de los africano-americanos en Estados Unidos en un año de tragedias que incluyeron la muerte de Martin Luther King y Bobby Kennedy. Fue una foto histórica de dos hombres de color. Por esta razón nunca le presté atención al otro hombre, blanco, como yo, inmóvil en el segundo escalón del podio de medallas. Yo lo consideré como una presencia aleatoria, un extra del gran momento de Carlos y Smith, o una especie de intruso. En realidad, incluso pensé que ese tipo – que parecía ser sólo un simple inglés – representaba, en su inmovilidad helada, la voluntad para resistir el cambio que Smith y Carlos invocaban en su protesta silenciosa.

Pero yo estaba equivocado. Gracias a un viejo artículo de Gianni Mura, hoy he descubierto la verdad: que el hombre blanco en la foto es, tal vez, el tercer héroe de aquella noche de 1968. Su nombre era Peter Norman, fue un australiano que llegó a los 200 metros finales después de haber corrido un increíble 20,22 en las semifinales. Sólo los dos estadounidenses, Tommie “El Jet” Smith y John Carlos habían hecho mejor tiempo: 20.14 y 20.12, respectivamente. Parecía como si la victoria se decidiría entre los dos estadounidenses. Norman era un velocista desconocido, que parecía simplemente tener un buen par de series. John Carlos, años más tarde, dijo que se le preguntó qué pasó con el hombre blanco pequeño – de 1,80 de estatura que corría igual de rápido que él y Smith, quienes eran más alto que los 2 metros.

El momento para la fase final llegó y el forastero Peter Norman corrió la carrera de su vida, mejorando su tiempo una vez más. Terminó la carrera en 20.06, su mejor actuación, un récord australiano que sigue en pie hoy en día, 47 años después. Pero ese registro no fue suficiente, porque Tommie Smith fue realmente “El Jet”, respondiendo al récord australiano de Norman con un récord mundial. En resumen, fue una gran carrera. Pero esa carrera nunca sería tan memorable como lo que siguió a la ceremonia de entrega. No pasó mucho tiempo después de la carrera para darse cuenta de que algo grande, sin precedentes, estaba a punto de tener lugar en el podio de medallas.

Smith y Carlos decidieron que querían mostrar al mundo todo lo que su lucha por los derechos humanos parecía, y corrieron la voz entre los atletas. Norman era un hombre blanco de Australia, un país que tenía estrictas leyes del apartheid, casi tan estrictas como en Sudáfrica. Había tensión y protestas en las calles de Australia por las fuertes restricciones a la inmigración no blanca y leyes discriminatorias contra los pueblos aborígenes, algunas de las cuales consistían en adopciones forzadas de niños nativos por parte de familias blancas. Los dos estadounidenses habían preguntado a Norman si creía en los derechos humanos. Norman dijo que sí. Le preguntaron si creía en Dios, y él, que había estado en el Ejército de Salvación, dijo que creía firmemente en Dios.

“Sabíamos que lo que íbamos a hacer era mucho mayor que cualquier hazaña atlética, y él dijo:”Voy a estar con ustedes” – recuerda John Carlos – “Yo esperaba ver el miedo en los ojos de Norman, pero en lugar de eso vi el amor.” Smith y Carlos decidieron levantarse en señal de protesta en el estadio que lleva el Proyecto Olímpico para la defensa de los Derechos Humanos, un movimiento de los atletas en apoyo de la lucha por la igualdad. Ellos recibieron sus medallas descalzos, en representación de la pobreza que enfrentaban las personas de color. Ellos usarían los famosos guantes negros, un símbolo de la causa de los Panteras Negras. Pero antes de subir al podio se dieron cuenta de que sólo tenían un par de guantes negros. “Tomen uno cada uno”, sugirió Norman.

Smith y Carlos tomaron su consejo. Pero entonces Norman hizo algo más. “Yo creo en lo que ustedes creen. ¿Tienen otro de esos para mí? “, Preguntó señalando el Proyecto Olímpico para la defensa de los Derechos Humanos sobre el pecho de los demás.” De esa manera puedo mostrar mi apoyo en su causa.” Smith admitió estar asombrado, rumiando: “¿Quién es este tipo australiano blanco? Él ganó su medalla de plata, no puede él acabar de tomarla y que eso sea suficiente”. Smith respondió que no lo hizo, también porque no se le negó su placa. Sucedió que un remero estadounidense blanco como él, Paul Hoffman, activista del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos. Después de oír lo que pensaba Norman, dijo: “si un australiano blanco me va a pedir un Proyecto Olímpico para la defensa de los Derechos Humanos, por Dios, como no iba yo a tener uno!”

Hoffman no dudó: “Le di el único que tenía: el mío.” Los tres salieron al campo y se pusieron de pie en el podio: el resto es historia, conservada en el poder de la fotografía. “No podía ver lo que estaba pasando”, Norman relata, “[pero] yo hubiese sabido que había pasado por sus mentes cuando una voz en la multitud cantó el himno americano, pero luego todo se desvaneció en la nada. El estadio se quedó en silencio.”

El jefe de la delegación estadounidense prometió que estos atletas tendrían que pagar toda su vida el precio por su gesto, un gesto que pensaba no tenía nada que ver con el deporte. Smith y Carlos fueron suspendidos inmediatamente del equipo olímpico estadounidense y expulsados ​​de la Villa Olímpica, mientras que el remero Hoffman fue acusado de conspiración. Una vez en casa los dos hombres más rápidos del mundo enfrentaron repercusiones pesadas ​​e intentonas de asesinato. Pero con el tiempo, al final, demostraron que habían estado en lo cierto y se convirtieron en campeones en la lucha por los derechos humanos.

Con sus imágenes restauradas colaboraron con el equipo estadounidense de atletismo, y una estatua de ellos se erigió en la Universidad Estatal de San José. Peter Norman está ausente de esta estatua. Su ausencia del podio parece un epitafio de un héroe del que nadie se dio cuenta. Un atleta olvidado, borrado de la historia, incluso en Australia, por sus propios coterráneos. Cuatro años más tarde en los Juegos Olímpicos de Verano de 1972, que tuvieron lugar en Munich, Alemania, Norman no era parte del equipo de velocistas de Australia, a pesar de haber corrido tiempos de calificación para los 200 metros trece veces y los 100 metros en cinco oportunidades.

Norman dejó el atletismo competitivo atrás después de esta decepción, sin dejar de correr en su nivel. Regresó al amateurismo como forma de cambio-resistencia, pero de igual forma en Australia fue tratado como un extraño, su familia execrada, y con imposibilidad de encontrar trabajo. Durante un tiempo trabajó como profesor de gimnasia, sin dejar de luchar contra las desigualdades como sindicalista y ocasionalmente trabajaba en una carnicería. Por una lesión causada Norman contrajo gangrena lo que le generó problemas con la depresión y el alcoholismo.

Como John Carlos dijo: “Si estábamos recibiendo una paliza, Peter se enfrentó a todo un país y lo sufrió en paz.” Durante años Norman sólo tuvo una oportunidad de salvarse a sí mismo: fue invitado a condenar a sus compañeros atletas, John Carlos y Tommie Smith gesto a cambio del cual recibiría un indulto del ostracismo sistémico que tenían contra él. Un perdón que le habría permitido encontrar un empleo estable a través del Comité Olímpico Australiano y ser parte de la organización de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

Norman nunca se rindió y nunca condenó la elección de los dos Americanos. Él era el más grande velocista australiano en la historia y el titular de la marca de los 200 metros, sin embargo, ni siquiera fue invitado a los Juegos Olímpicos de Sydney. Fue el Comité Olímpico estadounidense, que una vez que se enteraron de la noticia pidieron que se uniera a su grupo y lo invitó a la fiesta de cumpleaños del campeón olímpico Michael Johnson, para quien Peter Norman era un modelo a seguir y un héroe.

Norman murió repentinamente de un ataque al corazón en 2006, sin que su país jamás le hubiese pedido disculpas por su tratamiento hacia él. En su funeral Tommie Smith y John Carlos, los amigos de Norman desde ese momento, en 1968, fueron sus portadores del féretro, cargándolo como un héroe. “Peter fue un soldado solitario. Él eligió conscientemente ser un chivo expiatorio en nombre de los derechos humanos. No hay nadie más que él en Australia que se deba honrar, reconocer y apreciar dijo John Carlos.”

“Él pagó el precio con su elección, explicó Tommie Smith,” No era más que un simple gesto para ayudarnos, fue su lucha. Él era un hombre blanco, un hombre australiano blanco entre dos hombres de color, de pie en el momento de la victoria, todo en nombre de la misma causa.”

Sólo en 2012 el Parlamento australiano aprobó una moción para pedir disculpas oficialmente a Peter Norman y re-escribir la historia con esta declaración: Esta casa “reconoce los extraordinarios logros deportivos del fallecido Peter Norman, quien ganó la medalla de plata en los 200 metros de velocidad corriendo en los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México en 1968, con un tiempo de 20.06 segundos, que sigue en pie como el registro de Australia.”

“Reconoce la valentía de Peter Norman en avalar un Proyecto Olímpico para la defensa de los Derechos Humanos en el podio, en solidaridad con los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, que dieron el saludo del “poder negro. Disculpas a Peter Norman por el mal hecho por Australia al no enviarlo a los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, a pesar de la clasificación en varias ocasiones; y reconoce tardíamente el poderoso papel que Peter Norman jugó en la promoción de la igualdad racial.”

Sin embargo, tal vez, las palabras que nos recuerdan lo mejor de Peter Norman son simplemente sus propias palabras al describir las razones de su gesto, en la película documental “Salute” escrito, dirigido y producido por su sobrino Matt. “No podía entender por qué un hombre negro no podía beber la misma agua de una fuente de agua, tomar el mismo autobús o ir a la misma escuela que un hombre blanco, era una injusticia social por la que no podía hacer nada de donde yo vengo, pero que sin duda odiaba. Se ha dicho que compartir mi medalla de plata con ese incidente en el estrado de la victoria le restó a mi rendimiento pero por el contrario tengo que confesar que yo estaba bastante orgulloso de ser parte de ello”.

Cuando aún hoy en día parece que la lucha por los derechos humanos y la igualdad es de nunca acabar, y se están tomando vidas inocentes, tenemos que recordar a la gente que ya han hecho auto-sacrificios, como Peter Norman, y tratar de emular su ejemplo. La igualdad y la justicia no es la lucha de una sola comunidad, es de todo el mundo. Entonces, en este mes de octubre, el que esté cerca de la ciudad de San José, en Estados Unidos, si puede vaya a visitar la estatua Olímpica del Poder Negro en el campus de la Universidad Estatal de esa ciudad, estatua que seguramente con su podio vacío, le recordará un olvidado, pero verdaderamente valiente héroe, Peter Norman.

 
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Publicado por en 14/10/2015 en Espectáculo

 

Hacia la conformación de LA TERCERA VÍA

Por considerar importante y casi obligatoria su lectura, he cedido hoy mi espacio en el blog, a este ilustrativo artículo publicado en la prensa nacional, hoy 06 de octubre de 2015.

EL CHAVISMO SALE DEL CLOSET

Orlando Viera-Blanco
martes 6 de octubre de 2015

En su ensayo titulado “Adiós al chavismo”, el escritor Roland Denis (Aporrea. 28/09/2015), da fe de un chavismo en decadencia, que “se fraguó como una apuesta subversiva que supo en su momento recoger todas las fuerzas que quedaron pendientes, luego de los grandes fracasos de las izquierdas armadas y reformistas”. Intelectuales expro-Chávez decepcionados, que hoy expresan su indignación como “un extraordinario sueño, que frente a nuestras caras se nos convirtió en una pesadilla, en una especie de maldición a la cual todas las tendencias que se dicen revolucionarias día a día le proponen una salida”. Expresiones criticas que es justo reconocer, son ellos quienes mejor plantan cara a sus no menos cáusticos camaradas.

Si una patología endémica padece Venezuela, y sobre la cual han disertado nuestros historiadores desde Miguel Acosta Saignes, Andrés Bello o Rufino Blanco Fombona hasta Vicente Lecuna, Vallenilla Lanz o Ramón José Velásquez, es el caudillismo obstinado y voraz que ha atrapado nuestro presente en su pasado, truncando toda categoría evolutiva de avance social. Revoluciones de todos los colores, que culminaron en hombres encumbrados de pecho embanderado, donde el pueblo siguió entre ternos y alpargatas, sin identidad y educación. Desde Bolívar, Boves el taita, los Castro, Falcón o Guzmán Blanco, pasando por el benemérito, Pérez Jiménez, CAP hasta Chávez, Venezuela ha sido arrastrada por esa visión castradora, del “hombre a Caballo”, del gendarme necesario, del Napoleón criollo, que nos condujo a un frenesí por el hombre de poder. Es lo que alguna vez resumimos como el “síndrome de Villa-Zolia” (“De Villa Zoila a los Panchito Mandefuás” El Universal, 30-12-2014), que no es más que la adoración por el generalote de turno a quien endosamos todas nuestras esperanzas y todas nuestras adulancias. Perverso proceso degenerativo donde triunfa la mediocridad y como apunta Pocaterra (en sus Memorias de un Venezolano de la Decadencia), conviertes al “mentecato introducido, al Panchito Mandefuá, al poeta, doctor o letrado vulgar, en un poetazo, un doctorzote, un súper letrado”, por el hecho de contar con la bendición del taita en palacio. Eso también nos cuenta dolido Roland Denis, cuando alerta que “si hay un legado de Chávez realmente oscuro, es el no haberse sacado de encima el caudillo que lo obligaron a ser para convertirse en el dirigente con disposición a utilizar el mando de Estado del sustrato gansteril…”.

Otro tema que denuncia el chavismo que “sale del closet” (dixit Aquiles Esté), es cómo una horizontalización social a juro, como esa colectivización utópica, nos condujo a una versión ladina del Estado-Bienestar, donde el socialismo no ha sido más que tomar por asalto a Pdvsa y al BCV. El propio Denis desde su óptica de hombre de izquierda, expresa su frustración por el mal uso de las riquezas del Estado venezolano, y por la falta de una visión moralista y reformista que diera realmente sentido a una legítima acción social. “Cuando no hay visión de nación, no hay colectividades profundamente morales (…) cuando ella [la nación] es simplemente una guerra que se mueve entre discursivas grandiosas de heroísmos pasados y las ansias desesperadas por tomar el control de las rentas de riqueza que deja el subsuelo sortario, entonces pueden estar seguros que la “razón revolucionaria y emancipadora” rápidamente se esfuma, como ciertamente ha pasado y con ella lo mejor del chavismo” (Ob.cit). Queda claro que para los mismos chavistas la devastación-país ha sido de tal magnitud, que cualquier desmérito del capitalismo más salvaje y liberal, ha quedado en lienzos comparado con estos 17 años de “razón revolucionaria”.

Otra escritora como Maryclen Stelling, también reflexiona sobre los desprendimientos del chavismo. En su ensayo el “Chavismo execrado” (Aporrea. 27/09/2015), lo describe como “un fenómeno relevante”, donde un pueblo sigue teniendo un sentimiento pro-Chávez, pero se siente en “otro bando” del propio Chavismo. Al decir de la autora, el chavista execrado, “conforma una categoría social de carácter disyuntiva, por cuanto la separación entre las categorías es excluyente (…) algo así como buenos y malos, elegidos y repudiados”. De tal forma que el chavismo estaría experimentando un proceso de distensiones, de lo ideológico a lo cotidiano, que hace inocultable el malestar provocado con un modelo que no sólo ha sido ineficiente en términos de productividad y prosperidad, sino insaciable en términos de probidad, transparencia y poder. Y Dennis concluye que “precisamente ese enorme vacío, ese contexto de radical improductividad con que deja tirado el chavismo este país, puede ser al mismo tiempo, el punto de partida de un nuevo brote soñador, sin caudillos ni órdenes simbólicos preestablecidos”.

A partir de la palabra dicha, queda claro que estamos en presencia de un éxodo incontenible del chavismo, que por no encontrar “otro bando”, deja abierta de forma reveladora, la tercera vía. Un pueblo nuevamente en abandono, que no hay duda, no se dejará execrar.

 
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Publicado por en 06/10/2015 en Espectáculo

 

“SEÑALES INEQUÍVOCAS DE 17 AÑOS DE ATRASO”

Comparto en buena parte este artículo de Elides Rojas, sin ser yo una persona que se vincule a una u otra facción política, pero que por parecerme muy apegado a lo sucedido, a la verdad, he querido compartir con Uds. para su análisis.

“Ya había algo malo dando vueltas por ahí cuando apareció Chávez y su grupo a tirar la intentona de golpe en 1992. Después vino otra plomazón también fracasada, fue otra gente, pero al final provino de la misma raíz, los mismos movimientos. Pero, paradójicamente, una gran mayoría del país aplaudió y respaldó los golpes dando una primera señal de distorsión, de algo torcido, de mala vista. Más adelante se instaló la rabia a la tradición, empujada por los golpistas, y el antipartidismo y la antipolítica invadieron los hemisferios cerebrales de la población. Estaba comenzando, sin que muchos lo supieran, el desmadre social de valores y de respeto institucional.

Lo que vino después es historia conocida y sufrida. Chávez se lanzó a la presidencia, luego de abandonar el discurso perdedor de la abstención, justo al darse cuenta de que iba a ganar de calle. No se dio cuenta solo, estaba ciego entre comunismo y armas. Se lo hicieron ver veteranos políticos de izquierda, dueños de medios, empresarios, otros militares, los Castro en Cuba. Todos coincidían, Chávez ganará fácil, la propia población estaba lista para acabar con AD y Copei y todo lo que oliese a viejo. Y la gente lo hizo. Muchos quisieron aprovechar, aunque hoy en día se la echen de perfectos demócratas, la oportunidad de meter gente en el gobierno y hacer lo de siempre: sacar ventajas del poder.

Pero Chávez no tenía pensado repartir nada entre los viejos oportunistas. Su plan era repartir entre su propia gente, países amigos y fuerzas de la izquierda internacional, útiles para quedarse en el poder eternamente. Hasta bancos extranjeros intervinieron en el festín.Y, luego de ganar las elecciones, comenzó la instalación de una cultura que mandó a todo el país a las catacumbas como sociedad en casi 17 años. El personalismo ligado a la necesidad de mantenerse en la silla, poco a poco cambió las instituciones y las puso en manos del nuevo monarca. Y la mayoría de la gente se convirtió como si se tratara de una religión, se era chavista hasta con hambre y haciendo colas para comprar jabón.

Más atrás de todo ello, la incivilidad y el desmadre institucional. Las señales de país perdido y sin masa cerebral, que no existen sino en naciones casi prehistóricas y comunistas, comenzaron a aparecer por todas partes. Las Gigantografías del líder muerto en aeropuertos, afiches inmensos del jefe fallecido en bancos y oficinas públicas, santuarios con velas y otros detalles, en entradas de ministerios, leyes inútiles que ni los jueces cumplen, brigadas criminales de choque al amparo del poder, sistema judicial como herramienta punitiva del gobierno, gente orinando en las calles, motorizados atacando a conductores cuando les da la gana.

Matraca y palanca para todo, manipulación y mentiras, evidente aprovechamiento de la ignorancia del pueblo para fortalecerse en el poder y acentuar la explotación de los más débiles, especialmente en educación y en lo más profundo de la cabeza y el raciocinio. Muchos dijeron que era así antes, cosa que no es tan verdad, porque Venezuela está mucho peor ahora. El desmadre social y la instalación de una sociedad incivilizada y sin leyes es el golpe que más costará reparar cuando la historia cambie, y (OJO SEÑORES) siempre cambia.

¿Cuándo? Cuando la gente sienta que ya no vive en sociedad.”

 
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Publicado por en 16/09/2015 en Espectáculo